lunes, 24 de junio de 2013

OKUPAS Y TEORÍA IMPERFECTA DE LOS ESPACIOS VACÍOS

Según sople el interés, soplará el argumento. Para unos, ocupar y devolver utilidad a los espacios vacíos, abandonados, arruinados, o simplemente cerrados es una cuestión higiénica y de bien común que trasciende al derecho a la propiedad. Para los propietarios (y otros), la propiedad privada es siempre privada y privativa independientemente del uso y del estado de dicha propiedad. ¿Quién tiene razón? Quizá todos y ninguno porque tanto de un lado como de otro ejercen fuerza matices que, normalmente, no se consideran.
En cualquier caso, analicemos la siguiente cuestión: ¿A quién pertenece la soberanía popular y el poder que de ella dimana?
La primera respuesta será, lógicamente, la elemental: si es "popular", al pueblo.
De ahí, lo demás. La soberanía es, pues, una multipropiedad privada; un espacio privado-común, una mancomunidad con muchos propietarios, dueños, titulares.
¿Quiénes han allanado ese espacio? Pues, lo han allanado (usurpado) unos "okupas" peculiares. Peculiares porque, paradójicamente, son los que defienden la propiedad privada inalterable y su sacrosanto derecho y legitimidad, y son los del otro bando quienes quieren recuperar el espacio invadido por la desidia de parte importante de los copropietarios.
Usando sus mismos argumentos (o excusas) habría que exigir a esos okupas peculiares la devolución de la parcela -con independencia de que se use o no-. No es preciso (aunque ellos digan que sí lo es falseando el propio derecho a esa propiedad) que todos los dueños la usen o la visiten con relativa frecuencia; basta con que algunos de esos dueños exijan la devolución apelando a su derecho individual.
Nuestros políticos han robado la soberanía al pueblo. No sólo la han tomado, sino que, además, han levantado una muralla para impedir que sea reconquistada por sus legítimos.
Y, entonces ahora, ¿qué?
No sé, ¿quién lo sabe? Quizá haya que poner sitio inflexible y esperar; o tal vez sea preciso asaltarla para expulsar a los invasores antes de que por la cosa consuetudinaria pasen a ser los amos y señores. Salvo, claro es, que tras una asamblea de todos los comuneros, la mayoría decida que le importa un bledo esa importante parcela y se la ceda a perpetuidad porque "como la democracia es eso..."
Ahora bien, esa mayoría indolente y pasiva que prefiere no malgastar sus horas en recobrar ese espacio, que luego no se queje si un día cualquiera quiere entrar de nuevo en su soberanía y le niegan el paso: santa Rita, Rita: lo que se da...

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