sábado, 28 de mayo de 2011

La decisión y la estrategia

No descubro nada nuevo afirmando que Rodríguez Zapatero es un megalómano imprevisible; que es voltario y errático. Sin embargo, a pesar de las muchas conjeturas autorizadas y pronósticos sólidos, yo estoy firmemente convencido de que su decisión -que no es suya- de no dimitir es la consecuencia lógica de un razonamiento elemental.
¿Por qué debe R. Zapatero mantenerse hasta el final, hasta agotar su legislatura?
Este presidente esta "quemado" y eso es, precisamente, lo que van a aprovechar desde el P.S.O.E. para evitar una catástrofe que puede ser mayor en tiempo de generales.
La situación que atravesamos no va a cambiar en los meses que quedan para las elecciones. Pero, en todo caso, cambiar ahora la presidencia del gobierno no es "razonable" para el P.S.O.E.
Si el gobierno actual consigue una mejoría (aunque sea leve) permitirá al candidato Pérez presentarse desde una posición algo más cómoda y anotarse algún que otro tanto electoralista.
No obstante los augurios son infaustos.
Si la situación no mejora, o empeora, lo mejor es presentar al candidato como una persona ajena a la debacle y responsabilizar a quien ha ejercido tan mala gobernanza. De este modo se difunde la idea de renovación, de la famosa catarsis.
La dimisión de Rodríguez pondría a su sucesor en una posición inquietante porque el candidato sería, además de heredero, responsable directo (presidente) en un gobierno que -a pesar de su brevedad en el puesto- fue incapaz de desplazar siquiera unos centímetros la crisis que nos apabulla.
Resumiendo: sí Rodríguez dimite ahora, hunde a su sucesor. Si Rodríguez aguanta, se le adjudica a él la responsabilidad y el P.S.O.E. "se lava" para los próximos comicios la cara... Y la calva.
Aunque va a ser inútil. Afortunadamente. De que sea Pérez el elegido -con lo que se le viene encima: un presente y un pasado voraces- hablaremos otro día.

viernes, 20 de mayo de 2011

Desobediencia civil

Intento imaginar a todos estos "protestones del otro lado" apelando a la ilegalidad de los levantamientos ciudadanos en la Francia de 1.789.
<<¡Mon Dieu: esto es un ultraje! ¡Esto es intorelable! ¡Es ilegal!>>.
Me hubiese gustado verlos en sus tertulias y foros insultando a la chusma (la misma que ahora se concentra en plazas de toda España) hambrienta, sucia, desesperada, y tildándola poco menos que de convención de holgazanes y cónclave de salvajes.
En el fondo, todos seguimos siendo los mismos, con los mismos espíritus intactos a lo largo de los siglos. Unos, soportando, sufriendo, uncidos a la voluntad de los otros. Y esos otros, siempre, medrando a costa de los unos.
Como decíamos ayer, cada uno cuenta la feria a su manera. Hoy son esos otros, los de las pantallas y verbo fácil protegido los que se quejan amargamente y con indignación del trato recibido por algunos medios de comunicación por parte de algunos imbéciles. Sólo, en una batería permanente de imágenes repetidas y bien montadas, en un bucle eterno, se centran (no sé yo si interesadamente) en aquellos que les "atacan".
Lo cierto es que en todas partes cuecen habas y además es inevitable y forma parte de las reglas del juego. Lo más sorprendente es que esos medios que no permiten intrusiones discrepantes en su entorno se quejen y apelen a la libertad de expresión. ¿Por qué se quejan de algo que ellos llevan haciendo mucho tiempo?
Ayer, un energúmeno increpó a la reportera de Intereconomía y le remitió a las "portavocías" invitándola a no entrevistar a los ciudadanos. Bien: ése gilipollas no me representa ni creo que represente a ninguno de los paisanos que simpatizamos con la protesta civil. Y, ojo, ni los voceros tampoco. Hay un acuerdo básico entre ciudadanos; pero, cada uno mantiene su independencia social e ideológica y, por supuesto, su derecho a no estar de acuerdo con todo lo que salga de la infinidad de reuniones que se hagan.




No obstante, decía, no entiendo muy bien de qué se queja Intereconomía cuando han estado (y generalizo en la marca empresarial, como siempre, ante la imposibilidad de concretar y especificar) descarada y alevosamente manipulando la información a modo. Donde las dan, a veces las toman. Pero, quede claro, que nadie, NADIE, tiene derecho a conculcar la libertad de expresión y el derecho a informar, ni siquiera a Intereconomía, El País o Veo7.

