jueves, 27 de octubre de 2016

ESA RANCIA ARISTOCRACIA

De cuando en cuando, es un leitmotiv harto socorrido, el PSOE saca a relucir la ya pesada letanía de sus no sé cuántos años de historia y luego, como queda la mar de bien, añade tras la copla el bordón de "al servicio de la democracia y de España". Ya se sabe que "lo pintan" es más fiero que el león, que no es oro todo lo que reluce y que el color del cristal con que se mira modifica lo que se ve, aunque lo que más modifica lo observado es el ojo de cada uno y sus defectos.
Cada cierto tiempo nos aventan a voleo -con el pitas pitas-, digo, esa monótona consigna con la que parece quieren justificar un lugar que no les puede ser expropiado, un lugar que -insinúan- les perteneciera por derecho divino. Es, de alguna manera, una especie de derecho feudal sobre el espacio político. Un derecho irreplicable e inalienable adquirido por el simple hecho de existir. Son como esos tipos que en la tarjeta de visita en cuyo ángulo superior izquierdo reluce un escudo de armas, bajo una ristra insoportable de apellidos cargados de nexos y guiones, ponen en letra bien visible el título nobiliario que ostentan, según ellos por encima del resto de los mortales. Apelan a que la legitimidad de su título se nutre de las heroicidades pasadas y en ellas basan su legitimidad presente. Nada más falso, nada más tramposo.
El PSOE, como esa aristocracia, es prescindible. Es prescindible como lo es la burguesía o los cazadores furtivos. Los médicos, los bomberos, los maestros son necesarios; los partidos políticos (y la mayor parte de sus dirigentes), no. No son un "pilar" -como quieren hacernos creer- necesario. Menos cuando hasta la fecha lo único que han demostrado es que son nidos de corrupción que, para colmo, mantenemos con nuestros dineros.
Yo lo siento; pero, a diferencia de aquel alcalde (Rafael Alonso) de Amanece que no es poco, el PSOE -o cualquier otro partido político- es contingente y es innecesario. Que no os engañen, porque toda esa pantomima no es más que para mantenerse unos cuantos en una posición de privilegio de la que han hecho su forma de vida e ingresos y que ahora, más que nunca, ven peligrar.

miércoles, 5 de octubre de 2016

ALGARABÍA

De vuelta a casa extraigo de la madeja de pensamientos uno y me concentro en él: “Octubre. Una temperatura agradable. Si este es el cambio climático, yo firmaba ahora mismo por mantener esta tibieza reconfortante todo el año: esto es calidad de vida. El ser humano (“hombre” que se opone, en su definición, al hombre “ser hijo de puta”) ya es capaz de hacer hielo o lluvia, de desalar agua o potabilizarla, de reproducir plantas o repoblar y muchas cosas más que permiten alterar la Naturaleza para mejorarla -ya sé que la realidad es otra y sé el porqué- y hacer este mundo más confortable. No veo, por eso, la necesidad de pasar fríos ni calores extremos. Lo pienso y sí: firmaba esta temperatura todo el año: un eterno suave clima tropical”.
En esto estoy cuando me saca de mi atolondrada abstracción el tipo que me pisa los talones. El alógeno desmenuza, pegado al teléfono portátil, una (para mi novedosa) aljamía que, como el espanglish, se habrá fraguado casi “sin sentir” y que es una peculiar amalgama de su lengua nativa y de la vernácula mía. Así, intercaladas entre sonidos aspirados y guturales, reconozco palabras y frases de mi verboteca. Le salen mezcladas, espontánemente, con naturalidad no forzada, están integradas; son parte de su discurso y del del receptor. No desvirtúan la lengua dominante del hablante; parecen enriquecerla, nutrirla de nuevos conceptos y tiempos verbales inexistentes antes en ella. No hay confusión, no es algarabía; es más una simbiosis o una adaptación al nuevo medio que se expresa con tiempos, pesos, medidas diferentes, más amplias, que urgen la necesidad de inmiscuirse en la lengua autóctona: es una cuestión de conjugar el desconocido futuro. Acaso sea una consecuencia de la ley pendular de la Historia que nos revive a lo mozárabe y lo mudéjar. De ahí paso al vecino -también foráneo- que se excede con la colonia, que se atusa (tal vez sea cristiano, que también los hay en ese pueblo, o en esos pueblos), a las jóvenes con las que me cruzo con frecuencia, coquetas, cosmetizadas, con sus vaqueros ajustados, con su escote alguna, con su minifalda alguna, con sus tacones y sus adornos alguna.
Pero, inevitablemente, también acuden a mi cabeza las sombras, las zonas oscuras. Me vienen aquellos otros que siempre celarán la doctrina y la fe puras; los que siempre estarán alerta para velar por las buenas costumbres y mantener a salvo la tradición y eso que no se sabe quién llamó “cultura”. Los seres oscuros con sus afilados alfanges pendiendo sobre todas las cabezas: las fieles y las infieles. Los libros religiosos deberían haber consagrado, todos por igual, un párrafo común: “Y Dios eliminó a los seres oscuros del fanatismo y vio que lo hecho era bueno”.
Estamos en Octubre; en un Octubre que ha empezado amable, sereno, apacible. Un otoño que no lo es, que es más bien el verano con el brazo extendido. Yo firmaba esta temperatura todo el año.

