martes, 16 de febrero de 2010

Espejismos

Estoy plenamente convencido de que todo sucede, o no, por algo y que somos como somos -y no de otra manera- también por algo. Estamos condicionados de antemano, predeterminados, predispuestos. Somos, queramos o no, engranajes inevitables, eslabones necesarios.
En esa mediocre utilidad radica, posiblemente, nuestra deleznable importancia, nuestra frágil existencia. Cada golpe, cada beso, cada enfado, cada caída, cada quemazón, cada ímpetu tiene un porqué.
Todo está relacionado, todos estamos relacionados: Bill Gates es el hombre más rico del mundo porque Lennin padeció el rigor de la sífilis. ¿Incoherente, absurdo, descabellado, incongruente? Tal vez. Un hombre pierde un zahir el jueves por la tarde y el viernes por la mañana otro encuentra, en el mismo lugar, tras la lluvia torrencial de la noche, una bolsa con treinta monedas de plata. Un mago revela sus trucos y un hedonista sufre una apoplejía; una silla se rompe, una paloma se asusta y levanta el vuelo, en la agitación deja caer una pluma con la que un hombre, oscuro, solitario, escribe una palabra falsamente azarosa, increíblemente espontánea, y enfatizada que desenmascara a un impostor.
Acción reacción, causa efecto.
O no: Ninguna persona llamada Pascual ganará nunca Eurovisión.

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