domingo, 18 de diciembre de 2011

Los sueños

El sol ha descubierto un tupido manto de escarcha y yo, sereno, me he despertado con las imágenes del sueño colgando, recordándolas.
El juego onírico no me ha dejado más que retales de caras antiguas y acciones imposibles sucediéndose en un lugar brumoso e incierto. No tienen sentido lamentable; no tienen interpretación. Han sido sólo éso: rostros amontonados y quizá, más que un anhelo, un homenaje a quienes ya no volveré a ver.
Entonces he vuelto a saber que en su polisemia, unos sueños y otros nada más tienen en común. Establece la diferencia más importante entre unos y otros la voluntad de soñarlos, la violencia del anhelo voluntario del sueño en la vigilia frente a la languidez involuntaria del sueño en el desahogo durmiente; la codicia consciente frente a la ilusión, a la ficción impuesta por la inconsciencia.
Sí, porque he soñado esos rostros; pero, no sueño con volver a verlos.
De ahí, de esa conclusión, a la decepción había un paso.
De vuelta al mundo de ojos abiertos, ¿soñamos con ovejas eléctricas? Claro que no. Hasta para eso somos prosaicos y mezquinos. Nuestros deseos, nuestras metas, se dirigen a la consecución de falsas satisfacciones o, si no falsas, sí copadas de mediocridad. Porque no deseamos aventuras ininterruptas, alas, poderes mágicos o conocer el terrible y peligroso fondo abisal. Queremos ceñirnos ínfulas de laurel (en el mejor de los casos), una moto, pagar la casa y seguir viviendo al despiste, continuar sin más inquietud que ver pasar los días hasta que nos llegue el postrero. ¿Qué tenemos? ¿Qué hemos conseguido? ¿En esos "sueños" se sustenta nuestra felicidad y ese pintoresco "sentirnos realizados"? Es nuestra secuencia vital: nacer, crecer, trabajar en lo mismo durante toda la vida y morir mientras quedamos un día con los amigos, compramos el periódico los domingos y fiestas de guardar o nos hacemos un estirado de cara. Queremos una cota de libertad que nunca vamos a usar. Somos cabestros nacidos para la monotonía. No sabemos soñar porque no sabemos vivir sin normas. No queremos soñar de verdad; queremos, únicamente, vivir sin el sobresalto de los sueños y anclados a una realidad en la que denostamos al soñador, al intrépido que osa a saltarse el rigor de lo patético cotidiano.
Quedan pocos días para que la pregunta unánime sea "¿qué va a hacer usted con el dinero del premio?" y para que la respuesta, también unánime, sea "tapar agujeros"...

martes, 13 de diciembre de 2011

Hoy, martes y trece

Confieso que vivo mejor, más cómodo, sin la superstición. No sin una concreta, sino en la ausencia absoluta de todas.
Alguna vez, borracho por alguno de esos peculiares e inexplicables impulsos intelectuales -de falsa intelectualidad, evidentemente- estuve tentado de hacer una recopilación de supercherías y buscarles un origen y, quizá (no estoy seguro), una explicación razonable o posible.
Nunca llegué a ceder a la tentación y lo dejé rodar a su aire sin permitir que interfiriera en el mío. Sí es cierto que inventar una pamema supersticiosa y que cale, que cunda, es fácil: yo lo he hecho sólo por el placer perverso de ver reacciones, de provocar de alguna manera esas estúpidas conmociones en los cretinos creyentes.




Ahora, pensando algunas, me salen a bote pronto la de cruzarse con un gato negro, pasar por debajo de una escalera, la de hoy (que en el mundo anglosajón sufre la mutación venérea), y un montón de ellas más inventadas al vuelo por la proliferación de sacacuartos cartomantes, astromantes (no sé por qué se les concede el rango de "astrólogos") y otros zascandiles del mismo pelaje. Esos jetas dedicados a pulirles los bolsillos a los imbéciles que se creen a pie juntillas cuantas sandeces les sueltan por un sustancioso fajo de billetes; insensatos que, además de pedir por escrito y con el correspondiente recibo la tontería en cuestión para reclamar después, harían mejor en meditar en por qué copular a la luz lunar no cura los callos... ¡Pero qué bien te deja!
Sé que es inevitable. El hombre (en general) necesita ser supersticioso porque es supersticioso por naturaleza. Son cuestiones de necesidad primaria, primitiva; la necesidad residual de confirmar que todo va a mejorar. A mejorar o, si no a mejorar, si para tratar de controlar ciertas cosas y que la vida, al menos, no empeore con años de mala suerte añadida por haber roto un espejo, por ejemplo.
Yo he desechado voluntariamente la superstición de mi vida y en todo este tiempo no he notado que un día señalado por los malos agüeros haya empeorado más la precariedad de que disfruto. Hoy, sin ir más lejos, siendo martes y trece he recibido una pequeña pero buena noticia. Habituado como estoy a no tener otra cosa que desgracias, me inclino a pensar que en caso de que hubiera un poder adverso en todo ese tinglado, a mi me es favorable...

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Y Dios?

Para quienes nos pasamos buena parte de la vida intentando aprender algo y comprender un poco este mundo, el concepto "Dios" resulta de lo más desconcertante.
Creer en Él o no creer es, al final, una cuestión de fe, de la misma fe dogmática presentada en sus dos polos opuestos. Es así porque si bien no tenemos pruebas tangibles y verificables de la existencia de Dios, no es menos cierto que tampoco tenemos forma de demostrar lo contrario: creer en la existencia de los biripichos gamusefos alípodos no significa que sean, que existan, ni el no haberlos visto significa que no estén ahí, agazapados en alguna parte del cosmos.
Lo razonable (y lógico) en un universo infinito es pensar que todo se da, todo está, y además infinitamente e infinitas veces y en todos los momentos. Incluso aquello que el hombre aún no ha podido conceptuar o definir, ni siquiera sospechar.
Sorprende que tanto los defensores de la existencia divina como sus detractores aportan las mismas pruebas para sostener sus teorías. Nuestro menino mundo (este planeta llamado Tierra) es menos que una mota de polvo en el todo de ahí afuera. De hecho, cualquiera mota de polvo de las que cubran nuestros anaqueles es extraordinariamente más grande y consistente -en la proporción, claro- de lo que es este terruño en la inmensidad cósmica. Infinitamente más grande.
Para apoyar cada creencia, surgen preguntas que, supuestamente, contienen la respuesta en sí mismas. Preguntas que alimentan el debate hasta que desembocan en la pregunta crucial, en la pregunta madre: ¿Quién hizo a Dios?
Con la aseidad hemos dado. Aquí el desconcierto puede proclamarse como inquietud porque dependiendo de la argumentación se entra en bucle eterno, en un eterno retorno enloquecedor. Si Dios se hizo a sí mismo, ¿qué le impide al hombre haber evolucionado hasta aquí gracias al simple empuje natural? Si Dios necesitó otro Dios...
En el embrollo no dejarán de mediar e intervenir conceptos como "inteligencia", "lenguaje", "alma", etcétera, que lo único que hacen es enredar más la madeja.
Al final todos nos movemos por sospechas sin confirmar o por el deseo vehemente de que en la creencia -una u otra- esté la explicación a nuestra visión de las cosas y de cada por qué incomprensible.
Yo no sé si existe Dios o no. Pero, sí tengo cada día que pasa más clara una cosa: a medida que se hacen descubrimientos, que avanza la ciencia, que el hombre desarrolla nuevos proyectos tecnológicos (véase la informática, por ejemplo), estoy más convencido de que el hombre no lo ha hecho solo.
A veces (sé que es descabellado, pero lo he pensado seriamente y no como argumento de un relato de ciencia ficción), me he planteado si el hombre no es más que un ordenador "sofisticado" dominado por un programador que le reprograma, pasa el antivirus, modifica, usa, instala o desinstala a voluntad... Y puede que en mi insensata y disparatada idea, no vaya muy desatinado... Sobre todo porque, quizá, lo que falla no es la existencia o inexistencia de Dios, sino nuestra mediocridad al conceptuar y definir algunas cosas...

lunes, 21 de noviembre de 2011

De este árbol caído...

... Yo sí creo que hay que hacer leña. Y mucha. No sólo porque este impostor nos haya hurtado la dignidad además de los fondos, sino porque el precedente que sienta es demasiado peligroso para dejarlo en la más completa impunidad. José Luis Rodríguez Zapatero merece algo más contundente que la negación del saludo cuando pasee por la calle o el certero y vengativo escupitajo de un camarero en el café de los ochenta aproximadamente. Este sinvergüenza merece un procesamiento en regla y que caiga sobre él todo el peso de las tablas de la ley (deseo, claro, que extiendo a sus apóstoles). No merece él un escarmiento ejemplar, no: nosotros, la ciudadanía, merecemos el acto de justicia que supone verlo enrejado y hundida su familia en la misma idéntica miseria en la que él ha dejado a millones de familias mientras regalaba un dinero precioso a la Asociación de amigos de Al-Qaeda o para el Estudio de la viabilidad de la cría del salmonete en las dunas del Sáhara. Éste cobarde mentiroso se va a ir con la misma arrogancia con la que llegó y convencido, en su megalomanía, de que los demás seguimos equivocados; se va a ir con la misma sonrisa estúpida con la que millones de incautos se dejaron camelar.
Ahí empezaría la verdadera reforma y la verdadera regeneración democrática. No dejarlo en un linchamiento moral y en una reseña histórica deplorable.
Pero, evidentemente, Rajoy no alentará nada parecido a la justicia en el asunto Zetapé por si acaso, por si algún día le toca a él mismo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Mi cambio, mi lucha.

Supongo que son etapas, fases -como las lunares-, que todos sufrimos y superamos, inevitables y necesarias. El caso es que, de repente, en un momento tan determinado en el tiempo como impreciso para nosotros, algo se nos rompe por dentro a modo de parto inverso y nos cambia. Quizá esa metamorfosis haya sido progresiva y por eso sólo la percibamos en el momento justo en que ha terminado de fraguarse y cuando la mutación ya es irreversible. Quizá llevemos instalado, ignorantes de ello, un mecanismo de defensa para evitar modificar ese cambio imprescindible para nuestra propia evolución. Sea como fuere, hoy la confluencia de circunstancias me ha revelado uno de esos cambios indoloros que experimentamos y que he recibido con agrado. Sí, con agrado. Puede que porque en el fondo ya lo llevara enquistado desde tiempo atrás (¿desde siempre?) o porque lo anhelara con la vehemencia con que se desea lo inalcanzable.
Se hace el cambio como se hizo la luz y los corsés -algunos, al menos- se rompen y dejan de constreñir y asfixiar. Se opera la transformación y cambia la perspectiva de todo cuanto nos rodea y nos influye. La sangre sigue ardiendo, el ímpetu sigue irreductible; pero, el valor es más sereno, más predispuesto a no desperdiciarse en una salva, y el dolor... El dolor pasa a ser una simple cuestión de oportunidad y tiempo; se asume, se anula hasta donde es posible y se soporta bajo la certeza de que el cansancio es un espejismo, que no importan las derrotas pues lo importante es combatir porque no son las heridas las que matan, sino la rendición.
Vuelven, entonces, viejas y desvaídas consignas despreciadas y se comprende su utilidad. Vuelven, para adherirse al pecho como coseletes invulnerables, antiguos alientos y antiguas armas que creí orinadas e inútiles. Vuelven para ayudarme a sobrevivir en el mundo que acabo de descubrir; un mundo que, ahora lo sé, puedo perder sin remordimiento por innecesario; un mundo en el que ganar o perder carece de importancia. Vuelven para diluir cualquier residuo de miedo que quedara.
He cambiado yo, ha cambiado todo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

¡Qué malo soy!