jueves, 19 de mayo de 2011

La puerta y el Sol

ada uno cuenta la feria según le ha ido. Acabo de oír a una periodista decir que aún no sabe el porqué del movimiento social que sacude toda España. Sí, toda España; porque la Puerta del Sol es sólo el símbolo, el centro, el punto de partida, por mucho que algunos políticos y periodistas pretendan ver lo que les interesa ver no por incomprensión del problema y de la magnitud real de la "indignación".
Es lógico que el sistema reaccione intentando eliminar todo aquello que pone en peligro su continuidad. Es lógico que los políticos -y sus medios- intenten desprestigiar y anular un movimiento social que puede -y creo lo conseguirá- acabar con unos privilegios ilícitos y con una estructura blindada concebida para perpetuar a una casta que ha convertido lo vocacional en profesional.
Si algunos aún no se han enterado, yo (humildemente) se lo explico.
El "movimiento de indignados" es un compendio de personas de todas las procedencias y de todas las opiniones-ideologías hartos de UN SISTEMA CORROMPIDO, no del sistema democrático. Sí surge espontáneamente; pero, es elemental, que paulatinamente vaya conformando una estructura de la que carece en su primer vagido. Sobre todo porque es una necesidad a cubrir que permite la difusión y una cierta coherencia; porque lo que a ellos les gustaría es la ausencia absoluta de cohesión (divide et impera) para poder eliminarlo más fácilmente. Aunque la explicación es más sencilla: ¿cómo puede estar estructurado y tener un programa -es lo que solicitan con cierta acritud e insistencia y como argumento de peso algunos políticos y periodistas- lo que es una mezcla de gente cuyo único punto en común es el desencanto? ¿Soluciones? ¿Por qué, si lo primero que hay que cambiar es lo que se pide: el sistema depravado en que han convertido la democracia? ¿Qué ha surgido de la izquierda, o de la derecha? ¿Y qué? ¿Eso le resta legitimidad a una reclamación justa? ¿O es que quien votó o simpatizó una vez con el P.P. o con el P.S.O.E. o cualquier otro partido ha de seguir siendo vasallo y cautivo de ese voto, de ese partido, de esa opción sin poder ya nunca más cambiar de opinión y, por lo mismo, callar siempre y condescender ante los atropellos que perpetren? ¡Pero si eso es lo que se quiere erradicar! ¿Qué es eso de "comparto sus inquietudes y lo que piden pero esa no es la forma"? ¿Cuál es la forma, seguir soportando en silencio y continuar permitiendo la tiranía bipartidista que no permite críticas, que no admite ningún mecanismo de defensa de la ciudadanía frente a los abusos de los poderosos? Alguien, ayer, descolgó que el sistema se cambia desde dentro. ¿Y no es lo que se está haciendo? ¿No se está actuando desde el verdadero sistema y no desde el sistema impostor al que nos han encadenado? ¿Cambiarlo desde dentro de los partidos? ¿Por qué? ¿Desde cuándo es imperativo pertenecer a una "formación" para ejercer un derecho muy superior al de asociación? Más si tenemos en cuenta que desde dentro de los partidos y sus disciplinas, no se puede cambiar nada; ¿o alguien cree que es llegar y besar el santo sin oposición ni zancadillas? La sarta de sandeces expuestas estos días tratando de desacreditar al movimiento fraguado es colosal. Más cuando el ultraje permanente está aventado por una vena autoritaria y el miedo a perder las prerrogativas ilícitamente obtenidas. Si no, ¿a qué tanto ataque? ¿O es que la libertad de expresión sólo la pueden ejercer los políticos y sus medios?
El movimiento ciudadano se asienta en una premisa fundamental: recuperar una democracia que nos ha sido hurtada descarada e impunemente. Lo vemos cada día. Cuando comprendan algo tan simple, puede que empecemos a poder hablar. Aunque la evidencia es testaruda. La resistencia de los poderosos y su empeño en borrar de la haz del país a los "indignados" es muy ilustrativa. Y la verdad es tan clara como concisa: todos aquellos que a lo largo de estos días reconocen que el sistema contiene errores de base pero no quieren cambiarlo, protegen a quienes están asentados en los poderes; aquellos que reivindican lo mismo pero con la boca chica del populismo y no se suman de facto a la propuesta que dicen compartir es porque están cómodos en ése sistema y por lo tanto son sus cómplices. Tanto como quien ve cometer un asesinato y no lo denuncia. Quién defiende un sistema corrupto es un corrupto. Lo demás es buscarle tres pies al gato. Seguirán torpedeando el levantamiento apelando a los cuatro subnormales -enviados por quien sabe quien- violentos que hay entre la mayoría "normal". Argüirán, en función de aquellos que no respetan -aleccionados por sabe Dios quien-, que el levantamiento es una congregación de antisociales (no sé dónde ven lo peyorativo de "antisistema") y tejerán un sinfín de mentiras, manipulaciones y artimañas más destinadas a envilecer una causa que ellos no comparten y por eso, entre otras cosas, les molesta. Todo porque lo que hay en toda España es su PUERTA y su fin y nuestro SOL y nuestro principio, el de ciudadanos libres con resortes para defender una democracia verdadera; es el tiempo de una nueva época que poco a poco -lamentablemente despacio- cambiará un estercolero por un paisaje limpio y fértil.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Vuelva usted mañana... O dentro de tres meses

Escribir en España es llorar, que dijo el trongo. Pero, bregar contra la marea burocrática de las administraciones es llorar, patalear, desesperarse y agonizar.
No sé a qué llaman ventanilla única ni para qué sirven las bases de datos y la centralización documental informática si el ciudadano debe seguir peregrinando de parroquia en parroquia buscando, y aportando, una documentación que las sedes administrativas ya (se supone) tienen. ¿Para qué, entonces, los ordenadores? Pues, hombre, para jugar al solitario, para chatear y para mandar recetitas a la suegra. Eso sin contar que la ingente cantidad, exagerada, que hay que llevar de papelotes recabados en una gloriosa carrera de obstáculos y resistencia que termina, no siempre (todo hay que decirlo), frente a un amargo funcionario mosqueado de entrada porque le has jodido la interesantísma lectura del Marca.

martes, 17 de mayo de 2011

Antisistema

na buena porción de medios (y enteros) de comunicación llevan tiempo extendiendo -intencionadamente- la especie del antisistema como ser violento rechazador del orden establecido, carente de valores morales, holgazán y un rosario largo de calificativos denigrantes. Para esa gente lo antisistema es un crisol en el que se amalgaman perroflautas, anarcos, ninis y otros desahuciados del gremio de los socialmente incorrectos. En su concepción de las cosas no entra un antisistema encorbatado, con traje dos mil de sastre que lo distinga de la más popular y humilde marca ACME y despacho en la zona noble de la ciudad. Tanto es así que el único análisis que han sido capaces de extraer de los últimos eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa es una romería de titulares tan inexactos como escorados. Se han centrado en una algarada (quizá la única) salpicada de dudas sobre sus promotores y protagonistas obviando a todos cuantos acudieron a la concentración como lo que eran: desempleados, pensionistas, estudiantes, amas de casa, ciudadanos libres y hartos del fraude, de la manipulación constante, de la tiranía solapada impuesta por un sistema incongruente. En dichas movidas habría punkis probablemente, rameras probablemente, jaques irreverentes probablemente...¿Y qué? También tienen dignidad, derechos y criterio. Pero, también hubo trabajadores aunque no quisieron verlos, también hubo curas estipendistas aunque no quisieron verlos, también hubo médicos, profesores, funcionarios, agricultores, trujamanes de sánscrito o comerciantes aunque no quisieron verlos. Todos alentados por un objetivo común, lícito y justo. Esa mayoría quedó invisible (para ellos) gracias a su obtusa -nula- capacidad interpretativa o a su voluntaria sandez sumisa, apriscada.
Cada uno ve lo que quiere ver o por lo que le pagan que vea. Antisistema fueron los resistentes al régimen franquista o los opositores a Hitler, Stalin o Papá Doc. Antisistema son los enfrentados a Castro, Chávez u Obiang Nguema. Antisistema son los que, parapetados tras sus vulnerables pechos, salen a las calles ismaelitas reclamando democracia. Y los rebeldes del 15 M (y 16, 17, 18...) también lo son, lo somos, porque pedimos legítimamente la demolición de una configuración viciada y corrompida para consolidar, nada más y nada menos, algo tan descabellado como el cumplimiento -entre otras cosas- de una Constitución vigente y vejada constantemente, cuando no socavada, y la modificación de las normas que impiden la aplicación de aquella. ¿Sorprendidos, señores "anal istas"? Y todo porque los verdaderos antisistema son los políticos, los banqueros, los mercanarios del enriquecimiento ilícito en todas sus versiones; porque los genuinos antisistema son los jueces y fiscales dedicados al cohecho y a la prevaricación; porque los auténticos antisistema son todos aquellos cuya misión y función es velar por los intereses y derechos de la ciudadanía y su progreso y no lo hacen sobornados por los poderosos. Esos sí son los antisistema y a esos hay que combatir. Esos, como los periodistas de crónica consignada y anfibología barata; esos, como los maestros de cátedra dirigida; esos, como los sindicalistas aleccionados y "simoníacos" son los que incumpliendo el sistema van contra él; esos, como las grandes empresas que vulneran la ley o se la inventan impunemente ensanchando sus beneficios a costa de trabajadores y usuarios; esos, como los que viven del parasitismo ministerial, el amiguismo y la dádiva por afinidad. Todos esos, y los que se me olvidan, son los antisistema. Porque el sistema parte de unas cláusulas que ellos no respetan y que son las que el ciudadano, en ejercicio de su soberanía, debe recuperar e imponer.

