jueves, 26 de noviembre de 2009

MONOPOLY ESPAÑA



No sé si asumirlo como la guasa de un genio loco, una ironía lamentable o, sencillamente, como un desenlace natural: los juegos tienden a reflejar la realidad social de su época.
No lo sé.
Aparte del daño que nos hacen a los padres colando demasiado pronto los anuncios de juguetes -porque cada vez es antes cuando hemos de imponer negativas, desgastarnos en dramáticas explicaciones, etc...-, los señores jugueteros, de cuando en cuando, tienen esos accesos de estupidez inexplicable que pasan inadvertidos porque, en general, llegan a un mercado rebosante de estúpidos contumaces que no se plantean más allá de lo que ven y palpan en primer plano.
El "Monopoly España" bien puede ser un ejemplo de ello. Ya estaban los "monopolys" de siempre y cumplían perfectamente su función. Cada uno, en su alarde o en su suerte, compraba la Gran Vía o el Paseo de Gracia. Sorteaba los pagos y eludía como podía la cárcel. Cada uno, como la presente realidad misma, cobraba su pensión, recibía pastizarra por su cumpleaños o se arruinaba pagando una hipoteca o un alquiler indecentes. Todo normal.

Pero alguien ha querido ir más allá. En un derroche de genialidad, el menda lerenda iluminati, ha tenido el mal gusto de idear el tablero patrio -bien por iniciativa propia, bien por política empresarial de la marca, me da igual-.
España es el paraíso de los casos de corrupción, del tráfico generalizado de influencias y el nepotismo, de las recalificaciones sospechosas e incomprensibles, de los trapicheos urbanísticos y todo eso.
En este país nuestro de mierda, apabullado por políticos insolventes y sinvergüenzas, por intermediarios y usureros, por poderosos sin escrúpulos, en este país nuestro sin futuro, lo último que se necesita es un monopoly de mesa cuando la realidad impuesta por el monopoly cotidiano de la vida ataca con una devastadora crueldad.
Pues tiene la gracia, digo, el dichoso monopoly, en las témporas. Sé que para muchos seré poco menos que un exagerado pescador y que argüirán que el juego es un simple juego, sin más peligro ni intención. Sí, es cierto. Se trata sólo de un juego, de un juego inoportuno.
No me creo que antes de sacarlo a la luz, a la venta, no hayan indagado en los subconscientes del personal, en sus sueños, sus temores, sus anhelos y opiniones íntimas (esas que ni nosotros mismos sabemos que acarreamos por la vida). No me creo que el jueguecito sea fruto de la casualidad sin más en un universo donde cada cosa que sucede, sucede por algo.


martes, 17 de noviembre de 2009

Con diez cañones por banda... o doce.


Me ha estremecido la simpática crónica, chorreante de ternura, de la pizpireta bizca Carmela Ríos sobre el pirata Abu Willy en CNN+. “Se ha adaptado muy bien a la vida en nuestro país –dice la periodista-; incluso se le ha visto con una camiseta de la selección nacional”.

Lo primero que me ha sugerido es un “pero... ¡tú eres gilipollas!”. Lo segundo, me lo callo por ese extraño pudor que nos impide a veces, a los humanos con dos dedos de frente, decir lo que pensamos.

¿Se ha adaptado bien a la vida en nuestro país? Pues que buena vida, regalada, lleva el hijo de puta. Porque, por si a alguno se le ha olvidado, es menor, sí, casi un niño; pero, un niño pirata. Un niño que no habrá dudado en apretar el gatillo de su AK o similar contra alguien que no le ha hecho nada.

Hay piratas y piratas, vale. Sin embargo, ninguno de estos hijos de puta es aquel romántico a quien nadie impuso leyes y que deja que ciegos reyes muevan feroz guerra por un palmo más de tierra.

Estos piratas piden plata y reparten plomo. No son robinjudes cuyos botines son ecualizados entre los pobres de su terruño. Con esa pasta se rearman y viven entregados a su oficio de mafia y de trata.