Nunca dejará de soprenderme la estupidez humana. Yo me incluyo. Me incluyo más por un prurito solidario que por pertenecer a un grupo en donde, si bien no debo en buena ley incluir a toda la humanidad -sería injusto y excesivo- si debo generalizar por la cantidad abrumadora de seres pertenecientes a ese conjunto.
Todo esto viene por la costumbre, fea, de las personas de catalogar como malos (de ahí para arriba) a todos aquellos que no nos permiten salirnos con la nuestra, a todos aquellos que nos hacen frente y se defienden de nuestros abusos: lo normal siempre es que cada uno imponga su santa voluntad y el resto lo asuma en silencio porque si no...
Aunque me he incluido en la generalización, pertenezco a este segundo grupo; al que hace frente y se defiende -como gato panza arriba- de los atropellos a que estoy sometido a diario. Y me defiendo como puedo porque es muy difícil no desmoralizarse y mantenerse en la liza cuando aquella misma estupidez tiene poder, un poder excesivo e intocable, y lo detenta (no sustenta ni ostenta, detenta) de manera irracional y fuera de cualquiera margen de la lógica y del sentido común.
Habría mucho qué decir del juego y la importancia, del papel, que la opinión social (pública) tiene en todo este entramado de consecuencias descabelladas y mucho qué decir, también, de cómo grupos interesados manipulan hasta la saciedad tergiversando y fraguando hasta consolidar ideas perversas tan alejadas de la realidad auténtica como próximas a la abyección.
Es, por dejarlo reflejado de una forma gráfica y sencilla, el ladrón ( iba a escribir "político", pero me he arrepentido porque ladrón engloba, también, a exesposas; por ejemplo) que se queja amargamente de que no le dejan robar a gusto. A buen entendedor...
Si esto lo trasladamos a otros aspectos de la vida cotidiana ( a los mentirosos que se les reprocha sus mentiras, a la divorciada que usa a los hijos como salvoconducto y arma arrojadiza, al etarra que quiere irse de rositas pasando por la casilla de salida...) tendremos que quienes más tratan de condicionar son, precisamente, todos aquellos que en su esencia más íntima son unos sinvergüenzas de tomo y lomo.
Aquellas asociaciones, por ejemplo, de señoras divorciadas y alarmantes que han extendido la especie (difícil de depurar), y que tanto ha calado, que la propia legislación y la interpretación les favorece hasta cuando comenten los mayores abusos; la especie, digo, de que ellas son las buenas por ser las mamás y que todo lo que sea padre es malo; que han cimentado el falso concepto de que los hijos están mejor con ellas que con los padres, etcétera. Aquellos políticos, por ejemplo, que se llenan la boca de dignidad pero se niegan a abandonar la política porque tienen en ella un chollo morrocotudo. Y así, sucesivamente...
Años estuvo el hermano de un amigo (Juanjo), denunciando la precariedad a que estaban sometidos sus hijos por una madre desnaturalizada -que las hay y más de las que suponemos- y solicitando lo que la ley y los jueces le negaban sistemáticamente una y otra vez. Los de Asuntos Sociales emitían informes favorables de la madre y del trato recibido por los hijos (cohibidos) porque, claro, llamaban una semana antes para concertar la cita. No, no se presentaban de improviso, no: concertaban la visita. Algo así como si la policía telefoneara al atracador para decirle que en una hora y media, aproximadamente, pasarían por el banco a detenerle. Unos años más tarde, cuando los niños ya estaban tocados y su recuperación afectiva, familiar y social era compleja, el hermano de mi amigo recibe una llamada en la que le preguntan si quería hacerse cargo de los pequeños. ¡Después de años denunciándolo! Pero, ahora sí; ahora le apremiaban a quedarse con ellos porque, por fin, en el colegio habían detectado algo anómalo en las conductas de los infantes. Ahora se los cedían, después de tensos años de lucha y fracasos, con la advertencia o la recomendación de que a la mayor brevedad posible se apoyara en psicólogos porque devolver la "normaildad" a esos niños iba a ser una ardua y difícil tarea. Así estamos. Ningún daño es suficiente hasta que no tiene remedio. Cuando ya no tiene solución el mal infligido a quienes fueron seres indefensos, aquellos que fueron los responsables y causantes de dicho mal se lavan las manos, transfieren la responsabilidad a otro y aquí no ha pasado nada... Aquí nunca pasa nada.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Patricia y los caracoles.

Patricia era un mico de cinco o seis años, creo recordar. Y creo recordar que ya, en ese momento, tuvo la osadía de ir ella sola desde su casa hasta la de los abuelos. Recuerdo que era tarde de toros y que estalló una breve tormenta que amainó los calores veraniegos. Lo recuerdo porque hace unos días, quemando viejos y cansados textos de mi "ampulosa" juventud, apareció uno que creí perdido y cuya desaparición me causó una notable tristeza por lo que contenía de afectividad. La casualidad, el destino, lo que sea, lo ha traído de nuevo a mis manos y a mis ojos. Como todos mis escritos es inmediato e impaciente; a éste, sin embargo -junto a otra docena escasa-, le tengo un aprecio especial a pesar de sus imperfecciones apabullantes. Quizá porque me refresca una escena llena de ternura y los ojos chispeantes de Patricia llenando de destellos azules la penumbra del salón. De esto hace ya veintitantos años.


Acababa de llover. La tormentilla estival dejó cuatro gotas y una tarde fresca, luminosa, bajo las escasas y esparcidas nubes que, rezagadas, aún colgaban del terso cielo azul. A Patricia líquida, amiga del agua, le faltó tiempo para echarse a la calle a pisotear los escuálidos charcos y los regatos cuyo escaso y tímido ímpetu, liberado ya de las zurrapas obturadoras, corrían laderos a las cintas de las aceras hasta las alcantarillas. El aire se llenó de trinos caóticos y alocados revuelos sin rumbo, y los árboles del cercano convento de las Charitas asperjaban, a grandes bocanadas, un intenso y aséptico aroma. A Patricia, seria, niña, le gustaba curiosear, descubrir los nuevos colores de territorios antes prohibidos, dar vueltas a manzanas aún no exploradas por su vivacidad infantil. La procelilla ha facilitado la siesta. Una manada de chavales, hiriendo con sus graznidos la tarde, corre la calle de cabo a rabo sembrándola de consignas lúdicas. A Patricia inquieta le gusta entrar y salir de casa, y pedir, y buscar, y hacer de repente un silencio y huir a remotos pensamientos escabullidos por una madriguera improvisada. Patricia no juega cuando eso implica renunciar a los descubrimientos, a las sensaciones que, sabe, la esperan en cada recoveco de la aventura. Vuelve a sonar el timbre de la puerta. El abuelo se ha quedado dormido, con su cansancio ceñido, frente al televisor, frente a una corrida de toros que hoy es aburrida, nada excepcional. El ruido no le molesta ni le sobresalta; conoce los pasos de su nieta, se recrea en ellos jugando, quizá, en la ensoñación y sonriendo levemente como cuando la niña, sentada en sus rodillas le encaró por primera vez la palabra "belo" babeando, con su boca mínima encarnada y llena. Patricia, algo pecosa, no desiste, jamás renuncia. Entra de nuevo como un torbellino desatado, arrasando hasta el patio, pidiendo sin resuello una caja de cartón. La abuela, condescendiente, le pregunta para qué y Patricia, ilusionada y pletórica, abre sus manitas regordetas y sonriente, clavando sus ojazos azules en los ojos acariñados de la abuela, sólo dice "para mis caracoles".

miércoles, 26 de octubre de 2011

Servicios Públicos... De empleo.

El error conceptual es una característica muy calada en los españoles. Tanto que, a veces, no es preciso desarrollar o establecer un concepto para asumir el funcionamiento, por ejemplo, de una organización o de un sistema. Basta con que alguien derive una responsabilidad, endilgue a otro una parte de sus funciones, para que automáticamente quede exonerado de dicha función y pase a ser trabajo o responsabilidad de la otra persona de manera indefinida. En la administración española eso está a la orden del día: el peso del papeleo siempre recae en el administrado porque los administradores se lo traspasan caprichosamente y, una vez aceptado, ya no hay vuelta atrás.
Anoche en un debate (los debates, o tertulias, es lo que tienen) me dí cuenta hasta qué punto nadie es capaz de razonar más allá del ámbito en que quiere que prevalezcan sus opiniones.
Saltó al ring la especie polémica surgida entre P.P. y P.S.O.E. sobre las prestaciones por desempleo. Rajoy las va a eliminar o modificar, según Pérez; eso no es cierto; de todas formas... En fin, todo eso: unos acusando de lo que aún no ha pasado y otros defendiéndose de lo que aún no han hecho.
Sin embargo, como siempre, en un momento determinado a alguien se le enciende la bombilla de la "genialidad" y decide que con su idea -muy extendida, por cierto, entre la derecha española- queda puesta la pica en Flandes y el dedo en la llaga: el problema es que hay mucho caradura que además de recibir la prestación tiene otro trabajo que no declara y hay mucho sinvergüenza que ni se menea con el ahí me las den todas.
"Claro -el moderador entra al trapo sugiriendo otra genialidad de cosecha propia-, es que lo lógico sería dar la prestación sólo a aquellos que demuestren que están buscando activamente empleo". Y, entonces, se opera el milagro y todos asienten unánimemente.
No hace falta decir que no todo el mundo tiene la misma capacidad ni los mismos recursos para buscar empleo, ni siquiera la misma facilidad ni las mismas oportunidades y que en cada persona concurren circunstancias que le hacen distinto y diferente a otro también en ese aspecto.
Sin embargo, lo más llamativo es "a quien demuestre que está buscando activamente empleo". Ahí está el error conceptual. La administración, para su mayor gloria y comodidad, ha extendido la idea de que es el desempleado quien tiene la responsabilidad de buscar denodadamente trabajo y así lo digerimos sin descerrajar un solo pero.
No. El parado busca empleo porque lo necesita y, sobre todo, porque la administración es INEFICIENTE, nula, PASIVA. La administración ha derivado, deslizándolo muy sutilmente, la obligación de buscar trabajo en los desempleados y nadie ha puesto el grito en el cielo. Porque lo suyo es gritar hasta desgañitarse. Los servicios públicos de empleo, a los que se les PAGA para eso, están precisamente para buscar y gestionar el empleo, NO PARA PONER UN SELLO CADA MES EN UNA ESQUELITA. Los servicios públicos de empleo NO ESTÁN para vivir del cuento y ceder una parcela regada con el dinero de todos a las agencias privadas que son ya las únicas medio eficientes a la luz de los datos arrojados por el propio Ministerio. Cada servicio público de empleo ESTÁ PARA BUSCARLE TRABAJO AL DESEMPLEADO, no para que el desempleado haga el trabajo de los funcionarios de los servicios públicos de empleo: si no están para eso, para buscar y gestionar y administrar las ofertas, ¿para qué están? SI EL PARADO TIENE QUE BUSCARSE SU EMPLEO HACIENDO LO QUE SE SUPONE ES, PRECISAMENTE, LABOR DEL I.N.E.M. Y TODOS LOS DEMÁS, ¿QUÉ SENTIDO TIENEN LOS SERVICIOS PÚBLICOS? ¿POR QUÉ SE PAGA A TODA ESA GENTE? Porque para sellar tarjetitas no hacen falta unas máquinas administrativas tan monstruosas e inoperantes. Eso sí que es percibir todos los meses un goloso y suculento subsidio: por no trabajar en el paro.
No. Definitivamente, no. El servicio público de empleo está para buscar trabajo a los desempleados y no para que estos lo busquen. Si esa, la de buscar trabajo a los parados, no es su función, elimínese; empiécense por ahí los recortes.