lunes, 16 de mayo de 2011

Nos comeremos las papeletas

Inmoral. Eso es lo más suave que se me antoja.
Abro el buzón postal y está pletórico de sobres rellenos, como hinchados pavos navideños, de papeletas electorales. Como estímulo para quien sólo recibe avisos del banco y otras fuentes estafadoras estaría bien (por eso del cambio y la novedad) si no fuera porque con la que tenemos encima la platita que se han gastado, y cuya factura nos repica luego a nosotros propios, bien la podían haber invertido en algo más productivo y solidario.



El envío a domicilio de las papeletas me parece un acto abominable y absurdo. Un gasto superfluo que mal está en la bonanza y que está mucho peor cuando hay familias sin ingresos, sin más opciones que el hambre y la búsqueda derramada en los cubos de la basura. Que estén imponiendo mermas y anulando ayudas mientras dilapidan (porque lo dicen ellos y sin contar con nadie) un dinero de todos es repugnante y perverso. Que pidan austeridad mientras (ellos comen con cinco tenedores y duermen bajo cinco estrellas con nuestros fondos) derrochan a espuertas un dinero que podría alimentar familias, pagar hipotecas o evitar cortes de suministros, es abyecto: eso si es abyecto, señor Pérez; eso sí es el colmo de la vileza.
No sé cómo quedará una ensalada de papeletas electorales en el bol. La supongo amarga. Sin embargo, a quien no tenga otra cosa más a boca, se la recomiendo siquiera para engañar las hambres.
Nuestros políticos han sobrepasado con mucho la línea que protegía nuestra dignidad. Han sobrepasado muy de largo la franja de la honradez porque se saben invulnerables, intocables en el olimpo del que nos negamos a expulsarlos empujándolos al vacío eterno. Su descaro, su impertinencia, su desvergüenza, han disuelto cualquier atisbo de honestidad en ellos y nuestra estupidez y cobardía, hacen el resto. Dejémonos engañar una y otra vez, excúsemonos y excusémosles y en estas elecciones nos comeremos las papeletas; en las próximas, ya veremos... La hierba de los parques. Y entre tanto, que gasten, que gasten.

Eppur si muove

No me sorprende que los dos grandes partidos, tan pagados de sí mismos, hayan dejado pasar la oportunidad de ganar para sus causas a toda la muchedumbre indignada y disconforme que ayer tomó las calles españolas. No me sorprende porque ni han calibrado bien el impacto del movimiento social ni han asumido, en su perversa arrogancia autoritaria, que fuera de sus universos decadentes pudiera haber vida política. Pues, la hay.
Muchos fuimos los que, a través de la red, plantamos semillas que han empezado a germinar. Como yo, creo que la mayoría lo hicimos convencidos de que servíamos en bandeja una utopía y nos reconciliamos con la idea de que, al menos, nuestra reacción indignada quedaría como un lícito desahogo venial más que como un reclamo a la masiva impugnación y reprobación de "nuestros" políticos. Nos equivocamos. La idea germinó y cobró vigor en lo que parecía un erial, un campo yermo avezado al estatismo.
Ayer la ciudadanía salió a las calles. Gentes de todos los caletres y condiciones unidas por un lema trascendente a sus ideologías, aliadas en una causa común.



Alguien debería haber tomado nota de lo que se les viene encima. Porque no son sólo las personas que ayer exigieron la restitución de las parcelas democráticas expropiadas por nuestros políticos, banqueros, sindicalistas, etc... No sólo son las personas que ayer, dando un paso heroico al frente, dejaron el eco de un clamor ensordecedor pidiendo la restauración de derechos, de la ética más elemental, el derribo de una estructura corrompida, desleal y abusiva. Son, también, los millares de conciudadanos que no estuvieron presentes pero que, llegado el momento, actuarán en consonancia y consecuencia con éste -relativamente- pequeño "Solidaridad".
El caudal indignado ha roto los primeros diques de contención, las primeras defensas y reticencias. Poco a poco, pero consolidado, avanzará hasta esos muros que los políticos y los "poderosos" creen inexpugnables y también los delendará.
Tengo esa esperanza; la de que haya empezado algo imparable capaz de enfrentarse a los poderes establecidos y capaz de modificar las estructuras. Capaz de conquistar para los ciudadanos mecanismos de defensa contra las aberraciones y vejaciones de que somos diana. Y tengo la esperanza de que, en su desconcierto, los dirigentes políticos, los usureros, los jueces y fiscales, los intermediarios, los constructores y hasta los curas simoníacos si hace falta, se den cuenta de que el mal no está sino que el mal son ellos, el "ellos" de carne y hueso que ha sido desenmascarado definitivamente, que lo sabemos y que vamos a empujarlos sin piedad, que vamos a galopar hasta enterrarlos, para siempre, en el mar.

