lunes, 4 de octubre de 2010

Y, hablando de Quevedo...

Al ser más repugnante que he conocido en mi vida.
No podrás, por más que al infierno apeles,
estorbar la memoria de mis hilos.
Ni podrá el corte fiero de tus filos
segar mi nombre de sus pechos fieles.

Disparar podrás tus pálpitos crueles
y cebar con regalos tus engaños;
pero, sábete, ruin, que de esos daños
cuanto más es tu encono, menos dueles.

Es a ti a quien reserva el cielo adusto
su rayo inevitable y justiciero
y mortaja será, sea o no tu gusto,

el mal que sembraste en tu triste andanza.
Si no hay Dios si habrá un ángel poderoso
que cobre, diligente, su venganza.

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