viernes, 14 de agosto de 2009

En mantillas y... en bragas.


Aquí mi prima, la miembra más descollante del Gobierno, no ha perdido lengua al afirmar -según un titular de ABC- que "la nueva ley estrella está muy incipiente".
Ya estamos acostumbrados a los alardes lingüísticos de nuestros políticos, así que no nos sorprende que vindique el estrellato para dicha ley como no debe hacerlo el que para ella, para la señora Vicepresidente/a, en su espléndido español, "esté muy incipiente" o, lo que es lo mismo, "esté muy que empieza".
El Español da para mucho, bien es verdad; pero, no se puede estirar tanto.
Lo que trasluce tan magnífica composición gramatical es, simple y llanamente, una ignorancia supina, mayúscula. En su recipiente mental, la Vicepresidente/a, habrá considerado que uno de los atributos de su poder omnímodo es el crear una nueva lengua partiendo de la vernácula. Habrá considerado, sin duda, que añadiendo un excipiente adverbial y superlativo, redundaba la idea maravillosa de una cualidad. Pero, se ha pasado dos fronteras, la de Argamasilla y la de Portugal, porque lo que ha expuesto con nitidez abrumadora es su ignorancia pedantesca y la nula preocupación por dar esplendor, como "carga pública", a nuestro idioma. Hubiera sido mucho más sencillo afirmar que la nueva ley, estrellada o no, "estaba, aún, en mantillas". Pero, estos políticos tan cultos son así.

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