domingo, 15 de mayo de 2011

El voto inútil

ay que pensárselo, sí. Como también hay momentos en los que prima tomar una decisión.
Rara vez en un país "democrático" es la mayoría ciudadana real la que toma las urnas. Casi siempre, lo que prevalece es el absentismo electoral, el desentendimiento por indolencia, por desencanto, por inconformismo o por indecisión.
Inhibirse de la decisión es un derecho, no cabe duda. Pero, también es una opción inútil cuyo resultado (lejos de ser estéril o aséptico) puede ser más perjudicial que beneficioso y, desde luego, en ningún caso neutral.
No involucrarse en la elección de quienes han de "representarnos" puede comprenderse como un acto de fe o incluso de rebeldía. Si embargo, y como excusa meritoria, tiene también sus límites. En condiciones "normales" -cuando los políticos son honestos y buenos gestores en general; cuando la nación progresa adecuadamente; etc...- incluso sería comprensible porque no afectaría al curso razonable de las cosas.
La situación que atravesamos en la actualidad es otra, es "anormal" y muy crítica. Una situación que impone un cambio radical en las estructuras política, económica, judicial, laboral, cultural y social que sólo puede conseguirse con la participación activa y masiva de todos. No hacerlo, no implicarse, parapetarse cobardemente tras cualquier razonamiento, es traicionar a todos cuantos alientan e impulsan su desigual lucha contra el sistema establecido, aberrante, corrupto y cruel, que quienes lo dominan (unos farsantes e indecentes) en la actualidad fomentan y quieren perpetuar. Sí, serán cómplices como lo son todos aquellos que sostienen al hato de ladrones que, de una u otra forma, nos gobierna.
Y, ¿cuál es la alternativa?
Pues, cada uno, tiene que encontrar su clave. Lo que a mi me vale es sencillo.
Votar a los dos grandes partidos es prorrogar indefinidamente un estado de incomprensibles privilegios para todos aquellos que nos someten, nos devalúan y nos postergan.
Mi solución, por tanto, es votar a partidos que estén fuera de ése ámbito irrespirable por hediondo. ¿Y por qué? Porque lo importante es apearlos del poder, discriminarlos, y colocar a otros que llegarán con la certeza de que la "bestia" soberana ha despertado y ha recuperado su poder legítimo; llegarán con la certeza de que sus "escaños" son inestables y quedan a merced de los administrados quienes en cualquier momento pueden, ejerciendo sus recuperadas facultades, deponerlos y exigir una responsabilidad que ahora brilla por ausente.
El "todos son iguales" que unos usan para escaquearse y otros para escudarse en la decisión de renovar su "confianza" a los suyos de siempre apoyándose en una falsa ideología inexistente es fácilmente desmontable.
Primero porque no es cierto. Segundo porque, ¿cómo lo saben? ¿Quién se lo ha dicho? Y tercero porque sí no se vota por esa "razón", más motivo para buscar una solución en la que no estén presentes quienes provocan la desconfianza; si se vota a los mismos, entonces se está admitiendo que conscientemente la pretensión es mantener a unas castas concretas. Eso indica que quien lo hace carece del más elemental atributo ético y moral; luego, es un sinvergüenza como aquellos que espera le representen.
Hay que tomar una decisión. La decisión, desde mi perspectiva, acertada es votar y hacerlo a aquellos que ahora tienen escasa o nula representación. Si acceden al poder y hacen bien la tarea que les hemos encomendado por delegación, habrá que premiarlos. Si acceden al poder y no hacen nada por cambiar la situación o se conchaban entre ellos para obtener prerrogativas personales o partidistas y no el beneficio común, entonces, en los siguientes comicios habrá que defenestrarlos; y así una y otra vez hasta que los ciudadanos consigamos no sólo una verdadera democracia, sino recaudar el estatus que nos corresponde: somos los jefes... Y no al revés.
Yo ya he tomado esa decisión. Me decanto por UPyD. No obstante, si alguno de los muchos miserables mamporreros de los dos "grandes" partidos quiere entablar debate... Heme aquí.


Esta vida miserable...

Visitar esta vida, la que a mi me ha tocado en suerte, no ha sido (ni es) agradable. Haciendo un somero balance, lo más destacable es que en su mayor parte -de la parte vivida, evidentemente- es que el tiempo se ha consumido en remordimientos, desencantos y desconciertos, y en una absurda y devoradora desorientación. Los alicientes y la ilusión no han sido sino espejismos volanderos, torpes estímulos de la confusión.
Sí, porque, ¿cuál es el sentido de todo esto? No es lo peor el estar confinados en una pequeña bola de polvo cósmico irrelevante en una inmensidad abrumadora. No. Lo peor, de momento (porque todo puede siempre empeorar) es que hemos aprendido mucho sin avanzar nada. O, quizá, al revés: hemos avanzado mucho sin aprender nada.

sábado, 14 de mayo de 2011

El experimento

l argumento es sencillo. Un científico (o un grupo, da igual) decide hacer un experimento. Coge cuatro monos -no tres ni doce, aunque puede ser una cantidad aleatoria, asignada al azar. Los confina en una amplia habitación de la que no pueden salir aunque pueden disfrutar de una amplia gama de distracciones con las que sentirse "realizados" y moderadamente satisfechos de su existencia trivial. El científico deja a uno a su "libre albedrío", abandonado a su instinto. A los otros los estimula intelectualmente pero no con la misma intensidad ni dedicación hasta que cada uno de ellos consigue "pensar" por sí mismo y procurarse la forma de seguir progresando. Uno de ellos lo hace y avanza mientras los otros entran en una fase de conformismo que les permite llevar una vida tranquila. El mono ignorante busca constantemente comida y duerme. Los "normales" se organizan y realizan las tareas que se han impuesto a sí mismos no sin cuchichear en los rincones y quejarse amargamente de cuánto más felices serían si alguien les abriera las puertas de aquel claustro y de cuán tirano es el científico contra quien no quieren rebelarse pese a que le culpan -con razón- de su confinamiento. El más "evolucionado" recuerda que ya buscó la complicidad de la sociedad simiesca para huir de allí y que todo fue en vano y piensa; sin embargo, cuanto más piensa, más comprende que nunca podrá salir de ahí, que nada va a cambiar, y se va hundiendo en una razonable y lógica angustia para la que inventa un nombre: desencanto. Cada vez más triste, opta -ya muy cansado- por abandonarse, por fijar la mirada turbia de la locura en un punto lejano y fijo del horizonte imposible y espera a ver pasar su propio cadáver...
Cuando me apetezca doy un repaso; no para mejorarlo porque un mediocre no puede mejorar nada. Pero, a lo mejor, puedo corregir algo.

jueves, 12 de mayo de 2011

La casualidad

Aquellos que se dejen llevar por la superstición verán en el acontecimiento un hecho revelador y significativo. Quizá lo sea. Sobre todo si atiendo a cómo se ha desvelado el asunto.
Esta mañana estaba "ajustando" un par de cosas en el ordenador de la Galería Artes cuando, por alguna extraña e inexplicable razón y para verificar algunos cabos que parecían sueltos, he decidido probar una entrada a mi blog. Hasta ahí, evidentemente, no hay nada extraño. Y hubiera seguido siendo normal si no fuera porque al no admitirme los datos de entrada, no me ha quedado más remedio que deducir (erróneamente) que dichos datos no eran los correctos. Así pues, he cambiado la dirección de correo de acceso y he escrito la contraseña.
Mi sorpresa ha sido mayúscula al ver cómo, de repente, entraba en un blog -también mío- que inicié hace más de cuatro años y del que yo me había olvidado por completo.
Tiene cuatro entradas. La última corresponde, nada más y nada menos, que al 24 de Mayo de 2.007.
Son notas lacónicas, sin relevancia ni trascendencia. Sin embargo, de repente, he sentido una mezcla de pudor, remordimiento y ternura hacia ese blog olvidado, algo marchito ya, pero vivo.
Como, en el fondo, soy un sentimental, he decidido mantenerle. Alimentarle de cuando en cuando con alguna palabra... E incluirle, como reliquia, como vestigio respetable, en éste.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Mi pequeño homenaje

Podría intentar unas palabras, evocar algún recuerdo, contar alguna de las anécdotas que presencié y disfruté. Sin embargo, creo que el mejor homenaje que puedo hacer a la abuela Elisa es dejar aquí, en mi mediocre blog, la letra de uno de sus nietos.


