martes, 1 de septiembre de 2009

Apretarse el cinturón... al cuello

Para este Gobierno, casi todo es una cuestión de interpretación, de mala interpretación.
Hace ya mucho tiempo, tras una farragosa explicación, alguien afirmó: "No. No me entiendes". A lo que hubo el otro de responder: "Sí; pero no es que yo no te entienda, es que tú no te explicas".
Si para desentrañar una frase que contiene un concepto o una idea simple necesitamos un trujamán, mal vamos.

Ahora, con lo de la subida "temporal" de los impuestos -que ahora serán para las rentas más altas- lo que queda claro, un poco más si cabe, es que el gabinete del señor Rodríguez Zetapeta es un cónclave de improvisadores. Y queda también, meridianamente, claro que el pueblo español es un conglomerado de seres incapaces de la autocrítica y conformistas por demás.
Si alguno de esos individuos tuviera a bien comprobar cuánto y cuántas veces ha subido la luz en los dos últimos años, o la gasolina, o el tabaco y así sucesivamente, verificaría que los incrementos son continuos y éso, querámoslo o no, son impuestos.
El apogeo de la estupidez viene, no obstante, no en el irreconocimiento de sus errores o de sus limitaciones. No. El clímax lo alcanzan cuando acusan al resto de mortales paisanos que no comulgaban con su descabellada imposición de "insolidarios".

Yo no sé -tampoco me importa- si el señor Rajuá y el resto de prosélitos y acólitos del Pepé son o no insolidarios.
Insolidario es aquel que, lógicamente, no es solidario, no se consolida con una acción, con una opinión. Así, cualquier discrepancia de su "unimente" es insolidaria.
Es peligroso trazar una pauta de comprensión sin un diccionario español-político, político-español. Aun así, hay que intentarlo.

Veamos. Las rentas más elevadas deben arrimar el hombro en estos momentos cruciales para intentar no perdernos definitivamente en el abismo. Bien; pero, yo estaba convencido de que eso ya estaba establecido en nuestro sistema de tributación y, por lo que veo, o era un sistema deficiente o en su tramoya hay más trampa que cartón... o ambas cosas a la par.
Más. España no es un paraíso fiscal; pero, "como si lo seriese". La cantidad de dinero negro que, si se quiere, se puede hacer aflorar es impresionante y ya, de paso, a todos los que están metidos en ese revuelto, darles un bonito juego de grilletes. Es de dominio público y si alguien no lo sabe, o es tonto o es de otro planeta.
Y más. Estamos en crisis y se ayuda a la banca. Bien, ¿a qué banca y por qué? ¿Por qué yo, como contribuyente, he de responsabilizarme de la mala gestión de los agentes bancarios? ¿De unas entidades que siguen obteniendo beneficios y que siguen reclamando las cantidades que por sus contratos de usura se les deben y que los ciudadanos, la mayoría, mal que bien, continúan abonando religiosamente? Pues a esas entidades y corporaciones es a las que hay que someter, no ya a una vigilancia exhaustiva y a mecanismos depurativos severos, que también, a un régimen de cooperación con la sociedad mucho más generoso. Y, desde luego, del mal causado que se haga cargo su hacedor.
Y mucho más. El movimiento, ya lo dijo el señor Aristotételes, se demuestra andando. El procedimiento ejemplar siempre debe empezar por uno mismo. En este caso, por los políticos y sus muchas y pingües rentas fruto de una situación esperpéntica. Tienen, a ver si son capaces, que ajustar y reducir sus opulentos privilegios y hacer lo que predican. Y una vez hecho esto, coger a la mitad de los funcionarios de este país y ponerlos de patitas en la calle por varias razones: ineficiencia, holgazanería y porque hay demasiados que están viviendo/cobrando de los impuestos de los demás y, encima, manteniendo un puesto de trabajo inconcebiblemente de por vida mientras que sus pagadores están siempre con el alma en vilo. Es una saturación insoportable para cualquier estado. Luego, ya entrados en harina, cambiar el cómodo esquema sindical, ahito de liberados improductivos, y sugerir otro que refleje la realidad: la inmensa mayoría de los trabajadores no están sindicados y el más representativo no copa más que un porcentaje insignificante de obreros. Traducido: su legitimidad negociadora es relativa y sus decisiones y acuerdos, discutibles.
Estas claves elementales de economía doméstica son coherentes y perfectamente aplicables al estado general de nuestra situación nacional: reducir gastos superfluos, recabar el dinero perdido bajo los muebles y el que está escondido en el colchón, usar el transporte público, hacer nosotros mismos las gestiones en vez de ir a la gestoría... En fin, aplicar una política de austeridad y contención, un esfuerzo, que repercuta en la mejoría general y permita mantener a los chicos la paga de los domingos porque ellos no tienen la culpa de nuestros despilfarros ni de nuestra mala cabeza.
Queremos ser un país moderno, en vanguardia: nunca lo conseguiremos. Nuestro carácter egoísta, pícaro y subsidiario lo impide.
Pondré un ejemplo ilustrativo para aquellos capaces de leer entre líneas:
Hace años me llegó un correo admirable.
Un joven argentino se fue a trabajar a Suecia. Una vez instalado en su casa, la víspera de debutar en su nuevo empleo, le visitó un vecino -enterado de la proximidad de un nuevo compañero- para ofrecerle un asiento en su coche: "somos varios y cada semana lleva uno el coche; si quieres, mañana te recogemos a..."
Al pibe le pareció bien. Al día siguiente fueron a la fábrica. Llegaban con tiempo de sobra. El aparcamiento de la factoría estaba casi vacío. Entonces el conductor -como hacía habitualmente- llevó el coche al lugar más apartado de la puerta de entrada a la nave y lo aparcó junto a otro.
El chaval argentino, sorprendido, le preguntó por qué teniendo sitio cerca de la puerta lo dejaba tan lejos y justo al lado de otro habiendo tantas plazas disponibles.
El sueco le respondió: "Nosotros venimos con tiempo suficiente para ir andando hasta el trabajo. Si aparcamos allí permitimos que quienes llegan tarde puedan dejar su coche cerca y evitar retrasos; y dejándolo junto al otro evitamos intercalar espacios que luego la gente tiene que buscar".
Parece una digresión incoherente; pero, quién quiera entender, que entienda.
Eso es to... eso es to... eso es todo, amigos.

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