martes, 25 de octubre de 2011

Somos tres

La albada invernal es lenta y tardía.
Los dos se levantan cuando la primera luz entra por las últimas rendijas francas de la persiana. Entonces se izan enérgicamente y vienen.
Se tumban junto a mi, uno a cada flanco. Susurran y ríen, sin estrépito.
-Vamos a despertarle.
Se acomodan, buscan la mejor posición para descargar sus besos y para recorrer mi espalda con sus dedos tiernos. Finjo seguir dormido mientras les observo con los párpados entornados. Dejo escapar un gruñido y vuelven a reír tapándose la boca para no sobresaltarme con el ruido. Luego, una oreja, la boca, otros besos. Me remuevo súbitamente y respingan. Ya no amortiguan la risa.
Hago con que me despierto sorprendido y dejo que se abalancen sobre mi en una guerra abierta de cosquillas y de besos.
Siento su cariño dentro, muy hondo, casi doliéndome...

lunes, 24 de octubre de 2011

...Del cristal con que se mire.

Debería apreciar, y valorar en su justo precio, estos días insulsos que pasan sin pena ni gloria, que pasan por delante bajo el empuje de su propia inercia. Son días insensibles, sin emoción, y ahí radica su importancia: no anidarán en el recuerdo ni por lo bueno ni por lo malo.
No había caído hasta ahora; sin embargo, sí, debo estar agradecido por tener días como estos donde lo único reseñable ha sido la lluvia, una visita estimulada por el aburrimiento atroz, una lectura intensiva y una película vista por tercera o cuarta vez.
Frente a quienes necesitan rellenar su vida con una frenética actividad que les permita tener la ficticia sensación de estar vivos, reconociendo así su frustración, he preferido aceptar que lo importante no es saltar inútilmente tratando de coger una felicidad imposible, un espejismo, sino evitar el dolor y la amargura que conlleva la existencia.
Y disfrutar -aunque parezca excesivo- del breve instante de silencio que el mundo, tarado, me ha permitido.

sábado, 13 de agosto de 2011

¿Positivismo?

No sé lo que pasa en el mundo. Desde hace unos días (desde que llegaron mis hijos) apenas me entero de lo que pasa en este lamentable planeta. Por desgracia, la consciencia de que hay cosas que no cambian, que no se eliminan, que no se superan, que no se reparan, está ahí.
Sin embargo, esas informaciones crispantes del entorno inmediato de repente han desaparecido. No se han esfumado por arte de birlibirloque sino porque el interés, mi interés, ha cedido a una prioridad más suculenta y gratificante.
Hay, es cierto, salpicaduras que permiten mantener un delicado vínculo con aquella realidad, mantener el equilibrio de correspondencia social cuya ausencia nos convertiría en anacoretas funcionales. Pero, sólo son eso, salpicaduras: una imagen fugaz con palabras ininteligibles del candidato Pérez; una estremecedora, aterradora aparición del candidato Rajoy; las medusas playeras; un violento día londinense... De no ser por esas minúsculas motas, estaría desprendido de ese mundo.
Lo más sorprendente es que no lo hecho de menos. No hago nada por mantenerme informado, actualizado; no hago nada por enterarme de las cosas importantes que pasan en mi entorno porque las cosas importantes, más importantes, ahora ocupan toda mi atención y me acaparan hasta el éxtasis y la extenuación.
Digamos que no soy feliz pero lo parezco...

viernes, 12 de agosto de 2011

Hojas caducas

La idea de Dios, su existencia, nunca me ha atormentado. Al menos no lo suficiente como para desvelarme. No ha sido nunca una obsesión dramática; sí, sin embargo, una constante persecutoria relativamente testaruda.
He sido incapaz de concebir (y comprender) al Dios asediado por las religiones; a un Dios presentado desde razonamientos defectuosos y que cargaba contra el hombre incomprensiblemente. Así continúo.
La duda me hizo pensar y quizá, como a Larry -el espléndido protagonista de El filo de la navaja-, buscar entre todo este desbarajuste una luz, un atisbo de sentido en el caos ciego del que nos nutrimos. He indagado lo suficiente para saber que no hay que indagar, que el alcance de nuestras miserias no se resuelve con un falso convencimiento por mucho que ayude a soportar el tránsito obligado. Al final, todo se reduce a un sencillo "no sé" o a una íntima persuasión que en ese ámbito debe quedar porque su validez se ciñe a lo personal y a lo imperfecto.
De todo, la única conclusión que he conseguido extraer sin dolor, sin rencor, es que SOMOS DEMASIADO PEQUEÑOS COMO PARA QUE NO HAYA ALGO MUCHO MÁS GRANDE. Sea lo que sea. Somos motas de polvo, microbios dentro de otro microbio que vive dentro de otro microbio... Esta certeza me infunde un cierto valor (o me extirpa el miedo) para afrontar un destino inamovible, inexorable. Sigo sin saber de dónde vengo, qué hago aquí ni adónde voy. En ese entretanto de hojas caducas, cuidado: nadie tiene nada -en realidad- que perder... Y yo menos.

Norte y sur: publicidad

Pocas veces le damos al lenguaje la importancia que tiene. Tanto es así que con frecuencia nos pasa desapercibida la influencia que tienen las palabras sobre nosotros. El lenguaje nos condiciona y repercute, aunque no lo creamos, en nuestra imagen y en las de los demás.
Acabo de ver, otra vez, el anuncio (spot) de Cruzcampo; ese del "cerebro se divide en norte y sur". Recuerdo que la primera vez que lo vi el surfista, eufórico, afirmaba: "yo iba para ingeniero". Pues bien, a lo largo de este verano no sólo se ha arrepentido sino que, además, ha terminado la carrera. Lo sé porque ahora, cuando se lanza ufano al agua en busca de la ola perfecta (se supone) y rebosante de chispitas de sabrosa adrenalina, el mismo surfero asegura ahora que "soy ingeniero".
El cambio operado en la sugerencia publicitaria se debe a una cuestión de imagen. En el primer anuncio, la imagen de este tipo era la de un vividor díscolo, poco más o menos, dedicado a una vida irresponsable y libertina, sin compromisos salvo el que tuviere consigo mismo: es el tipo del, con perdón, me la suda. En el actual es un hombre con cierto nivel intelectual que practica deporte: es un hombre completo; el tipo que desearía cualquiera suegra...
Tan simple como eso: yo iba para (pero me quedé en el camino porque...) frente al yo soy con todos sus atributos y el prestigio y reconocimiento (esfuerzo...). Y es que la imagen del cervecero no puede ser la de un vivalavirgen sino la del refinamiento y el compromiso. Hay más cosas: la felicidad, la forma de desenvolverse... Pero, de momento al menos, quedémonos en esa cuestión tan trivial.