Y si alguno quiere discutirlo, lo discutimos.

lunes, 16 de noviembre de 2009

EL CRIMEN DE FAGO

Mientras escribo esto, está retransmitiendo CNN+ el juicio contra Mainar por la muerte del alcalde de Fago. Lo estoy viendo / oyendo y no puedo por más que sentir una terrible vergüenza ajena por cómo funciona la "justicia" en este país. Y no me refiero al hecho luctuoso que se juzga sino a la incompetencia de quienes ejercen la función legal. Se ha iniciado con la lectura de un acta o una declaración. El escrito en cuestión lo ha intentado leer una señora a la que yo recomendaría volviera a las cartillas de Palau: ¡Qué cosa más iletrada! ¿Cómo puede haber terminado una carrera universitaria alguien que no sabe leer? Pero, ahí no acaba la cosa. Oigo las preguntas de la fiscalía y no puedo del espanto ante la carencia absoluta de inteligencia en las inquisiciones; se me hace muy cuesta arriba soportar sus balbuceos, las estupidez inquietante de sus preguntas recurrentes y absurdas, sin sujeción, sin solidez, sin sentido y el baño que Mainar les está dando con sus respuestas firmes y, por momentos, desarboladoras.
Estamos en manos de intocables como estos: ¡vaya puto país de mierda!

jueves, 5 de noviembre de 2009

La estolidez sostenible

Una de las preocupaciones e inquietudes descalabradas que más y mejor se percibe en nuestros políticos es la de procurar que sus recursos de idiotez no se extingan por una mala gestión. Eso les lleva no sólo a velar por que el número de idiotas en cada uno de los dos partidos mayoritarios se mantenga en su plácido presente, sino a implementar medidas dirigidas a seleccionar meticulosamente lo que se puede extraer y lo que debe mantenerse. Lo extraíble para ser desechado es toda aquella masa cuya materia gris funciona correctamente. Esta masa es una mala yerba discrepante que produce unas esporas, contaminadas de rebeldía, de insumisión al jefe tonto, muy contagiosas y, por ende, peligrosas para el sostenimiento y la continuidad de los liderazgos.
En la otra vertiente está la masa sumisa. La sumisión incondicional de estas masas parasitarias permiten que la jefatura perdure por lo que hay que mimarlas, dejarlas crecer y replantar con ellas o sus vástagos los espacios dejados por los hierbajos díscolos.
En los estratos inferiores existe un humus que nutre a aquellas masas. Este sustrato alimenta con mayor empeño a la segunda masa afectada cuando es humus ignorante. El humus ignorante es idiota por naturaleza, por derecho y por definición y en territorios como nuestro país prolifera con una abundancia estremecedora.
Estremecedora, sí. Da miedo ver cómo apabulla la ignorancia de la mayoría de los ciudadanos de esta nación y cómo se empeñan en mantener en la privilegiada peana a la grey de tontos que nos están arruinando -si es que aún no lo han hecho- y que se ríen de nosotros con descaro, con el aplomo impertinente de quienes se saben a salvo en sus escaños porque los ignorantes y los prosélitos fanáticos seguirán votándoles.
Rajoy sólo sirve "pa'mandao", lo que le elimina como posible elemento de gobierno razonable y de Rodríguez y su megalomanía morbosa ya poco más se puede decir.
Rece, quien sepa, porque después de esta tempestad sólo los buques de gran calado quedarán a flote. Y si no ya lo veremos: al tiempo...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

EN CONSECUENCIA

Evito su extensión, no su presencia. De ahí que baste la mención, el recordatorio tajante. Finjamos que hoy, desde hoy, nos damos a una nueva etapa, a un nuevo tiempo -no renovado, nuevo- en el que ha fraguado un nuevo espíritu alentador. Finjamos que lo hacemos a través de una tácita declaración de intenciones o, mejor dicho, de valores, de rancios valores. Empecemos de nuevo, otra vez, hablando por boca de quienes ya hablaron, diciendo lo que dijeron y pensemos sus palabras, sus versos rotos por el desencanto, quebrados por el hastío y la impotencia de ver cómo su mundo se hunde. Sobrevivirá. Siempre ha sobrevivido; pero, lo ha hecho en suburbios marginales, en resistentes reductos sin fuerza suficiente para delendar la poderosa miseria y mezquindad que corroe a los hombres. Siempre ha sido así, igual, lo mismo. Nada ha cambiado salvo los nombres de los hi de puta que menean el cotarro.
No invito ni incito a la rebelión: la masa es masa, está adormecida, anulada, sometida a una hipnosis inexplicable y, probablemente, voluntaria. Mi pan, mi hembra, la fiesta en paz. No hay solución, remedio no alcanza así que mudanza.
En esta locura donde el honor y los valores languidecen en florecientes atajos, no tiene sentido predicar ni arengar.
Cada uno, a lo suyo y sálvese quién pueda.
Yo, al menos de momento, sólo quiero recomendar dos lecturas:

EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA CONTRA LAS COSTUMBRES
PRESENTES DE LOS CASTELLANOS, ESCRITA A DON GASPAR
DE GUZMÁN, CONDE DE OLIVARES, EN SU VALIMIENTO
No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.
En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.
Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa,
ni de los dos alguno fue primero.
Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser, y en que verdad de ser dejara.
La justicia de Dios es verdadera,
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios, todo ha de ser verdad entera.
Señor Excelentísimo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas:
inundación será la de mi canto.
Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.
Yace aquella virtud desaliñada,
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada.
Y aquella libertad esclarecida,
que en donde supo hallar honrada muerte,
nunca quiso tener más larga vida.
Y pródiga de l'alma, nación fuerte,
contaba, por afrentas de los años,
envejecer en brazos de la suerte.
Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del día,
reputaban los nuestros por extraños.
Nadie contaba cuánta edad vivía,
sino de qué manera: ni aun un'hora
lograba sin afán su valentía.
La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo;
edad, si mal hablada, vencedora.
El temor de la mano daba escudo
al corazón, que, en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo.
Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.
Y debajo del cielo, aquella gente,
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.
Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja, primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.
Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido.
Todas matronas, y ninguna dama:
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.
Derramado y sonoro el Oceano
era divorcio de las rubias minas
que usurparon la paz del pecho humano.
Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.
Joya fue la virtud pura y ardiente;
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se cudiciaba lo decente.
No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.
Y España, con legítimos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.
Menos fuera la pérdida y la injuria,
si se volvieran Muzas los asientos;
que esta usura es peor que aquella furia.
Caducaban las aves en los vientos,
y expiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos.
Que el vientre entonces bien diciplinado
buscó satisfación, y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.
Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.
No había venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragrante forastera.
Carnero y vaca fue principio y cabo,
Y con rojos pimientos, y ajos duros,
tan bien como el señor, comió el esclavo.
Bebió la sed los arroyuelos puros;
de pués mostraron del carchesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.
El rostro macilento, el cuerpo flaco
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.
Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos bacchanales,
y al holandés, hereje y alevoso.
Pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy, de muchos modos,
somos copias, si son originales.
Las descendencias gastan muchos godos,
todos blasonan, nadie los imita:
y no son sucesores, sino apodos.
Vino el betún precioso que vomita
la ballena, o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita.
Y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas, pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.
Estaban las hazañas mal vestidas,
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas.
A la seda pomposa siciliana,
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera y tirana.
Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el Can por el verano.
Hoy desprecia el honor al que trabaja,
y entonces fue el trabajo ejecutoria,
y el vicio gradüó la gente baja.
Pretende el alentado joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.
Un animal a la labor nacido,
y símbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz, y fue vestido;
que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales,
¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?
¡Qué cosa es ver un infanzón de España
abreviado en la silla a la jineta,
y gastar un caballo en una caña!
Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición apruebo;
mas no la edad madura y la perfeta.
Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones; no en la frente
del útil bruto l'asta del acebo.
El trompeta le llame diligente,
dando fuerza de ley el viento vano,
y al son esté el ejército obediente.
¡Con cuánta majestad llena la mano
la pica, y el mosquete carga el hombro,
del que se atreve a ser buen castellano!
Con asco, entre las otras gentes, nombro
al que de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar, que dar asombro.
Jineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos,
y hagan paces las capas con el toro.
Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que sólo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.
Vos, que hacéis repetir siglo pasado,
con desembarazarnos las personas
y sacar a los miembros de cuidado;
vos distes libertad con las valonas,
para que sean corteses las cabezas,
desnudando el enfado a las coronas.
Y pues vos enmendastes las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.
Que la cortés estrella, que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que a la invidia desatina,
tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.
Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorïoso,
mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre, a su pesar, campos serenos.
Lograd, señor, edad tan venturosa;
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,
la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza:
descansen tela falsa y tela fina.
Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.
El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.
Mandadlo así, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo;
pues valdrá por ejércitos el miedo,
y os verá el cielo administrar su rayo.


A Mis Soledades Voy

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.
Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.
La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.
O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.
«Sólo sé que no sé nada»,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.
No me precio de entendido,
de desdichado me precio;
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?
No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.
Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.
Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.
En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los estraños,
y la de cobre los nuestros.
¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?
Todos andan bien vestidos,
y quéjanse de los precios,
de medio arriba romanos,
de medio abajo romeros.
Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento;
y algunos, inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.
Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.
Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento,
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.
Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.
¡Oh, bien haya quien los hizo!
Porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños.
Fea pintan a la envidia;
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.
Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir,
piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones ni pleitos;
ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién, ni Pascuas dieron.
Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

Félix Lope de Vega Carpio.

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