sábado, 13 de febrero de 2010

Sabiduría y humildad

No. No es cierto que los más inteligentes sean los más humildes. El hecho de ser muy inteligente no implica, necesariamente y por defecto, carecer de vanidad, de arrogancia y de un desmedido afán de protagonismo, de escaparate. Conozco personas así, muy inteligentes, que no sólo lucen una hipocresía pertinaz sino que, además, están convencidos de que los demás somos sus satélites, que gravitamos en torno a ellos y a su inefable luz divina.
Esta gente, claro, suele rodearse de fieles acólitos en permanente disposición de halago; devotos que nunca les contradirán, que nunca ensombrecerán sus excelsas presencias.
Bien, pues no me gustan. Esos tipos no me gustan.
Me caen bien esos otros, que también los hay, que son mucho más inteligentes y avanzan en silencio por la vida limitándose a ayudar sin pompa ni circunstancia; esos otros que son mucho más inteligentes y callan generosamente ante las estupideces de los ignorantes; esos otros que soportan estoicamente la presencia de los primeros con una sonrisa y atención beatíficas como si fueran ellos quienes están aprendiendo algo.
Sí, me gustan más esos muy inteligentes que no se desbordan en presunciones ni en EGOICIDADES. Esos que cuando volvemos el rostro vemos recogiendo las hierbas que arrojamos... Aunque ya quedan pocos.

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