miércoles, 27 de julio de 2011

POLITOMAQUIA

erdonen, señores políticos (y otros discípulos de Caco y Gestas crucifijo), si -como Rodríguez Zapatero al paso de la bandera yanqui- no me levanto respetuosamente ante vuesas mercedes y si lo hago, más bien y al contrario, es como ciudadano empachado de su verbo taimado y zalamero; pues, no me queda ni cuerpo ni otra.
Sí, me limita la opción (o la acción) bien el ver más de lo que ven los demás -de la "mayoría" hablo- o bien, así igual de desgraciadamente, el no alcanzar más allá con esta mi entendedera obstusa.
El caso y cuestión es que con la que cae, y lo que queda en la recámara, sigo sin comprender el empeño feroz, atroz, de enclavarse en el sillón y dedicar a esa innoble misión todo su empeño, afán y voluntad. No doy con la clave de una fe más preocupada de allegarse el poder, el privilegio y la impunidad (intenciones más propias de tiranos) que de procurar amparo y remedio al pedrisco crítico que nos abruma; todo como los honestos servidores de la cosa pública (elido deliberadamente el latinajo "res" para evitarles la segura confusión) que se supone -aunque ya sabemos que no es cierto- son.
Cada día, leyendo a los tirios y a los troyanos, observo que me queda mucho por aprender. Y uno de los enigmas que extenúan mis precarias meninges es un terrible por dramático "¿cómo es posible (en todos los aspectos) que ustedes, en contra de las leyes de la física conocida, puedan moverse tanto sin desplazarse un micrómetro del mismo punto?"
Mientras nos entretienen con su fingida pelea nuestra atención se dispersa, se aliena y huye de la realidad que palpita bajo la mascarada. Es natural: estamos acostumbrados a derrochar nuestra concentración en los cultivos más refinados que nos proponen a diario los nuevos ecos de s(u)ociedad.
Ya ha quedado claro que no quieren apearse del poder, que no tienen intención alguna de remover obstáculos, de dotar al ciudadano de resortes cuestores con que fiscalizar sus actos y censurarlos con la consiguiente acción legal. Y el pueblo, necio, cobarde, acomodado, traga; tragamos. Han conseguido convertir un sistema con vocación demócrata en un régimen feudal cuyo gobierno interpares ostentan, sustentan y detentan, ustedes. Un régimen feudal en el que no permiten injerencias y mucho menos del pueblo al que han conseguido allanar unas veces por la mentira, por la fuerza otras y por el desuso o el decaimiento de su prerrogativa soberana las más.
Esa inclemencia política que se traen entre unos y otros es postiza. Algunos lo sabemos. Sus peleas, señores, son estrategias conscientes y perfectamente estudiadas. La manipulación de las masas no es novedad y sus aprendices de Goebbels lo saben y lo aplican bien. Y esa es su mejor argucia. Sí, porque su mejor baza, señores políticos, es el enfrentamiento (provocado) de la población; azuzar a unos contra otros dejándoles creer, a la vez, que todo es fruto de su libre y facunda volición, de su opinión formada en el criterio y la madurez. Enfrentarnos como si todo el despliegue de ladridos para dirimir a qué huelen las nubes fuera fruto de nuestro más íntimo convencimiento. Y en lo que nos desfogamos, ustedes se arrellanan en sus sillones y esperan la generosa nómina que entre todos les aprontamos, que les permite llevar a sus hijos a colegios selectos, comer bien y todos los días, tener coches y casas lujosos y confortables, mientras dos esquinas más allá alguien, venciendo su vergüenza, rescata la gallofa miserable con que alimentará a sus hijos porque en su hogar no entra un céntimo. Y no entra gracias a ustedes, holgazanes, que poco les importa cómo sobrevive la gente: si no se mueren de hambre en la calle es que comen, parece ser su razonamiento.
Ni siquiera eso puede ser lo peor. Lo peor es la realidad irreal pero impuesta que viven, señorías; la Jauja depurada, la Arcadia fausta que les permite robar y salir indemnes porque las partes nobles del cuerpo comulgan de la misma corrupción y se protegen entre ellas.
Hace tiempo alguien inventó el concepto "responsabilidad política" y encontró la panacea. La desfachatez del término les permite eludir toda acción, toda ejecución externa y judicial apelando a un ámbito exclusivamente moral o ético en sus actos: ancha es Castilla. Ustedes vosotros, políticos, la panacea; nosotros, la vaselina y el placebo. He ahí uno de los principios erróneos y de las causas de la corrupción estructural que ha gangrenado el sistema; un sistema que de democrático ya sólo tiene el alias y cuya putrefacción ha contagiado, generosa e inevitablemente, a todos los estamentos; sobre todo a las administraciones públicas y a la "justicia". Un sistema cuya deriva poliárquica ha permitido y favorecido -gracias a su sumisión de ustedes y a sus deudas de tahúr, señores políticos- que sean los centros de poder económico, los bancos y las empresas, quienes determinen las normas del juego y dominen, así, al legislativo, al ejecutivo, al judicial y al "cuarto".
Os tuteo. Nos habéis hurtado el poder y la decisión, el gobierno. Al socaire de "la historia nos juzgará" quedáis exonerados de vuestros delitos... ¡Qué envidia, Islandia!
El problema, ya os lo hemos repetido hasta la saciedad, sois vosotros. No como clase, no como opción. Vosotros como "representantes", todos y cada uno de vosotros con vuestras pilas y apellidos, concretos, identificables. Vosotros, suplantadores; los mismos que de la forma más artera, ruin y grosera, tratáis de desplazar nuestros vapuleados criterios protagonizando una bufonada, envolviéndonos con patrañas provocadoras de una duda razonable y absolutoria en los cerebros enmohecidos.
Tengo la impresión de que sólo se os puede despegar, desafortunadamente, con la fuerza porque fuerza es la que usáis para manteneros. La fuerza del dinero y la fuerza confusa, mercenaria, de quienes yerran al prestaros a vosotros el auxilio de un atributo y una investidura que les ha conferido la sociedad, y no vosotros; de una fuerza que aplican en vuestra defensa arbitrariamente pensando que dependen de vosotros y no que se sustentan y se deben al pueblo soberano porque forman parte de él.
Por mi parte, habéis ganado. Viendo cómo se desarrolla la escena y cómo el público se desencaja y descarna las palmas aplaudiendo la entrada del bobo en el entremés, poca esperanza me queda de ver cómo las aguas se encauzan a su natural por definición: democracia.
Una democracia desvirtuada por vosotros, violada por vosotros, prostituída por vosotros caciques de mal agüero. Una democracia parcial y sesgada que sólo invocáis en aquella parte que os beneficia mientras escamoteáis aquella cara que os resulta inconveniente.
Habéis ganado; todos. Habéis ganado porque la ignorancia de un pueblo es la mejor arma de chalanes y tiranos. Pero, sí quiero dejar claro que a mi (y a otros pocos) no conseguís engañarnos... Aunque no sirva de nada; al menos de momento.

domingo, 24 de julio de 2011

Mucha mierda...

Estaba esperando. Desde que me enteré (casi inevitablemente) del "accidente" de Ortega Cano, me preguntaba cuánto tardaría Tele5 en organizar su tinglado sacamierdas y buscaudiencias, en desplegar toda su estructura en pro del beneficio económico a costa de hurgar en la miseria de un hombre y en el dolor de una familia que espero -lo deseo de todo corazón- no se haya sometido al sucio juego de esta cadena y haya tenido el criterio y la dignidad suficientes para no participar en su pestilente pantomima televisiva.
Pues no ha tardado mucho. Hoy mismo he visto cómo anunciaban ya su programa de "investigación". Sin ningún pudor, sin recato ni miramiento.
No me sorprende conocida su escora permanente hacia el ensañamiento y el amarillismo impune. Cualquier cosa por dar carnaza a una audiencia enferma gracias a una programación enferma procurada, presentada, jaleada, coreada y vociferada por toda la soez y enferma verdulería del barrio.
No me conmueve, lo reconozco abiertamente, la desgracia del torero. Tampoco me alegro de ella viendo el rastro que deja. Me conduelo de la familia del diestro caído y de la familia atacada por la muerte injusta que ha visitado su solar. Pero, hasta eso tiene un límite. Si los familiares del amortajado son capaces de participar en la farsa, para mi dejarán de merecer el respeto que se les debe.
La vida es así. Todos caemos, antes o después. En el entretanto, es cada uno quien decide la forma de caer: sin hipocresía y con nobleza o siendo parte de la mierda removida. ¡Allá tú! ¡Allá cada uno con su conciencia!

domingo, 17 de julio de 2011

La vida muerde. Muerde y agota. Demasiado tiempo esperando el aire. Sé que ahí, allí, se resuelve un horizonte. Pero, las llagas inquietan más que el destino y que la noche. La noche no es el sueño. El sueño es un pliegue analgésico en la página absuelta de un libro abrumado.
Volveré a llamar. Una vez más. De nuevo, el silencio que agita el pulso y crispa las uñas sobre las palmas anhelantes de las manos. Después, el deseo empuñado elevado a Dios...

sábado, 16 de julio de 2011

No es el corazón. El corazón sólo late; sólo mantiene calientes las palabras. Es en su alma atroz donde anida el odio. Y de odio se nutre. El odio la mantiene viva porque sólo odiando se siente viva. Necesita el odio para llenar el vacío estremecedor, inconmovible, de su esencia.

martes, 12 de julio de 2011

Se recrudece. Al parecer, la crisis se encona a pesar de la unánime voluntad de conjurarla. Los países "hacen sus deberes" y, aun así, el caos económico persiste. Las causas, después de oír a unos y a otros, son de lo más variado y los culpables, después de oír a unos a y a otros, rematan en una conclusión estremecedora: los ciudadanos y su consumismo, su imprevisión, su querer vivir por encima de sus posibilidades.
Trasladar (como hacen en Intereconomia) la responsabilidad a la población y exonerar a los bancos -de quienes esa emisora espera, sin duda, "favores" que le permitan seguir emitiendo- es obsceno además de mentira (no incierto ni falso: mentira).
Las empresas (entre ellas las de construcción) buscan, por definición, el mayor beneficio en el menor tiempo posible. Para eso, los bancos en concreto, siempre han inventado nuevas fórmulas que disfrazadas de generosidad hacia sus clientes han vulnerado la ética más elemental. Productos que, siendo en muchos casos de dudosa legalidad, han modificado a su gusto los criterios establecidos en economía. Han creado nuevos conceptos que, como siempre, son axiomas. Nadie vigiló. La ciudadanía se quejaba de las incomprensibles e insostenibles subidas de precios que les obligaba a pedir créditos no para consumir más sino para sostener lo que se tenía: la caldera que se rompe, comer, la hipoteca/alquiler, la revisión del coche, las fotos para la renovación del carnet... Quienes tenían algún dinero o alguna propiedad quisieron hacer también su agosto y obtener cacho de la "oportunidad". El alquiler medio de una vivienda, por ejemplo en Madrid, es de 1.200 euros; el sueldo... Ya se sabe.
El consumo estaba asegurado y aseguraba la desproporción porque fluía el crédito incentivado y programado por los bancos al respaldo de un trabajo que se esperaba seguro para que continuara generando esclavos deudores y eso se aprovechó de la manera más inmoral y abyecta. Mucho más en un mercado en el que la colusión (tácita o no) es una práctica que disuelve en absoluto cualquier conato de aplicación de la "ley de la oferta y la demanda". Esa práctica de precios concertados, descaradamente vigente, se sigue permitiendo como se permite la usura o el pagar por servicios o productos no consumidos. Tal es el poder las empresas (grandes) frente al poder soberano y, de ahí, en cascada.
Añadamos a estas conductas, otra a la que los fabricantes nos han abocado: la obsolescencia. ¿No es irónico -o paradójico- que resulte más barato cambiar una lavadora que repararla? Pero, claro, para reparar la lavadora en vez de cambiarla, lo lógico es que el técnico me cobre menos (permitiéndome una amortización razonable de la máquina) de lo que me cuesta un aparato nuevo, a estrenar, y no que sólo por el hecho de "verla", por "desplazarse" (como si dicho desplazamiento no formara parte de su trabajo), el tipo me cobre ya, de entrada, 60 euros.
Hasta que se descubrió el pastel, la trampa y el cartón. Una trampa que, aunque descubierta, sigue indemne y los tramposos, libres.
Hay mala praxis. Unas prácticas viciadas que además se contagian: ¡pues no se inventan -por ejemplo- el seguro y la operadora de telefonía una cláusula aplicada por los bancos (de manera irregular) y que no figura en sus contratos y que, además sería abusiva entre otras muchas que también tienen y a las que nadie persigue de oficio! Y lo peor es que esas mismas "comisiones" (ilegales) las aplica la propia administración. Porque la administración forma parte de la misma corrupción. Porque la administración alienta la corrupción y a la vista está, demostrado con independencia de que los jueces y los fiscales, partícipes del tinglado, exculpen o hagan la vista gorda.
La conclusión, mi conclusión, es que todo el sistema está corrompido de pies a cabeza y que es esa corrupción la que ha permitido la crisis y la que la va a mantener

sábado, 9 de julio de 2011

Un gozo en el alma... ¡Grande!

espués de ver la euforia con que salen los pesoístas de su ceremonia de coronación; luego de oír sus exultantes loas pletóricas de fervor; tras de ver cómo (Rubal)calaba en los prosélitos y catecúmenos del nuevo orden la fase de exaltación de la amistad y el místico ayuntamiento con su aclamado candidato, Pérez, no me cabe duda: no han estado de congreso; han estado de ejercicios espirituales.
Tienen todos los síntomas: caras y almas resplandecientes tras contemplar, auxiliados por el lumen gloriae, el rostro de Pérez; locuacidad desbordada, cursi y beatífica sembrada de adulaciones y otras gaitas; sonrisa gozosa, satisfecha, orgásmica...
Han encontrado la luz. Se han encontrado a sí mismos en una jornada tan intensa y emocionante, tan sublimada por la plenitud espiritual, que sólo les ha faltado salir entonando aquello de "yo tengo un gozo en el alma, ¡grande!"
También es verdad que los reclinatorios van a empezar a moverse y quien más cerca esté del confesionario o de la sacristía será el que reciba la mejor hostia...