Cien años de la abuela Elisa (I)

No sólo va sumando años a la vida, sino que tiene particular empeño (perdonen la frase manida pero cierta) en sumar vida a los años.

Cuando crees que ya la conoces bien, inevitablemente te acaba sorprendiendo. Lo asombroso no es la fecha de nacimiento que pone en su D.N.I. (17 de abril de 1911) sino otras muchas cosas: su desenvoltura y resolución ante las situaciones, su particular forma de cuidarse, su conexión con el mundo que la rodea, su afán por informarse de lo que pasa en la sociedad, sus ganas de seguir aprendiendo todos los días, su disposición a adaptarse a los cambios, sus conversaciones, su sabiduría sencilla, sus sentidos (incluido el sexto) siempre atentos a cómo le va a la gente que quiere, su capacidad de disfrutar de las cosas que de verdad le importan en la vida…

Tú no le has contado un problema para no preocuparla y, el día menos pensado, te suelta una frase cómplice y lapidaria. No sólo se ha percatado de todo, a la chita callando, sino que además, como el que no quiere la cosa, te deja caer su diagnóstico y su consejo, tantas veces certero.

Cuando sus hijas estaban todavía intentando enterarse, ella (con noventa años entonces) ya había aprendido a administrar su pensión y comprar en euros, o a ir a recargar la tarjeta de su teléfono (“anda, claro que tengo móvil, de los primeros que salieron”, presume aún hoy).

Hasta no hace muchos años, iba a comprar, hacía gestiones en el banco… Con cien años vive sola en un piso, aunque al lado del de una de sus hijas. Sigue cocinando y, si te pasas a verla, como poco te prepara un café pero, si es la hora, te quedas a comer o a cenar, que ella ya improvisa en un momentito. Escucha la radio (“me gusta más que la televisión, que siempre está con las mismas tontunas” dice, refiriéndose a los programas del corazón, aunque las telenovelas sí le gusta seguirlas). Le dijeron alguna vez que era “la mujer más rica del mundo” porque ha gozado toda su vida de buena salud: asegura que no sabe lo que es un dolor de cabeza. Hace unos años tuvo rotura de cadera, pero le colocaron prótesis y hala, a seguir caminando, con zapatos altos si es preciso. No se descuida físicamente. Pasea por la calle a diario, salvo que el suelo esté helado (el frío le da igual, es abulense). Y no se descuida mentalmente. Le gusta mantenerse activa y estar al día, disfruta de la lectura y de la conversación. Pero sin malos rollos, eso sí: no aguanta que le dé el tostón la gente negativa que siempre se está quejando de todo. Es animosa: sabe afrontar las penas que trae la vida y sabe paladear las alegrías.

Que tu abuela cumpla 100 años y seguir disfrutando de ella es un privilegio. Pero tener una abuela como Elisa, con independencia de su edad, es en sí mismo un privilegio.

 Carlos Javier Galán.

Cada dolor

Sostengo que, así como el dolor individual siempre es el mayor dolor posible -por tanto incomparable y respetable-, un solo segundo puede contener todo el dolor del universo, el dolor más intenso e insoportable.
Por lo mismo opino que el sufrimiento es independiente de su causa ya que el mismo origen no tiene por que manifestar idéntico grado de tormento en personas diferentes.
La pérdida de un hijo, de un amor, de un trabajo, de un objeto valioso, por ejemplo, no se sufre ni se soporta de igual modo por cada ser. Unos lo llevarán con estoicismo y resignación; otros, en cambio, se sumergerán en la amargura más devastadora y optarán por una solución radical y definitiva; estos aplicarán todo el cinismo posible, y aquellos lo tomarán como algo sin importancia.
El hecho será el mismo; la reacción, no.
Desde afuera es muy fácil criticar el comportamiento de los demás, reducirlo a nuestra visión parcial y sesgada desde la que determinamos una ausencia de valor, de inteligencia, de resistencia, etcétera, sin ponernos en su piel, en la tortura que los otros están padeciendo.
Como mucho, a veces y estúpidamente, colamos aquello de "pues, no es para tanto: a mi me pasó algo similar y mírame, salí adelante" cayendo, de nuevo, en el error de base: no es un dolor análogo.
Lo absurdo de toda esta extraña urdimbre vital es que la mayor parte de los dolores serían evitables. Sí. Bastaría con que los humanos nos condujéramos con unos mínimos de ética, de sentido común, de generosidad y altruísmo, de comprensión elemental. Pero, nos puede el egoísmo, nuestra búsqueda permanente de una felicidad capciosa que nunca, por mucho que nos empeñemos, será plena si no es compartida. Compartida porque, lo queramos o no, necesitamos que otro ser la confirme, nos corrobore como seres dichosos y difunda esa utopía.
Sé que es discutible. Que hay quienes piensan que la vida no es más que ensayo y error y que sin esos impulsos que facultan conflictos, la vida perdería esencia y sentido cayendo en la monotonía y el absurdo. Esto, en sí mismo, es una contradicción porque sí la felicidad precisa ausencia absoluta de problemas, ¿por qué todos, incluso quienes la denostan, la buscamos tan fervorosamente?
Hoy dos amigos míos, a causa de un dolor infligido de una forma "irregular" (no sé si consciente o inconscientemente), han roto definitivamente su vínculo. No sé cuál de los dos tiene razón, puede que los dos; acaso ninguno. Sólo sé que el perjudicado, tiene dolor y ése dolor es legítimo en la medida en que sufre y más allá de que su visión del problema sea certera o esté distorsionada: eso no importa.
Ya no hay solución y todo viene por esa costumbre humana de no ponernos en la situación del prójimo o por tratar de analizarla trayéndola previamente a nuestro terreno en donde siempre somos los reyes y siempre, claro, tenemos razón.
Es lamentable (es mi conclusión) el afán de los hombres por lastimarse unos a otros. Nos llamamos, en falso, sociedad y alardeamos de los logros, de lo que conseguimos siendo colectividad. Nada más lejos de la realidad: buscamos a los otros para conseguir nuestras metas, para cumplir nuestros anhelos ruines y mezquinos: nos pisoteamos en cuanto surge la más leve oportunidad. Y alguien lo paga, o muchos álguienes. No nos importa. Nuestro egocentrismo pesa más, nuestra ambición es más poderosa, nuestra ficticia felicidad resulta más importante.
Eso por no hablar de que vivimos sumidos en la cultura del dolor: "el dolor es positivo" que dijo Schopenhauer para luego quedarse tan pancho. O esos médicos, muchos aún, demasiados, que en vez de paliar los humanos padecimientos, como a ellos no les duele, te descerrajan ese "esto no duele" o "te quejas de vicio".
Erradicar el dolor, todos los dolores, debería ser un objetivo común y apremiante. Y estaría bien empezar por no provocar algunos tan arbitraria como insensiblemente.
Hoy me he dado cuenta de que lo peor de tener amigos es que puedes perderlos... Pero, la vida (mediocre, miserable, patética) sigue y el que venga detrás, que arree; y al que le pique...

