sábado, 13 de agosto de 2011

¿Positivismo?

No sé lo que pasa en el mundo. Desde hace unos días (desde que llegaron mis hijos) apenas me entero de lo que pasa en este lamentable planeta. Por desgracia, la consciencia de que hay cosas que no cambian, que no se eliminan, que no se superan, que no se reparan, está ahí.
Sin embargo, esas informaciones crispantes del entorno inmediato de repente han desaparecido. No se han esfumado por arte de birlibirloque sino porque el interés, mi interés, ha cedido a una prioridad más suculenta y gratificante.
Hay, es cierto, salpicaduras que permiten mantener un delicado vínculo con aquella realidad, mantener el equilibrio de correspondencia social cuya ausencia nos convertiría en anacoretas funcionales. Pero, sólo son eso, salpicaduras: una imagen fugaz con palabras ininteligibles del candidato Pérez; una estremecedora, aterradora aparición del candidato Rajoy; las medusas playeras; un violento día londinense... De no ser por esas minúsculas motas, estaría desprendido de ese mundo.
Lo más sorprendente es que no lo hecho de menos. No hago nada por mantenerme informado, actualizado; no hago nada por enterarme de las cosas importantes que pasan en mi entorno porque las cosas importantes, más importantes, ahora ocupan toda mi atención y me acaparan hasta el éxtasis y la extenuación.
Digamos que no soy feliz pero lo parezco...

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