viernes, 8 de julio de 2011

La crisálida

uere Pérez (el vulgar Pérez) y nace Rubalcaba. Muere el pluriempleado político, sospechosamente polivalente, y nace el candidato menos gusano y más mariposa, más sofisticado. La transformación en el interior del capullo se ha producido y como un resucitado, como quien vuelve de la muerte, conoce los misterios que rodean a los hombres. Ha accedido a la sabiduría absoluta y sabe las respuestas a los problemas que nos acucian. Pero, no las va a decir: ¡os chincháis!. Él que, junto a otros, se quejaba de que su mediocre oposición no supiera ni contestara a las medidas a tomar para salvar la crisis, para fomentar el empleo, para reactivar la mutilada y maltrecha economía del país y sus íncolas, ahora practica lo que denunciaba. Es ley de vida política. Sigue en el gobierno, hasta mañana al menos; sigue en el gobierno tras el alarde de saber cómo se endereza el entuerto pero negándose a aplicarlo incomprensiblemente. Será para que el P.P. no le copie y luego, caso de que accedan al poder, se lleven ellos la puta gloria.

sábado, 2 de julio de 2011

A partir de mañana...

ada día me resulta más difícil escribir. Quizá porque no tengo nada qué decir o, quizá, porque a mi manera ya lo he dicho todo. Puede, también, que por fin me haya dado cuenta de mi falta de talento a pesar, muy a pesar, de los ánimos condescendientes de un espléndido grupo de amigos cuya inquebrantable paciencia lectora mantiene, si bien en la cuerda floja, mi precaria palabrería.
De la misma manera podría ser que, sumándose a la carencia de facultades, anduviera por ahí enredado un hastío determinante, severo. Un hastío preñado de descontento, de desilusión, uno de esos que agalbanan el espíritu con un poderoso desafecto llenándolo de angustia y amargura.
La realidad es pertinaz. La realidad llueve sobre las esperanzas y las arrastra, embarradas, hasta las desembocaduras de la nada. Luchar contra eso, escribir contra eso es faena de ilusos. No por la realidad en sí misma, dinámica y modificable; sino porque viene impuesta por hombres, por un grupo poderoso que implanta al resto la circunstancia que ha de acarrear suplantando a la que podría ser, a la que debería ser.
Miro, con frecuencia, hacia atrás, al pasado, y veo que apenas ha cambiado nada. En el hombre, digo; a sus conductas, usos y costumbres me refiero.
Visito mucho a los clásicos del de Oro. Fatigo con fruición, sobre todo, a don Francisco y a don Félix y de ellos, en lo que puedo, extraigo cuanto jugo soy capaz de absorber aunque mi cántaro, lleno de agujeros, enseguida se vacíe y vuelva yo a ese estado inicial de "panfilez" absoluta e irremediable. Quedan, eso sí, algunos resabios, zurrapas amargas inconmovibles que alientan la comparación de los tiempos.
Lope me lo repite con incansable afán:
"Dos polos tiene la Tierra,
universal movimiento;
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero".
Y atiendo a sus palabras y las rumio y comprendo que todo esto y más me lo dijo (nos lo dijeron) hace siglos y sigue vigente. Habla del nepotismo y del poder del dinero. Comprendo, entonces, la resignación ancestral, la inercia atávica que enseña a convivir con la ira contenida... Y no lo comparto.
¿No lo comparto porque no lo entiendo? Tal vez. Reconozco mi ignorancia. Y mi limitada capacidad de comprensión.
Y entiendo que esa limitación modifica mi visión y mi versión del mundo, la realidad que percibo. Ese error me hace perder la perspectiva, o el enfoque, y me empuja a intentar el noble arte del silencio.
Sí, debo callar por prudencia, por sentido común; porque no procede enjuiciar desde la más absoluta necedad las afirmaciones de la pléyade de sabios que me aleccionan cada día a pesar de mi irredenta "distracción" o ¿será abstracción? ¿O ninguna?
Columnas sapienciales que me dirigen hacia la correcta interpretación de esa realidad de la que abomino y que repudio por parecerme impostora. Me lo explican una y otra vez mientras yo me empecino, bruto inconsecuente, en ver molinos donde hay gigantes. Me lo explican una y otra vez y yo, testarudo, acicato a mi famélico rocín e intento embestir, junquillo en ristre, al poderoso Golías; intento, vano empeño, acometer contra la fortaleza con una pompa de jabón, ingrávida y sutil. Todo por un daltonismo procaz emanado de mi inexplicable discrepancia.
Y, para colmo, soy un desagradecido. Debería hincarme de hinojos ante esas fontanas del conocimiento e implorar su devastador perdón mil veces mil.
Pero, no. Yo no. Yo reincido. Sale uno de esos pilares y me asegura que la ley está para cumpirla y le pregunto que por qué si veo a mi alrededor todos los días cómo esa premisa se la pasa él (y sus iguales o similares) por el arco del triunfo y alego, además, que una ley no puede estar por encima de la justicia, que si se hubiera seguido a rajatabla esa proposición aún estaríamos bajo la ley romana o... O sale uno de esos pilares y me dice que el cauce para reivindicar el cambio de reglas de su juego amañado es desbancándole en la mesa. Omite, por supuesto, que la baraja es mía y que soy yo el que debe decidir quién juega y quién no, cuándo debe juegar y cómo debe hacerlo porque está apostando con mi dinero y, además, soy el dueño del casino: no él. Lo omite y me obliga a abandonar mi propia sala. O sale uno de esos pilares y me descerraja, contundente, que la culpa de la crisis la tienen los ciudadanos porque vivieron por encima de sus posibilidades y no los bancos que subieron, desproporcionadamente, el precio de la vivienda, que practican la usura descarada y ruin; ni los mercaderes que equipararon el todo a cien con el todo a euro porque el equilibrio estaba en "una moneda por otra moneda" (aunque de valores distintos, se les olvidó decir) y también inflaron los precios obligando a solicitar créditos para mantener todos los pagos excesivos de las tarifas, de las comisiones, de todas esas pequeñas cosas y rutinarias que no contamos pero que están ahí, que hay que mantener mientras bombardeaban con el consumismo y así hasta el infinito y más allá pasando por el despilfarro de las administraciones, por el latrocinio impune de los "representantes"...
Pero, estoy equivocado y ellos tienen razón. Es lamentable que gente como yo ponga en duda su honestidad.
No comprendo el mundo. Debo admitirlo y renunciar a mi escandalosa insistencia que en nada ayuda. Debo asumir los argumentos de los sabios sin rechistar. Debo dejar de dudar de sus palabras horras. Debo inclinarme ante ellos y pedirles perdón y quedar satisfecho con sus verdades que son universales y absolutas. Lo que ellos digan va a misa. Si, debo someterme humildemente a su criterio y a sus filigranas y dejar de enredarme en absurdas revoleras. Debo empezar a callar... Sí: mañana empiezo.

martes, 21 de junio de 2011

Con la misma bala...

s voy a contar una historia. No: la voy a resumir.
Hace muchos, pero que muchos años, un hombre fue detenido. Se le acusaba de blasfemo y de no cumplir con la legalidad vigente. Pedía un nuevo orden, una nueva estructura, unas nuevas leyes. Fundó un movimiento ilegal que durante mucho tiempo hubo de desenvolverse en la clandestinidad porque tanto la pertenencia a dicho grupo como sus manifestaciones públicas y acampadas estaban prohibidas. Se les persiguió por revolucionarios, por pretender la implantación de una nueva sociedad que creían más justa y fraternal. Chocaron, sin embargo, con las leyes imperantes y con el argumento "sólido" de "la ley está para cumplirse". Desobedecieron convirtiéndose, pues, en delincuentes. Poco a poco ocuparon las calles; salieron a manifestar sus convicciones a sabiendas de que serían sometidos a procesos penales. ¡Pero, eran "ilegales"!
Una secta del judaísmo, subversiva, se convirtió en una religión universal a pesar de la intransigencia y transgrediendo la norma establecida.
Esa secta religiosa es la que ahora, en España, agita la grímpola del maniqueísmo barato y acusa de "ilegales" a quienes buscan la palabra y la justicia. ¿Qué poco conocen su historia? ¿Qué poco recuerdan sus orígenes delictivos? Porque su mismo argumento es el que me sirve para disparar el mío: con su misma bala.
De las catacumbas han pasado a las cadenas de televisión y a las emisoras de radio. Se han convertido -al parecer- en el sanedrín corrupto y severo que les acusó, en los fariseos hipócritas que pedían el cumplimiento inexcusable de la ley. Tendrán que volver, aplicando su criterio, al redil judaico y disolver el cristianismo: es lo lógico; es lo justo.
Al parecer, todos somos ilegales... ¡Qué grata sorpresa!