viernes, 6 de mayo de 2011

A sangre fría

as bocas llenas. De indignación, de palabras hueras, de conceptos horros. Con la sentencia de anoche del Tribunal Constitucional -un Tribunal que nadie sabe qué es ni para qué sirve exactamente- permitiendo a Bildu comparecer a las elecciones, vuelven otra vez los ayes y lamentos a una orilla y las sonrisas, el cinismo oprobioso y la restitución de la confianza en las "instituciones democráticas" a la otra.
De súbito, ha triunfado la democracia y de repente también el Estado de Derecho, debilitado ya de por sí, ha sufrido un revés definitivo del que ya nunca podrá recuperarse.
Es la misma cantinela de siempre. Una melopea monótona y crispante que empacha. Es el desacuerdo más feroz procedente no de la discrepancia sino de alentar una estructura que nadie ha querido modificar. Entonces, ¿a qué tanta lamentación?
Las evidencias son pertinaces. Otra cosa es que o bien no interese verlas o bien quieran taparse. Ahí, sin embargo, están. Como la Puerta de Alcalá.
Negar (o solapar) el vínculo incestuoso que mantienen los tres poderes -ejecutivo, legislativo y judicial- es una tarea imposible por mucho que se disfrace con argumentos falaces o sofismas tendentes a argumentar lo contrario indefendible. La certeza verificable es tan arrolladora que sólo un esforzado ejercicio de aislamiento absoluto podría, en el caso extremo, permitir que alguien la ignorara. Los tres poderes son más que amiguitos, comparten corruptelas y disfrutan de un desorden ético absoluto. Bien distinto es que esa condición abominable, adquirida por costumbres repugnantes y no por esencia, nos la quieran colar como pureza institucional y, entre col y col, embaucarnos.
El mismo hecho (y su resultado) que para unos dimana del respeto y del triunfo del sistema; para otros procede poco menos que del Averno. Algo falla; algo no va bien. Lo saben; pero, lo mantienen porque en su sostenimiento quedan protegidos sus privilegios: es la perpetuación de su especie.
Con aquello del "respeto a las decisiones", se remata la faena. Es difícilmente masticable, cuanto más digerible. La resolución de un hombre, aunque sea juez, no implica que sea coherente ni justa. Más aún: la resolución de un juez no es otra cosa que una opinión elevada a rango de indiscutible e intocable, de axioma. La pregunta es, ¿porque lo dice quién? ¿La sociedad? No. A la sociedad siempre le han venido las cosas (las buenas y las malas) impuestas por sus gestores, por sus censores y por sus cuestores... Lo que no la exonera de responsabilidad, empero.
Que una decisión judicial se imponga no significa que, en su resignado acatamiento, no se pueda discutir. ¡Cuántos errores judiciales se registran a diario en España! Véanse las estadísticas y que el estremecimiento consuele. Mucho más si tales resoluciones derivan de promiscua concomitancia "inter pares", como es el caso de la relación conchabada de políticos y jueces, consagrada a sus propios intereses y bendecida por el mutismo social. Pero, se llama al acatamiento. ¿Por que? ¿Por qué se han de acatar imposiciones injustas, escoradas, manipuladas, interesadas, lo que sea, sobre todo cuando lo son manifiestamente? Probablemente porque si se optara por un acto de rebeldía general, no quedaría títere con cabeza. Y nuestros títeres aprecian mucho sus testas y sus poltronas. Aunque pueden estar tranquilos porque en ese aspecto, la sociedad es extraordinariamente dócil. No corren peligro.
Por esta vecindad pulula, además, algo que me llama poderosamente la atención. Nuestros políticos (un buen número de ellos) cada opinión que experesan la justifican o la rematan con un sospechoso "nosotros los demócratas". Lo esputan con una desvergüenza escalofriante. Sólo quien se atribuye constantemente una condición o una cualidad, carece de ellas. Es el "dime de qué presumes..."; es el alarde heroico del cobarde; la ostentación del pobre; la falsa modestia del rico o la campechanía (casi siempre, como todo lo anterior, excesivo y ridículo) del aristócrata... Por eso recelo cuando alguien se refugia en tan débil parapeto. De inmediato intuyo que se auxilia para evitar que otro alguien le remueva un complejo siguiendo la pauta y costumbre de nuestro país. Aquí ya se sabe que "consenso es que los demás se sometan a mi opinión" y que todo ser discrepante es un "fascista". Estar siempre a la greña, de gresca, forma parte de nuestra naturaleza, de nuestro compendio y mezcolanza de orígenes, al parecer, irreconciliables. Si es difícil la convivencia, cuánto más no lo será la concordia.
Ahora, lo que viene, es un enzarzamiento irracional para captar votos. Como falárica el tú y el y tú más, el remover inútilmente una mierda que, inexorablemente, volverá bajo la alfombra de la que salió. Después, como siempre, de nuevo el silencio social, el conformismo.
No se buscarán soluciones. Al contrario, se buceará en asuntos que permitan la confrontación y mantener a la audiencia entretenida y sentada.
El conflicto se alongará cuanto sea posible cuando, en realidad, tal y como yo lo veo, ahora se puede despejar cualquier duda.
El Tribunal Constitucional ha admitido las candidaturas de Bildu. Bien, el Estado de Derecho, la democracia ha movido ficha. Eso era lo que, en teoría, quería la corporación mafiosa E.T.A: ya lo tiene, los suyos están en las instituciones "peleando" por sus "ideales". Por tanto, ya no hay razón -ni excusa posible- para no deponer las armas y entregarlas definitivamente. El Estado y la democracia han cumplido, cumpla E.T.A.
Salvo, claro, que todo no sea más que otra maniobra artera de un gobierno empecinado en mantenerse en el poder cueste lo que cueste...

