jueves, 3 de septiembre de 2009

Los falsos librepensadores


Dicen que un tal Jesús entró en un templo infamado por mercaderes y que al ver tamaña blasfemia, asió un látigo -o lo que fuese- y se dió a repartir trallazos hasta que los echó del sacro recinto.
Algo así debería hacerse con todos aquellos, demasiados, que se cuelgan el marbete de "librepensador" y presumen de ello en el utópico templo de la Libertad.
En la crepitante confusión de algunos raciocinios, hay quienes abundan en la desprestigiosa idea de que ser librepensador es, poco menos, ya una virtud innata, ya una cualidad inherente al hecho de pertenecer a un determinado partido o a una opción. Y nada más lejos. El acto de acatar -sin ápice de intención crítica- sumisamente un ideario concreto, una doctrina política determinada, es en sí mismo un rechazo frontal al librepensamiento. Más cuando las directrices marcadas por el grupo hegemónico o por la jefatura, son asumidas ciegamente y seguidas a rajatabla sin disensión alguna.
Soy consciente de que el término "librepensador" queda muy bonito en el currículo, le da enjundia y cierto prestigio social en algunos circuitos; sin embargo, como siempre, una cosa es lo que se dice que se es y otra, diametralmente opuesta, lo que se es.
Esta actitud desemboca, inevitablemente, en la desvirtualización del concepto. Lo desnaturaliza, lo ofende y, por fin, lo hunde en la oscuridad.
No hay solución, lo sé. Es como el tipo adscrito a una asociación de escritores (una estupidez humana más: crear una asociación de escritores) y que no habiendo puesto jamás una letra detrás de otra se arroga la vanidad sin talento ni oficio.
Ayer, huroneando en la red en busca de blogs con algún interés, topé con uno de esos alardes.
Leí un poco. Accedí al perfil del autor. Pensé.
El "presunto" se da a la soberbia y al engreimiento de tal y obtusa manera que estremece. Es, según él, de oficios "creador de opinión" y "periodismo ciudadano" (la concordancia ya dice mucho del caletre de este atabal mesócrata). Y describe sus "intereses" así de campante: "Desde la racionalidad quiero (estremecedora e irritante primera persona) defender (¡menudo paladín!) la libertad de expresión y la pluralidad de ideas (¡no!: la imposición de su idea; porque leo en su blog una obsesión compulsiva permanente contra cierto partido de derechas). Para ello -continúa- trabajo en la alfabetización digital del movimiento asociativo vecinaljoder, qué bonito es eso!, ¿no?-. La "alfabetización digital", ¡nada más y nada menos! Si queremos decidir -remata con indeleble gloria- tenemos que participar".
Huelgan las palabras para definir a este elemento.
Sólo espero que su partido le recompense el esfuerzo y la dedicación. Pero, por favor, que se sacuda la medalla de librepensador porque como no tenga cuidado terminará clavándosela en el pecho y haciéndose pupa con ella. Algunas cosas a algunas personas, les vienen demasiado grandes.

Racistas y contundentes

Hoy saltaba la noticia bien aliñada con suculentas imágenes.
Un montón de "pies planos" malos, muy malos, le daban un chaparrón de hostias a un pobre senegalés (negro, claro) antes de detenerlo.
El pobrecito senegalés iba tranquilamente por la calle sin meterse con nadie. Sólo llevaba un inofensivo destornillador -que terminó clavado en ocho "pies planos"- con el que iba gastando bromas a los coches a los que dejaba, de lado a lado, un rayoncito muy decorativo y sin importancia.
Algún vecino, injustificadamente alarmado y muy maluto también (seguro) y muy racista, da aviso a la poli.

Llegan los efectivos que, enérgicamente, le piden la documentación al africano "de color" (de color negro -que ya está bien de tanta gilipollez políticamente correcta-) quien amablemente, como se ve en las imágenes, y lejos de provocar un altercado, les responde tirando de destornillador y repartiendo mamporros a diestro y siniestro, porque él es muy bueno, es negro, es ilegal y no hace cosas malas.
La gente, que ya se arremolina en derredor de la bronca, sin saber de qué cojones va la vaina, empieza a increpar a los polis y a defender al que "creyeron" (¡creyeron!, nadie le conocía, nadie comprobó, todos se metieron en el ajo sin saber en qué estaban interfiriendo) un pobrecito mantero que se gana la vida vendiendo cedés del Ramoncín y de Miguel de Molina.
Somos así: altruístas, dadivosos, quijotescos...
¡Qué vecindario ejemplar y valiente! ¡Qué arrojo y solidaridad!
Es conmovedor aunque, no sé, hay algo que me intriga con independencia de que el tipo senegalés en cuestión fuera o no un delincuente o estuviera cometiendo un acto vascálico. Me pregunto, si el "mantero" -con confusión o no- hubiese sido un chico blanco, de cualquier arrabal urbano -no quiero citar por no ofender-, ¿lo habrían defendido con tanto ímpetu y ardor guerrero?
Yo creo que no. Yo creo que ese hatajo de subnormales que intervienen donde no les llaman sin saber por qué lo hacen y que se consideran más progres y antirracistas que los demás por un extraño complejo no superado, no habrían movido un sólo dedo... Pero, hay que aparentar lo que no se es y, si se puede, excomulgar al Papa por hereje.

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El universo cuántico

Demasiados secretos

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