lunes, 3 de octubre de 2016

PAVANA -MEJOR QUE REQUIEM- PARA UN SÁNCHEZ DIFUNTO

Si es que se veía de vení”. Ahora, a toro pasado, todos somos sabios y profetas. El lance de imperfecta agonía de Sánchez y el PSOE estaba cantado. Ahora, a toro pasado, todo son duelos, quebrantos, algún palomino de añadidura y un denso “lo avisé”. Todos lo sabíamos menos algunos...
Leo por ahí -y quien lo escribe no oculta su justificada alegría- que Sánchez ha caído y de repente, por esa extraña capacidad que tenemos para asociar situaciones, recuerdo el chiste del Cheli y su moto: “el Cheli no se cae: el Cheli se tira”. El Cheli, hasta para eso era chulo (como la Aguirre) y tenía arte. Sánchez, sin embargo, no ha caído; a Sánchez lo han tirado: quiso hacer un caballito o un león rampante y en vez de meter miedo, alguien le aprontó una taina en salva sea la parte por dejarla al descubierto y desprotegida. Es lo que tiene la política, que es cosa de macana donde no rigen para los púgiles las reglas del marqués de Queensberry. Pero, le está bien empleado por dos razones. La primera es por mantener un PSOE residual marca ACME que le ha estado explotando constantemente en las manos convirtiéndole en un pobre Coyote. La segunda es por hacer novillos el día que en clase dieron a Viriato y a Beltrán Duguesclín para ilustrar sobre las traiciones y su maniática costumbre de “venir desde dentro”. Él solito se ha llevado al borde del precipio desde el que ha bastado un soplido hostil para desequilibrarle y sumirle en el abismo. Sánchez, sin el sillón, no tiene nada salvo un futuro peliagudo. Él será el primero en ser purgado y ya puede ir olvidándose de tener voz y voto en el PSOE a menos que la militancia milagrosamente le recupere (cosa harto improbable). Sobre todo porque ahora empieza el baile de la depuración, la lenta pavana en la que, uno tras otro, van siendo eliminados todos los que apoyaron a Sánchez.
En los próximos días, imagino, asistiremos a la recuperación del poder por la facción de “los de siempre”, por los guardianes del grial pesoísta. Se acabaron la intrigas y las sorpresas; todo debe quedar atado y bien atado. ¿Y la militancia? La militancia, ¿qué? La militancia nada. A la militancia crítica la anularán; a la militancia pasiva y votantes perdidos les venderán, con una mejorada campaña de marcadotecnia, aquello de la importancia del PSOE en la Historia democrática de España, de su peso político, de que es un partido necesario que debe recuperar su esplendor y todo eso. Les volverán a vender lo prestigioso y chic que es pertenecer y votar al PSOE, el marchamo de clase y de calidad: “¡Alcalde! ¡Que todos somos contingentes; pero, tú eres necesario!” Hay que reconquistar para recuperar la suculenta hegemonía.
Y tragarán. Tragarán porque es su partido, porque son leales, porque son ingenuos, porque son ignorantes o porque les interesa. No habrá cuestionamientos. A nadie se le ocurrirá aducir que ningún partido es necesario ni tiene naturaleza permanente, que eso de la importancia y lo de que es un partido imprescindible es una memez, un razonamiento tan peculiar y falso que raya el esperpento. A nadie se le ocurrirá argüir que la desaparición (o su pase a segunda o tercera división) del PSOE no supone ningún trauma salvo para quienes obtienen por medio del partido pingues beneficios, y que mandar al banquillo de por vida a todos los que hasta la fecha han estado mangoneando tampoco es pecado ni delito. Yo, si fuese militante socialista, sospecharía -de entrada- de ese empeño del PP por tener de compañero en el ruedo político sólo al PSOE. A Sánchez le ha defenestrado el “no es no”; un “no es no” tardío y dubitativo; un “no es no” oscilante y tornadizo e inseguro. Sánchez no tuvo redaños para ser líder, no supo, y ahí empezó su fin. El PSOE, tras esta breve fuga desorientada, volverá a su redil: la derecha; volverá a ser pastoreado por esa burguesía que lo domina casi todo; porque PP y PSOE son la misma falsa moneda y tienen un único propietario que intenta monopolizar a través de ellos todo el espectro político. A ver qué dice la militancia, qué los votantes prófugos. Intuyo que no les van a dejar abrir la boca.
Ahora todo ha terminado o todo empieza ahora. Cámbialo todo para que todo permanezca igual.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