jueves, 5 de mayo de 2011

La lección

oy he recibido una valiosa lección. No porque haya sido "impartida" por primera vez, sino porque hoy las circunstancias han favorecido que yo pudiera acceder a la comprensión de dicha lección.
Alguien, desde su lejana proximidad, me ha recordado que el olvido y el desdén, que fomentar la distancia, que la despreocupación, son muros enemigos que nosotros mismos nos imponemos, que son murallas inexpugnables que levantamos sin ser conscientes de que luego no seremos capaces de saltarlas. Me lo ha dicho sin rencor, sin reproches, sin saber que sus palabras calaban, quizá, de una forma muy distinta a su intención inicial. Y la mano extendida se ha convertido en un puente si no sólido al menos dispuesto a soportar un nuevo -aunque leve- peso.
Es cierto, sí: "Eres lo que haces y no quién dices que eres".
Yo no sé quién o qué soy. Sí puedo decir, en cambio, que tras reflexionar brevemente la única y dura conclusión es que no he hecho nada o, mejor dicho: lo poco que he sido capaz de hacer lo hecho mal o haciendo daño.




Quizá ya no tenga tiempo ni capacidad para hacer firme propósito de enmienda; quizá ya sea tarde, demasiado tarde, para cambiar la inercia de toda una vida. Lo único que puedo ofrecer en mi descargo es que, al menos y aunque no sea un consuelo, reconozco que me he equivocado de rumbo... Y de navío.

Descansa...

Te comprendo. Por éso no te juzgo. Como tú, yo también tengo demasiados frentes abiertos, demasiadas brechas sin restañar en esta vida extenuada. Sé cuánto dolor incorregible ha atormentado tu alma hasta devastarla. Sé que nadie aguanta eternamente. No sin báculos, sin defensas, sin respaldos donde apoyar la espalda adunca por el peso insolente del sufrimiento.
Te comprendo y por lo mismo entiendo tu postrera decisión definitiva, concluyente. La que te alivia del dolor y te libera de las cargas.
Hoy -por ayer- ya no has podido más y el cielo que temías ha caído sobre ti. Imagino la duda, la indecisión, las lágrimas licuando los ojos reblandecidos y ciegos. Imagino el pulso trémulo pasando el filo infame, rasgando la primera piel, la carne suave acobardada, hiriendo la cánula vital desesperada.
Lo que dejas atrás por lo que no hay por delante. Y el impulso atroz resuelve para siempre la promesa incumplida, cercena el desorden que ya no dañará más.
Te comprendo muy bien. Ahora, libre, al menos gozarás del tiempo inagotable y quizá, allí, hayas alcanzado la paz que aquí nunca hubieras tenido.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Creación y "SUSTITUCIÓN" de empleo.

ijo Gracián -y aunque no lo practico lo creo- que "lo bueno si breve, dos veces bueno".  Voy a intentarlo. Hoy también ha tocado la letanía acostumbrada del espejismo de los brotes verdes. España ya crea empleo. No es sólo aquel empleo estacional, que también.
No es mucho lo que hay qué decir sobre el asunto y no por reiterativo, sino porque cae por su propia gravedad. Las estadísticas se pueden interpretar como se quiera; pero, no deja de ser éso: una interpretación por lo común interesada y, por lo mismo, manipulada.
No sé por qué al empelo estacional se le considera, a efectos reales, empleo porque -como tal- no lo es. Empleo, desde mi punto de vista, tiene otras connotaciones y está sujeto a unas características entre las que la más importante es la CONTINUIDAD. Esto es, la permanencia y la prolongación temporal que permite, entre otras cosas, asegurar ingresos y a través de estos el crecimiento real de la economía. Lo temporal, lo inconstante, lo no estable, no es trabajo: es un parche que, en verdad, no resuelve nada.




Eso por un lado. Por otro me parece que se está ocultando a la comprensión clara de la ciudadanía un factor/dato -sin contar el homogéneo- que puede parecer irrelevante para traducir esa supuesta creación de empleo: la sustitución, la ocupación de las vacantes que van quedando en el mercado laboral. Tal y cómo lo plantean, da la impresión de que los nuevos empleados van a ocupar puestos de nueva creación. Eso no es cierto. La mayoría cubre los huecos que van quedando por jubilaciones y defunciones porque, con independencia del estado de cosas, la gente, los curritos, se siguen muriendo y se siguen jubilando. Contrastemos esos datos en un cotejo serio porque es posible que haya una correspondencia verificable, una relación, y veremos que del alarde gubernamental no queda más que otra burda mentira y de la falta de respuesta de la oposición...

Finos y seguros

Dice el presi Zapa, que "si está en manos de una mujer, podemos estar seguros". Sin duda: podemos estar seguros, finos y con alas.
La majadería, evidentemente, no está destinada a resaltar la valía femenina que ésa -en general- está fuera de toda duda. Más bien parece un guiño velado a su sucesión. O como tal, creo, hay que asumirlo.
Sobre todo porque si la referencia se hace para establecer una prevalencia de la capacidad femenina frente a la masculina, vamos mal. Como entre los hombres (aunque en nuestro caso la incompetencia se da con mayor frecuencia: a la vista está), también hay sectores femeniles que dejan mucho que desear. No me voy a retrotraer a los tiempos gloriosos de Rosa Conde, la ministra, o de las jóvenas de la señora profesora de instituto, creo que era. Basta un repaso más actual para ver que, como en todo lo demás, no es oro todo lo que reluce aunque reluzca mucho. Ni siquiera voy a mentar a la excelsa Maleni y sus grandes aeropuertos ni otros ejemplos dignos de infelice recordación ni a la gestión sin par de la señora Salado. Voy a dedicar unas líneas, pocas, a lo que como he dicho me parece referencia solapada: la Chacón.
Esta hembra de la especie humana, aparte de sosa como el agua de fregar -porque "manda güevos" el salero que rezuma la pretendienta-, no es el arquetipo de la eficacia ni del conocimiento por muchas carerras, másteres (antes decíamos "maestrías") y cursillos intensivo-avanzados de Estadística Bélica, Trincheras nivel usuario o Blindados modelo Hello Kitty que tenga.
Me da en el naso que la tontería es fruto de una frustración presidencial. Estoy convencido, porque haciendo repaso parece una obsesión, de que en el fondo del tío Zapa hay un ser incomprendido y acomplejado que  lucha para que aflore la Raquel que bulle en su interior.
Tanta sensibilidad es conmovedora. Yo, en mi inmundicia, reconozco que hoy por hoy las mujeres (en general) valen mucho más que nosotros; pero, tampoco hay que pasarse y menos cuando lo propugnado por activa y por pasiva es la igualdad sin más raseros. Hay muchas mujeres que me parece hubieran sido bonísimas Presidentas y que aún lo pueden ser. En mi listado no figura, de momento, ninguna del P.S.O.E. actual.
Por cierto que, en lo relativo a las sensibilidades femeninas y a que los hombres debemos fomentar y manifestar ese aspecto de nuestra naturaleza jugando con muñecas y un etcétera tan largo como estúpido, lo único que puedo decir es que, al menos yo, no tengo por qué ni me sale de la punta de las pestañas rizadas...