jueves, 16 de junio de 2011

Mala memoria

o recuerdo (verbo exagerado en mi a todas luces) bien la Historia. Se me mezclan -cuando consiguen llegar- acontecimientos, fechas, definiciones y actitudes.
Tanto es así que ya no me acuerdo si entre los calificativos asignados sobre todo a los jefes predominantes de los hechos históricos figuran, como escalofríos sacudiendo la esquena desprevenida, palabras tan malsonantes como "subversivo", "sublevado", "levantisco", "levantamiento", "alzamiento", "clandestino", "revolución"... Casi todas (hay muchísimas más) dejan un rastro acibarado: el de un pueblo humillado y sometido.
Lo admirable, con independencia de que triunfaran o no las asonadas y sediciones, es que en la mayor parte de los casos la Historia (los historiadores y el pueblo lector) justifica estos actos y los ensalza como actos nobles, lógicos y necesarios. El argumento lo podríamos resumir en algo así como: "LA LEY ES IMPORTANTE PERO LA JUSTICIA LO ES MÁS".
Así, llegamos a la conclusión (acertada o no pero, en todo caso, defendida por cada sector simpatizante) de que, por ejemplo, la insurreción que origina la independencia de las colonias norteamericanas de la corona británica, o las posteriores réplicas en las posesiones españolas, o la revolcuión del 17 en todas las Rusias y tantos ejemplos más no eran sino desenlaces obligados. Y no sólo los vemos bien, sino que los ponemos como paradigmas de la lucha de los hombres contra cualquier tiranía por mucho que revista su aspecto de demócrata. Hasta tal punto que incluso aquí, en España, hay revisionistas que con buen criterio o no -ahora eso no me interesa- jalean la detonación fratricida del pasado 36 argumentando una democracia imperfecta y corrompida, el hartazgo del pueblo y mil cosas más. Curiosamente, los mismos que defienden aquel pronunciamiento ILEGAL (como lo fueron todos los demás desde Bolívar a Lennin, desde Robespierre hasta Zapata pasando por todos los demás) son quienes ahora censuran a una parte importante de la ciudadanía y apelan al escrupuloso cumplimiento de unas leyes que, entre otras cosas, son las que impiden cambiar las leyes.
El hombre es hipócrita por naturaleza y la sociedad le perfecciona -en la hipocresía, se entiende-. Cuando en Venezuela Chávez "desmonta" una conspiración demócrata para apearle del poder, aquí hay medios de comunicación que no tachan de "ilegales" a quienes pretenden restaurar el antiguo régimen venezolano. Antes al contrario les dan cancha y pábulo. ¿Por qué no les tildan con el ampuloso adjetivo "ilegal" y les exhortan a deponer su actitud y a seguir los cauces establecidos por la dudosa "legalidad" impuesta por el "Mono rojo"?
Ya. Lo justo es siempre lo que uno defiende y lo injusto todo lo demás; sobre todo cuando nos van privilegios en ello.
Veo lógico que tanto políticos como medios defiendan la disolucion del 15M. Se deben a los bancos que son los que pueden, agradadecidos, sostenerles económicamente. Los bancos no pueden permitir que este virus de libertad y justicia se extienda y contagie a más población porque esta en juego su imperio, su poder, sus beneficios astronómicos.
Los políticos, además, no pueden permitirse el lujo de un aumento exponencial de discrepantes (no con el sistema, ojo, sino con ellos -o ¿alguien ha visto armas en la calle?) que pueden removerles de sus poltronas de por vida.
Evidentemente, no es una cuestión de ser o no legales, sino de ser o no justos: de ejercer unos derechos conculcados con palabras hueras de charlatán, de gárrulo. Rodear un parlamento no es secuestrar y quien compare o equipare ambos términos estará mintiendo y, por ende, manipulando. Con todo, sería en defensa propia, la defensa de un pueblo al que esos señores le han secuestrado sus derechos. Pero, para desprestigiar y condenar al 15M todo vale y si una consigna no funciona, que arrecie el temporal: se busca algo más fuerte y contundente (¿a eso cómo se le llama?). Ahora, el contraataque se basa en una superposición que sólo se le puede ocurrir a algún idiota mediocre: ¡son iguales que los nazis de la Alemania de los treinta! ¡Así se empieza! ¿De verdad se lo creen? ¿De verdad esa es toda su capacidad de comprensión y análisis de lo que está pasando y de cómo, por qué, por quiénes, está pasando?

sábado, 11 de junio de 2011

Del cielo... Los clavos

on víctimas de su propia doctrina, de su "ideología" devastadora.
Se han desgañitado predicando la libertad de mercado sin intervencionismos y criticando la cultura/política de subvenciones y ahora, cuando la guerra intermedios se recrudece por las pérdidas de espectadores y lectores, acuden a la súplica desesperada, a la limosna facilona y a la mendicidad sin ceder una micra de su orgullo y su arrogancia pertinaces: "¡Es por la libertad y la independencia!"
Por la libertad y la independencia, sí, que grandes palabras.
Aplicando los criterios que defienden, lo lógico sería dejar que el mercado regulara y si Intereconomía ha de ser un cadáver más en el camposanto del periodismo, amén. Un  cadáver más abonando el yermo terruño patrio en donde yacen, por mor de la estolidez política y las veleidades empresarial y sindical de los "mayoritarios" y su incontenible afán de lucro, millones de seres que perdieron sus trabajos gracias a esos peculiares criterios de rancia vigencia y de ficticias libertad e independencia; criterios en donde la competencia/itividad impugnan cualquier rasgo humanitario ponderando la riqueza de unos pocos (plutocracia descarada en la que vivimos) frente al bien común y el progreso social. La crisis solamente ha sido una excusa llovida del cielo, oportuna, aprovechada por los domadores de un sistema injusto y desequilibrado que ahora pasa factura a quienes lo fomentaron sin pensar que ellos eran minúsculos engranajes; sin pensar que ellos, también, eran contingente a disposición y capricho de voluntades más potentes.
Como siempre, tomo el todo por la parte. En realidad hago lo mismo que ellos hacen en su irredenta manipulación informativa, lo mismo que ellos hacen viendo violentos (G. Serrano) y delincuentes (Losada, de la Granja, Dávila, Sinde, Díaz Villanueva, etc...) donde una mayoría de ciudadanos ejemplares ejercen su DERECHO de reunión, de petición, de protesta. Sin embargo, reconozco que la línea editorial y la opinión de cuatro energúmenos sólo es eso y que dentro de ese grupo hay instrumentos divergentes que facultan una cierta polifonía.
Quizá una diferencia sea esa: yo quiero que ellos "vivan" mientras que ellos (unos cuantos de ellos) pretenden la muerte y el silencio de quienes discrepan de su opinión rijosa y mojigata. Una opinión intransigente que se ha convertido en la zahorra que les empuja al fondo del abismo.
El mundo no es, ni debe ser, como ellos lo quieren pintar. Han abogado por una estructura que ahora, como Cronos desalmado, los engulle. Han criado cuervos y los cuervos son muy suyos...
Pero, no es bueno que el hombre esté solo como tampoco lo es que reciba, exclusivamente, la información sesgada de un único polo.
Yo, si hace falta, les cedo mi palabra y defenderé la suya ante cualquiera que intente conculcar su libertad de expresión y su derecho a ocupar un espacio en la comunicación; pero, que quede claro que su derecho a llamarme delincuente y salvaje no conlleva, adheridos, ni mi simpatía ni mi compasión.
Tal vez tengan que repasar sus esquemas ideológico-económicos y mandar al paro -entre otras cosas- a los cuatro cretinos que, dedicados a crispar los ánimos y a mentir parapetados tras una pantalla a la que no se puede responder, están hundiendo una nave necesaria para la pluralidad, a unos extremistas que dan la impresión de añorar tiempos remotos y que ocultan algo más de lo que se ve a primera vista. Seguro.

domingo, 5 de junio de 2011

Nueva generación de posguerra

a mala gestión de la "crisis" (no la crisis) y la permanente codicia de bancos y empresarios han modificado los hábitos de los consumidores. Mercachifles y algunos comerciantes cierran ante la inminente ruina: no se compra. Todo el entramado empresarial se ha resentido.
La gente no tiene para comer, menos para comprar, para darse el caprichito. Los que aún tienen, miran de reojo, sopesan y deciden: hemos aprendido el principio básico de la Economía, la elección. Y, con alguna variante, hemos aprendido el valor del céntimo que antes despreciábamos -esa monedilla inútil, molesta y que muchos se encargaron de eliminar de las fracciones monetarias de curso legal- y con él, la selección (a estimar y desestimar en función de la necesidad, no del antojo). Mucho más cuando hay que bregar en un extraño sistema mercantil en donde los precios siempre suben y rara vez bajan. La ley de la oferta y la demanda en este país es más que dudosa.
Con precios y tarifas concertados (en una infame y permitida colusión) y escandalosamente altos, el consumo se ha reducido (no el dinero, que todos sabemos dónde está) con todo lo que eso implica para el mercado y con todo lo que supone en el aspecto psicológico.
Se ha vuelto (al menos para cinco millones de desempleados y sus familias -súmense-) a la mentalidad de posguerra. Necesidad obliga, como la nobleza. Se impone la supervivencia por rigor, el buscarse la vida, el trapicheo para defenderse de una picaresca institucionalizada en donde la reina de picas es la propia administración mientras aumenta un largo rol de morosos en el que no figuran, incomprensiblemente, quienes más deben. En paralelo al aumento de la pobreza va la desconfianza en el futuro, en la incertidumbre del "nunca se sabe qué pasará mañana". Esa sensación de impotencia e inseguridad convierte a los antiguos consumidores -que aún "tienen posibles"- en seres relativamente mezquinos y reacios a gastar. La mercadotecnía se encargará de recuperar a casi todos; pero, lo más probable es que pasen un par de generaciones antes de que una inmensa minoría de aquellos, y sus núcleos familiares, vuelvan al redil consumista. Estos neoahorradores tienen una peculiaridad que los distingue de los otros: reducen y limitan al máximo sus constantes vitales de consumo. Eso convierte sus ahorros en una alcancía improductiva excepto para quienes ya vienen (con crisis y sin ella) sobrados: los bancos y sus clientes "vip" (¿será el apócope de "viper"?).
Toda alteración anormal de la economía conlleva, también, la creación de una generación de miserables, de desplazados socio-económicos que entran en barrena en la marginación. No encontrarán ubicación y subsistirán fuera de los cauces naturales de su entorno. Son desalojados que caerán en el olvido de políticos e instituciones, personas sin importancia a quienes se les excluirá sin justificación alguna y que ya no volverán a ocupar un puesto que quedará vacante. No tienen un perfil concreto y común; ni siquiera serán los menos capaces o los más indolentes o los "inadaptados". Es gente normal o incluso más preparada que la media-alta. Conozco algún caso. No dependerá de ellos, sino de sus veleidosas suertes y de la necedad de los hipócritas gobernantes más preocupados (como ya se está viendo otra vez) de sus lustres y sus intereses egoístas que de trabajar para sus "administrados". Todos estos que digo quedarán fuera del reparto y con una enorme soga quemándoles la gola.
Es cierto que hay que salvar distancias con los ejemplos y que no es un buen recurso establecer analogías porque, lo queramos o no, pertenecer a un ámbito político-económico más amplio permite obtener ayudas y tener balizas que flanqueen el camino a seguir (tanto el erróneo como el acertado). Sin embargo hay evidencias que sin llegar a ser calcadas, tienen una similitud estremecedora y que hace pensar en resultados parecidos.
Hoy por hoy estamos en lo más parecido a una economía de posguerra. Comparo situaciones y no me parece descabellado. Los miserables, cada vez son más; los ricos, cada vez lo son más y una clase media (la que goza de ciertos ingresos seguros) que siguiendo este comportamiento económico no va camino de la extinción pero sí de un estado de postración y esclavitud notable ante "los jefes". No, no es una visión apocalíptica: es una conjetura razonable si esta situación de ineptitud e inacción, de "insolidaridad", se prolonga un tiempo más sin que "alguienes" tomen las riendas de este jaco desbocado. Aunque deseo equivocarme...

jueves, 2 de junio de 2011

"Se vogliamo che tutto rimanga...".