SÍ HUBO REVOLUCIÓN

Análisis, análisis, análisis... Tenemos la costumbre (yo el primero) de atribuir el rango de análisis a lo que sólo es mera opinión. Y opinadores somos todos.
En la crisis política destada en España todos tenemos voz y, según parece, varios votos. En la voz, todos queremos llevar la cantante y todos damos lecciones magistrales sustentadas más en la arrogancia que en la realidad de nuestras capacidades.
Sin embargo, puestos a sentirnos analistas de postín, analicemos. Los datos son claros y contundentes. El primero es doble: ni PP ni PSOE han obtenido (¡dos veces!) la mayoría suficiente para gobernar. Análisis: su número de votantes se ha reducido. Habrá qué ver el porqué, un porqué que resulta evidente. Segundo dato (por mucho que no les guste a muchos): PODEMOS irrumpe con una fuerza más que notable en el Parlamento. Le sigue CIUDADANOS, de lejos. Análisis: buena parte del electorado que consideraba no estar representado en las opciones “tra(d)icionales” ha visto en ese partido (PODEMOS) esa posibilidad de representación y ha acudido a votar cuando, hasta entonces, había sido un electorado pasivo. PODEMOS, por supuesto, también ha recibido una importante transfusión de la parte desencantada de PSOE e IU. La importante consecuencia es que PODEMOS ha conseguido lo que de entrada parecía imposible: entrar en el sistema caciquil pergeñado por PP y PSOE y desestabilizarlo. Nos guste o no, aquella descendencia (bastarda para unos, legítima para otros) del 15-M que es PODEMOS ha tomado cuerpo, carta de naturaleza, espacio propio y está haciendo temblar los cimientos de un Estado corrompido, ha conseguido conmover las estructuras de los dos grandes partidos y les ha obligado a replantearse sus conceptos, sus posiciones y sus estrategias; les ha obligado a modificar la visión del cortijo patrio que hasta no hace mucho tenían y explotaban impunemente.
Dicho esto, quedan algunas cuestiones por aclarar. El PP culpabiliza a PSOE del bloqueo institucional por no permitirle gobernar aunque sea en minoría. El argumento es tan falso como odioso y lamentable. Hagamos un ejercicio de modesta mayéutica para desmontar el gran sofisma del PP: Partamos de una premisa aceptada por todos: “En democracia gobierna la mayoría parlamentaria” (no el partido más votado, porque ser el partido más votado no conlleva, necesariamente, ser la mayoría parlamentaria). Bien, entonces: ¿Ha obtenido el PP mayoría suficiente para gobernar? Si la respuesta es sí, que gobierne, ¿cuál es el problema? Si la respuesta es no, entonces no tiene mayoría parlamentaria por lo que no tiene por que ser obligatoriamente el partido que gobierne. Sobre el “bloqueo”. Demos la vuelta al argumento del PP: ¿está dispuesto el PP, para evitar unas terceras (y vergonzosas, según ellos) elecciones no ejercer ese bloqueo del que tanto hablan y permitir un gobierno como el que ellos piden para sí mismos? Si la respuesta es sí, no hay problema: Rajoy renuncia, y con él todos los demás, y permiten un gobierno de la izquierda. Si la respuesta es no, ¿por qué acusan a los demás del mismo pecado que ellos cometen? Si el bien supremo para el país es que no haya otros comicios y sí un gobierno, más o menos estable, ¿por qué no renuncia el PP a su empeño de gobierno y se inmola por ese bien supremo?