lunes, 2 de mayo de 2011

Música de fondo

ntuyo que todo es más prosaico, que el blanco día llega y nos sorprende aunque estemos preparados, aunque una luz cegadora colgada en el dintel nos avise el silencio próximo y el acceso inevitable.
La única diferencia puede estar en la agonía que a cada uno le depare la vida. Para unos será lenta, implacable , convulsiva y dolorosa; para otros, más afortunados, será dulce, un simple tránsito ameno tal vez copado de reconfortantes imágenes y recuerdos que se desvanecen dejando tras de sí el rastro de una existencia satisfecha. Unos se irán con el rumor de lágrimas de rabia, cansadas, heridas por la resignación y entre íntimos lamentos sinceros; otros, con el beneplácito unánime del alivio, con la prisa irrevocable de sus deudos por llegar cuanto antes al olvido.
Quizá la muerte de cada uno no sea la propia muerte física, real, concreta, sino la que provoca en los otros. Buena muerte y dichosa la de aquel que fallece rodeado sinceramente por los suyos y una vez ido permanece grato en sus memorias. Mala muerte, desdichada, la de quien oye la prisa por dar sus carnes a la fosa o al fuego y lee la indiferencia en los ojos de sus próximos.
Pero, nadie es dueño de su muerte. A mi también me gustaría culminar con una lenta caída de párpados, arropando los ojos ya vacíos con la última promesa y una sonrisa complacida y plena en los labios fríos. A mi también me gustaría dejarme llevar por una brisa tibia, por una corriente suave que envolviera mi cuerpo yerto y lo elevara entre caricias mientras los demás, los aún vivos, sonríen con miradas de tristeza y me besan la frente y sus yemas trémulas recorren mis labios, mis mejillas, mi cabeza. A mi también me gustaría partir estremecido, auxiliado por una grandiosa apoteosis final, como en el cine, acompañado por una hermosa melodía emocionada, una canción que dejara en su vuelo rasante una nota de ternura y melancolía antes de posarse sobre las almas permanentes... Sospecho, sin embargo, que eso no es posible.

Cómo son los liberales...

o sé si era "directo", "diferido", "redifusión"... No lo sé, y me da lo mismo. La última persona a quien se lo he oído y escuchado decir ha sido a la señora Aguirre, la de sus cóleras divinas.
Afirmó que ella era "liberal" y yo, de inmediato, pensé: ¡Joder, cómo declinan -por extraña mutación- los conceptos y las palabras!
Apenas lo rumié, caí en la cuenta no sólo de que todo evoluciona sino de que mi ignorancia mayúscula o mi precaria memoria podían haberme jugado una mala pasada siendo "liberal" otra cosa distinta a la/lo que para mí era.
Yo, de hecho, me creía liberal por la parte ancha del término y con las reservas naturales de todo "individualista". Me tenía por liberal y, por ende, por progresista (no se confundan socialistas y otras especies: ellos ni son progresistas ni sus "ideologías" existen). Esto es, por un individuo que aboga por las libertades. Me tenía por un ser que, aunque mediocre y casi siempre afónico, se oponía a cualquiera forma de tiranía (política, social, cultural, económica, etcétera). Era fervoroso creyente, firme, en la (inexistente) separación de poderes propugnada por la Ilustración manque le pese a Alfonso Guerra (nuestro más egregio montesquieucida), en la igualdad de oportunidades (y no en el nepotismo y otras prebendas), en el Estado de Derecho, en una democracia neta consagrada a los valores y los derechos del pueblo. Me sentía liberal por todo eso y por todas aquellas cosas que a la mayoría de nuestros políticos les suena a chino cantonés o se pasan, muy sutilmente, por el arco del triunfo.
Por eso me ha extrañado que Aguirre se imponga a sí misma esa "medalla". Al parecer, yo, como casi siempre, estaba equivocado pues ser liberal se reduce, única y exclusivamente, a postular el capitalismo salvaje. La señora Aguirre podrá ser muy castiza, muy campechana; podrá ser una mujer muy preparada por mucho que algún imbécil le tienda uno de esos "ingeniosos" juegos de palabras a los que el burdo humor español es tan proclive; podrá ser buena gestora. No lo dudo. No obstante, de ahí a que sea liberal, el trecho es morrocotudo. No puede ser liberal quien es elitista, como no lo puede ser nadie que -procedente de un estrato social con muchos posibles y más recursos (contactos, influencias,...)- de origen ya tiene más ventajas para seguir siendo altoburgués que un clasemediabaja. Ese grupo social al que ella pertenece, no nos engañemos, es un grupo dominante que con una economía (¡ahí está la clave de su liberalismo!) sin intervenciones sería todavía más dominante y no hace falta explicar ni el cómo ni el porqué y, desde luego, eso no es liberalismo; la oligarquía no tiene nada que ver con el liberalismo. Corrijo: no con mi liberalismo. Pero, ¿qué se puede esperar en un país donde, afortunadamente, se puede lucir una escarapela socialista, ser católico, republicano y vitorear al rey, todo a la vez y condensado en una sola persona?
Lo peor, no obstante, es la confusión a que inducimos con la palabrita. Resulta de todo esto que se puede ser liberal conservador/reaccionario o liberal progresista. Aguirre es liberal; Cospedal con sus buenos ingresos es liberal; Pajín con sus sueldos también es paradigma de liberal...
El concepto original se ha contaminado y ahora, con tanto liberal se hace obligatorio introducir matices  o extensiones para establecer la diferencia: económico-liberal, socio-liberal, religioso-liberal, político-liberal... Sin embargo está bien: es enriquecedor.
El único problema que veo es que ahora no sé dónde incluirme o de dónde excluirme.


...
Es de noche. Se platica
al fondo de una botica.
—Yo no sé,
Don José,
cómo son los liberales
tan perros, tan inmorales.
—¡Oh, tranquilícese usté!
Pasados los carnavales,
vendrán los conservadores,
buenos administradores
de su casa.
Todo llega y todo pasa.
Nada eterno:
ni gobierno
que perdure,
ni mal que cien años dure.
—Tras estos tiempos, vendrán
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarán...

ZEITGEIST: MOVING FORWARD

El universo cuántico

Demasiados secretos

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