econozco que durante un tiempo abracé con esperanzada ilusión la pacífica y abigarrada insurrección del 15 de Mayo. No he cedido un ápice en mi posición; sin embargo, el anhelo de que la rebeldía se consolidara y promoviera un cambio real y radical en todos los estamentos sociales se ha ido diluyendo. No es una sensación de derrota, sino de melancólica decepción.
Los tentáculos del poder son tenaces y, como los de toda organización privilegiada, restallarán furibundos antes que ceder sin liza un milímetro de su territorio.
La indolencia social, el conformismo y la ignorancia han facultado que ahora nos veamos, todos, comprimidos en un callejón sin salida. Soy consciente de que mucha gente respalda el levantamiento aunque no haya participado activamente en él. Pero, mucha más es la gente que se queja de su situación, blasfema contra sus dioses y su destino y se lamenta del mundo zafándose, luego, cuando llega la hora de la verdad. Su única voluntad reside en "evitar líos" y otras excusas del mismo jaez.
El poder (en todas sus vertientes), pues, no tiene enfrente a un enemigo capaz de oponerle una resistencia lo suficientemente fuerte como para, siquiera, hacer tambalearse sus abominables cimientos.
Ni toda la razón ni todos los apoyos externos han servido para movilizar a toda esa ciudadanía apática cuyo estatismo ha hecho que los poderosos salgan reforzados y dando tainas. No hay más que oír cómo el discurso político se acentúa en su estatus intocable y del resto (banqueros, jueces, multinacionales) mejor no hablar... Ninguno de estos grupos se ha dado por aludido. Todos han derivado interpretaciones a conveniencia solapando la clara personalización que se ha hecho contra ellos: el problema no es el sistema, sino la mutación que ellos han provocado en el sistema y a la que se aferran como lapas. Ellos -los cuatro poderes (económico, legislativo, ejecutivo y judicial)- han roto el equilibrio al aliarse impúdicamente y dándose a una escandalosa y complaciente sodomía de favoritismos y conchabeos inmorales. Han conseguido mantener su supremacía y permitirse, además, el lujo de contraatacar con desmesurada saña. Los políticos acometen, eso sí, pequeños cambios, más de pensamiento que de obra y siempre a su favor, para disimular, para despistar mientras se afianzan en sus peanas: que todo cambie para que todo permanezca igual. Los mismos a los que se reprobó son ahora los salvadores de la situación y del sistema, son sus garantes denodados. Le han dado la vuelta a la tortilla con promesas antiguas que nunca se hicieron realidad y que periódicamente vuelven a una desvaída vigencia.
Algo me queda claro: con esta "su legalidad" es imposible cambiar nada porque está manipulada. No hay cambios verdaderos.
Ha habido un castigo, sí. Un castigo mínimo, casi imperceptible e irrelevante para el interés nacional. Un castigo fácilmente revocable salvo que empiece a entrar en las conciencias algo tan elemental como que el gobierno del pueblo ha de ser eso, del pueblo y que éste tiene que dotarse de mecanismos defensivos contra los sinvergüenzas que han hecho fortuna y buena vida con la miseria de los demás. Un castigo fácilmente soslayable salvo que en las próximas elecciones el grito soberano sea potente, estremecedor y disuasorio. Aún queda esa oportunidad. Pasado ese momento, todo habrá sido de balde.
Es lamentable; pero, es así. Seguiremos "llorando como mujeres lo que no supimos defender como hombres". Para los políticos (y demás ralea), indignados; por los propios paisanos, despreciados... Si a cada cerdo le llega de verdad su sanmartín, en este país debería haber una auténtica masacre de marranos.

sábado, 28 de mayo de 2011

La decisión y la estrategia

No descubro nada nuevo afirmando que Rodríguez Zapatero es un megalómano imprevisible; que es voltario y errático. Sin embargo, a pesar de las muchas conjeturas autorizadas y pronósticos sólidos, yo estoy firmemente convencido de que su decisión -que no es suya- de no dimitir es la consecuencia lógica de un razonamiento elemental.
¿Por qué debe R. Zapatero mantenerse hasta el final, hasta agotar su legislatura?
Este presidente esta "quemado" y eso es, precisamente, lo que van a aprovechar desde el P.S.O.E. para evitar una catástrofe que puede ser mayor en tiempo de generales.
La situación que atravesamos no va a cambiar en los meses que quedan para las elecciones. Pero, en todo caso, cambiar ahora la presidencia del gobierno no es "razonable" para el P.S.O.E.
Si el gobierno actual consigue una mejoría (aunque sea leve) permitirá al candidato Pérez presentarse desde una posición algo más cómoda y anotarse algún que otro tanto electoralista.
No obstante los augurios son infaustos.
Si la situación no mejora, o empeora, lo mejor es presentar al candidato como una persona ajena a la debacle y responsabilizar a quien ha ejercido tan mala gobernanza. De este modo se difunde la idea de renovación, de la famosa catarsis.
La dimisión de Rodríguez pondría a su sucesor en una posición inquietante porque el candidato sería, además de heredero, responsable directo (presidente) en un gobierno que -a pesar de su brevedad en el puesto- fue incapaz de desplazar siquiera unos centímetros la crisis que nos apabulla.
Resumiendo: sí Rodríguez dimite ahora, hunde a su sucesor. Si Rodríguez aguanta, se le adjudica a él la responsabilidad y el P.S.O.E. "se lava" para los próximos comicios la cara... Y la calva.
Aunque va a ser inútil. Afortunadamente. De que sea Pérez el elegido -con lo que se le viene encima: un presente y un pasado voraces- hablaremos otro día.

viernes, 20 de mayo de 2011

Desobediencia civil

Intento imaginar a todos estos "protestones del otro lado" apelando a la ilegalidad de los levantamientos ciudadanos en la Francia de 1.789.
<<¡Mon Dieu: esto es un ultraje! ¡Esto es intorelable! ¡Es ilegal!>>.
Me hubiese gustado verlos en sus tertulias y foros insultando a la chusma (la misma que ahora se concentra en plazas de toda España) hambrienta, sucia, desesperada, y tildándola poco menos que de convención de holgazanes y cónclave de salvajes.
En el fondo, todos seguimos siendo los mismos, con los mismos espíritus intactos a lo largo de los siglos. Unos, soportando, sufriendo, uncidos a la voluntad de los otros. Y esos otros, siempre, medrando a costa de los unos.
Como decíamos ayer, cada uno cuenta la feria a su manera. Hoy son esos otros, los de las pantallas y verbo fácil protegido los que se quejan amargamente y con indignación del trato recibido por algunos medios de comunicación por parte de algunos imbéciles. Sólo, en una batería permanente de imágenes repetidas y bien montadas, en un bucle eterno, se centran (no sé yo si interesadamente) en aquellos que les "atacan".
Lo cierto es que en todas partes cuecen habas y además es inevitable y forma parte de las reglas del juego. Lo más sorprendente es que esos medios que no permiten intrusiones discrepantes en su entorno se quejen y apelen a la libertad de expresión. ¿Por qué se quejan de algo que ellos llevan haciendo mucho tiempo?
Ayer, un energúmeno increpó a la reportera de Intereconomía y le remitió a las "portavocías" invitándola a no entrevistar a los ciudadanos. Bien: ése gilipollas no me representa ni creo que represente a ninguno de los paisanos que simpatizamos con la protesta civil. Y, ojo, ni los voceros tampoco. Hay un acuerdo básico entre ciudadanos; pero, cada uno mantiene su independencia social e ideológica y, por supuesto, su derecho a no estar de acuerdo con todo lo que salga de la infinidad de reuniones que se hagan.




No obstante, decía, no entiendo muy bien de qué se queja Intereconomía cuando han estado (y generalizo en la marca empresarial, como siempre, ante la imposibilidad de concretar y especificar) descarada y alevosamente manipulando la información a modo. Donde las dan, a veces las toman. Pero, quede claro, que nadie, NADIE, tiene derecho a conculcar la libertad de expresión y el derecho a informar, ni siquiera a Intereconomía, El País o Veo7.

jueves, 19 de mayo de 2011

La puerta y el Sol

ada uno cuenta la feria según le ha ido. Acabo de oír a una periodista decir que aún no sabe el porqué del movimiento social que sacude toda España. Sí, toda España; porque la Puerta del Sol es sólo el símbolo, el centro, el punto de partida, por mucho que algunos políticos y periodistas pretendan ver lo que les interesa ver no por incomprensión del problema y de la magnitud real de la "indignación".
Es lógico que el sistema reaccione intentando eliminar todo aquello que pone en peligro su continuidad. Es lógico que los políticos -y sus medios- intenten desprestigiar y anular un movimiento social que puede -y creo lo conseguirá- acabar con unos privilegios ilícitos y con una estructura blindada concebida para perpetuar a una casta que ha convertido lo vocacional en profesional.
Si algunos aún no se han enterado, yo (humildemente) se lo explico.
El "movimiento de indignados" es un compendio de personas de todas las procedencias y de todas las opiniones-ideologías hartos de UN SISTEMA CORROMPIDO, no del sistema democrático. Sí surge espontáneamente; pero, es elemental, que paulatinamente vaya conformando una estructura de la que carece en su primer vagido. Sobre todo porque es una necesidad a cubrir que permite la difusión y una cierta coherencia; porque lo que a ellos les gustaría es la ausencia absoluta de cohesión (divide et impera) para poder eliminarlo más fácilmente. Aunque la explicación es más sencilla: ¿cómo puede estar estructurado y tener un programa -es lo que solicitan con cierta acritud e insistencia y como argumento de peso algunos políticos y periodistas- lo que es una mezcla de gente cuyo único punto en común es el desencanto? ¿Soluciones? ¿Por qué, si lo primero que hay que cambiar es lo que se pide: el sistema depravado en que han convertido la democracia? ¿Qué ha surgido de la izquierda, o de la derecha? ¿Y qué? ¿Eso le resta legitimidad a una reclamación justa? ¿O es que quien votó o simpatizó una vez con el P.P. o con el P.S.O.E. o cualquier otro partido ha de seguir siendo vasallo y cautivo de ese voto, de ese partido, de esa opción sin poder ya nunca más cambiar de opinión y, por lo mismo, callar siempre y condescender ante los atropellos que perpetren? ¡Pero si eso es lo que se quiere erradicar! ¿Qué es eso de "comparto sus inquietudes y lo que piden pero esa no es la forma"? ¿Cuál es la forma, seguir soportando en silencio y continuar permitiendo la tiranía bipartidista que no permite críticas, que no admite ningún mecanismo de defensa de la ciudadanía frente a los abusos de los poderosos? Alguien, ayer, descolgó que el sistema se cambia desde dentro. ¿Y no es lo que se está haciendo? ¿No se está actuando desde el verdadero sistema y no desde el sistema impostor al que nos han encadenado? ¿Cambiarlo desde dentro de los partidos? ¿Por qué? ¿Desde cuándo es imperativo pertenecer a una "formación" para ejercer un derecho muy superior al de asociación? Más si tenemos en cuenta que desde dentro de los partidos y sus disciplinas, no se puede cambiar nada; ¿o alguien cree que es llegar y besar el santo sin oposición ni zancadillas? La sarta de sandeces expuestas estos días tratando de desacreditar al movimiento fraguado es colosal. Más cuando el ultraje permanente está aventado por una vena autoritaria y el miedo a perder las prerrogativas ilícitamente obtenidas. Si no, ¿a qué tanto ataque? ¿O es que la libertad de expresión sólo la pueden ejercer los políticos y sus medios?
El movimiento ciudadano se asienta en una premisa fundamental: recuperar una democracia que nos ha sido hurtada descarada e impunemente. Lo vemos cada día. Cuando comprendan algo tan simple, puede que empecemos a poder hablar. Aunque la evidencia es testaruda. La resistencia de los poderosos y su empeño en borrar de la haz del país a los "indignados" es muy ilustrativa. Y la verdad es tan clara como concisa: todos aquellos que a lo largo de estos días reconocen que el sistema contiene errores de base pero no quieren cambiarlo, protegen a quienes están asentados en los poderes; aquellos que reivindican lo mismo pero con la boca chica del populismo y no se suman de facto a la propuesta que dicen compartir es porque están cómodos en ése sistema y por lo tanto son sus cómplices. Tanto como quien ve cometer un asesinato y no lo denuncia. Quién defiende un sistema corrupto es un corrupto. Lo demás es buscarle tres pies al gato. Seguirán torpedeando el levantamiento apelando a los cuatro subnormales -enviados por quien sabe quien- violentos que hay entre la mayoría "normal". Argüirán, en función de aquellos que no respetan -aleccionados por sabe Dios quien-, que el levantamiento es una congregación de antisociales (no sé dónde ven lo peyorativo de "antisistema") y tejerán un sinfín de mentiras, manipulaciones y artimañas más destinadas a envilecer una causa que ellos no comparten y por eso, entre otras cosas, les molesta. Todo porque lo que hay en toda España es su PUERTA y su fin y nuestro SOL y nuestro principio, el de ciudadanos libres con resortes para defender una democracia verdadera; es el tiempo de una nueva época que poco a poco -lamentablemente despacio- cambiará un estercolero por un paisaje limpio y fértil.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Vuelva usted mañana... O dentro de tres meses

Escribir en España es llorar, que dijo el trongo. Pero, bregar contra la marea burocrática de las administraciones es llorar, patalear, desesperarse y agonizar.
No sé a qué llaman ventanilla única ni para qué sirven las bases de datos y la centralización documental informática si el ciudadano debe seguir peregrinando de parroquia en parroquia buscando, y aportando, una documentación que las sedes administrativas ya (se supone) tienen. ¿Para qué, entonces, los ordenadores? Pues, hombre, para jugar al solitario, para chatear y para mandar recetitas a la suegra. Eso sin contar que la ingente cantidad, exagerada, que hay que llevar de papelotes recabados en una gloriosa carrera de obstáculos y resistencia que termina, no siempre (todo hay que decirlo), frente a un amargo funcionario mosqueado de entrada porque le has jodido la interesantísma lectura del Marca.

martes, 17 de mayo de 2011

Antisistema

na buena porción de medios (y enteros) de comunicación llevan tiempo extendiendo -intencionadamente- la especie del antisistema como ser violento rechazador del orden establecido, carente de valores morales, holgazán y un rosario largo de calificativos denigrantes. Para esa gente lo antisistema es un crisol en el que se amalgaman perroflautas, anarcos, ninis y otros desahuciados del gremio de los socialmente incorrectos. En su concepción de las cosas no entra un antisistema encorbatado, con traje dos mil de sastre que lo distinga de la más popular y humilde marca ACME y despacho en la zona noble de la ciudad. Tanto es así que el único análisis que han sido capaces de extraer de los últimos eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa es una romería de titulares tan inexactos como escorados. Se han centrado en una algarada (quizá la única) salpicada de dudas sobre sus promotores y protagonistas obviando a todos cuantos acudieron a la concentración como lo que eran: desempleados, pensionistas, estudiantes, amas de casa, ciudadanos libres y hartos del fraude, de la manipulación constante, de la tiranía solapada impuesta por un sistema incongruente. En dichas movidas habría punkis probablemente, rameras probablemente, jaques irreverentes probablemente...¿Y qué? También tienen dignidad, derechos y criterio. Pero, también hubo trabajadores aunque no quisieron verlos, también hubo curas estipendistas aunque no quisieron verlos, también hubo médicos, profesores, funcionarios, agricultores, trujamanes de sánscrito o comerciantes aunque no quisieron verlos. Todos alentados por un objetivo común, lícito y justo. Esa mayoría quedó invisible (para ellos) gracias a su obtusa -nula- capacidad interpretativa o a su voluntaria sandez sumisa, apriscada.
Cada uno ve lo que quiere ver o por lo que le pagan que vea. Antisistema fueron los resistentes al régimen franquista o los opositores a Hitler, Stalin o Papá Doc. Antisistema son los enfrentados a Castro, Chávez u Obiang Nguema. Antisistema son los que, parapetados tras sus vulnerables pechos, salen a las calles ismaelitas reclamando democracia. Y los rebeldes del 15 M (y 16, 17, 18...) también lo son, lo somos, porque pedimos legítimamente la demolición de una configuración viciada y corrompida para consolidar, nada más y nada menos, algo tan descabellado como el cumplimiento -entre otras cosas- de una Constitución vigente y vejada constantemente, cuando no socavada, y la modificación de las normas que impiden la aplicación de aquella. ¿Sorprendidos, señores "anal istas"? Y todo porque los verdaderos antisistema son los políticos, los banqueros, los mercanarios del enriquecimiento ilícito en todas sus versiones; porque los genuinos antisistema son los jueces y fiscales dedicados al cohecho y a la prevaricación; porque los auténticos antisistema son todos aquellos cuya misión y función es velar por los intereses y derechos de la ciudadanía y su progreso y no lo hacen sobornados por los poderosos. Esos sí son los antisistema y a esos hay que combatir. Esos, como los periodistas de crónica consignada y anfibología barata; esos, como los maestros de cátedra dirigida; esos, como los sindicalistas aleccionados y "simoníacos" son los que incumpliendo el sistema van contra él; esos, como las grandes empresas que vulneran la ley o se la inventan impunemente ensanchando sus beneficios a costa de trabajadores y usuarios; esos, como los que viven del parasitismo ministerial, el amiguismo y la dádiva por afinidad. Todos esos, y los que se me olvidan, son los antisistema. Porque el sistema parte de unas cláusulas que ellos no respetan y que son las que el ciudadano, en ejercicio de su soberanía, debe recuperar e imponer.

lunes, 16 de mayo de 2011

Nos comeremos las papeletas

Inmoral. Eso es lo más suave que se me antoja.
Abro el buzón postal y está pletórico de sobres rellenos, como hinchados pavos navideños, de papeletas electorales. Como estímulo para quien sólo recibe avisos del banco y otras fuentes estafadoras estaría bien (por eso del cambio y la novedad) si no fuera porque con la que tenemos encima la platita que se han gastado, y cuya factura nos repica luego a nosotros propios, bien la podían haber invertido en algo más productivo y solidario.



El envío a domicilio de las papeletas me parece un acto abominable y absurdo. Un gasto superfluo que mal está en la bonanza y que está mucho peor cuando hay familias sin ingresos, sin más opciones que el hambre y la búsqueda derramada en los cubos de la basura. Que estén imponiendo mermas y anulando ayudas mientras dilapidan (porque lo dicen ellos y sin contar con nadie) un dinero de todos es repugnante y perverso. Que pidan austeridad mientras (ellos comen con cinco tenedores y duermen bajo cinco estrellas con nuestros fondos) derrochan a espuertas un dinero que podría alimentar familias, pagar hipotecas o evitar cortes de suministros, es abyecto: eso si es abyecto, señor Pérez; eso sí es el colmo de la vileza.
No sé cómo quedará una ensalada de papeletas electorales en el bol. La supongo amarga. Sin embargo, a quien no tenga otra cosa más a boca, se la recomiendo siquiera para engañar las hambres.
Nuestros políticos han sobrepasado con mucho la línea que protegía nuestra dignidad. Han sobrepasado muy de largo la franja de la honradez porque se saben invulnerables, intocables en el olimpo del que nos negamos a expulsarlos empujándolos al vacío eterno. Su descaro, su impertinencia, su desvergüenza, han disuelto cualquier atisbo de honestidad en ellos y nuestra estupidez y cobardía, hacen el resto. Dejémonos engañar una y otra vez, excúsemonos y excusémosles y en estas elecciones nos comeremos las papeletas; en las próximas, ya veremos... La hierba de los parques. Y entre tanto, que gasten, que gasten.

Eppur si muove

No me sorprende que los dos grandes partidos, tan pagados de sí mismos, hayan dejado pasar la oportunidad de ganar para sus causas a toda la muchedumbre indignada y disconforme que ayer tomó las calles españolas. No me sorprende porque ni han calibrado bien el impacto del movimiento social ni han asumido, en su perversa arrogancia autoritaria, que fuera de sus universos decadentes pudiera haber vida política. Pues, la hay.
Muchos fuimos los que, a través de la red, plantamos semillas que han empezado a germinar. Como yo, creo que la mayoría lo hicimos convencidos de que servíamos en bandeja una utopía y nos reconciliamos con la idea de que, al menos, nuestra reacción indignada quedaría como un lícito desahogo venial más que como un reclamo a la masiva impugnación y reprobación de "nuestros" políticos. Nos equivocamos. La idea germinó y cobró vigor en lo que parecía un erial, un campo yermo avezado al estatismo.
Ayer la ciudadanía salió a las calles. Gentes de todos los caletres y condiciones unidas por un lema trascendente a sus ideologías, aliadas en una causa común.



Alguien debería haber tomado nota de lo que se les viene encima. Porque no son sólo las personas que ayer exigieron la restitución de las parcelas democráticas expropiadas por nuestros políticos, banqueros, sindicalistas, etc... No sólo son las personas que ayer, dando un paso heroico al frente, dejaron el eco de un clamor ensordecedor pidiendo la restauración de derechos, de la ética más elemental, el derribo de una estructura corrompida, desleal y abusiva. Son, también, los millares de conciudadanos que no estuvieron presentes pero que, llegado el momento, actuarán en consonancia y consecuencia con éste -relativamente- pequeño "Solidaridad".
El caudal indignado ha roto los primeros diques de contención, las primeras defensas y reticencias. Poco a poco, pero consolidado, avanzará hasta esos muros que los políticos y los "poderosos" creen inexpugnables y también los delendará.
Tengo esa esperanza; la de que haya empezado algo imparable capaz de enfrentarse a los poderes establecidos y capaz de modificar las estructuras. Capaz de conquistar para los ciudadanos mecanismos de defensa contra las aberraciones y vejaciones de que somos diana. Y tengo la esperanza de que, en su desconcierto, los dirigentes políticos, los usureros, los jueces y fiscales, los intermediarios, los constructores y hasta los curas simoníacos si hace falta, se den cuenta de que el mal no está sino que el mal son ellos, el "ellos" de carne y hueso que ha sido desenmascarado definitivamente, que lo sabemos y que vamos a empujarlos sin piedad, que vamos a galopar hasta enterrarlos, para siempre, en el mar.

ZEITGEIST: MOVING FORWARD

El universo cuántico

Demasiados secretos

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