¡Ah, ya! Porque le problema estriba en que si llega al poder “esa izquierda” puede que levanten alfombras y que muchas prerrogativas se volatilicen como por arte de magia: ¿adiós a la burguesía dominante y a la omnipotencia de sus miembros (y miembras) tal y como hoy la conocemos y padecemos?
Una parte del PSOE ha comprendido que su pérdida de votos se debe, probablemente, a la connivencia mantenida durante tanto tiempo con la derecha. Una parte del PSOE ha intentado (tarde) recuperar ese espacio abandonado y dominado ahora por los “OKUPAS” de la política. No obstante, un sector importante se niega a volver a la senda del progresismo (donde, en realidad, nunca pastaron) e imputan la debacle a Sánchez. Lo cierto es que esa imputación es una excusa ladina, tramposa, tras la que se oculta, en realidad, una lucha por la supervivencia de ciertos status. ¿O alguien cree que Madina, proahijado por Pérez (ése al que le molesta que le llamen Pérez: prefiere “Rubalcaba” porque tiene más enjundia, más clase, más distinción) va a recuperar en un santiamén los votos perdidos? No nos engañemos. ¿Alguien cree que Díaz y sus faralaes van a renovar el PSOE? Díaz es la continuación de la vieja guardia, ni más ni menos. Es el más de lo mismo y de los mismos y es el "hoy por ti mañana por mi" con el PP.
Queda por ahí lo de CIUDADANOS: No requiere más comentario.
En definitiva, todo este conflicto general es fruto de la aparición en el ruedo de PODEMOS. Su sola presencia ha demsontado al PP, ha descabezado al PSOE y le ha fragmentado, ha engullido a una IU que empezaba a codearse con los poderosos y ha agitado un clamoroso debate en la sociedad. Todo un triunfo aunque hayan perdido un millón de votos que, tal vez no fuesen suyos, sino de IU, de esa parte de IU que veía con buenos ojos pertenecer a un sistema corrupto en el que sentía cómoda. Sin PODEMOS todo estaría igual que siempre y los dos grandes estarían gozando de una tierra de nadie que ahora ya tiene dueño y parece que tiene intención de quedarse. PODEMOS ha sido un revulsivo social, una revolución real, verificable; no sé si por la tensión del núcleo irradiador y los chiriflús laterales o por la acción directa de los agentes abrasivos sobre el barniz filamentoso del alicuécano gris: a tanto ya no llego. PODEMOS da miedo a algunos. Le temen. El porqué verdadero lo sabemos y lo callamos: si ahora estamos así, no queremos ni pensar en la posibilidad de que un día a alguien se le ocurra quitar el tapón del sumidero estatal. Sé que para un análisis más profundo y exhautivo hay que conjugar algunos elementos influyentes que quedan por ahí. Es innegable. Hay muchos más elementos periféricos a tener en cuenta. Pero, creo que el núcleo fundamental es el expuesto con mayor o menor acierto: es lo que tiene el vino, que si me equivoco... Aunque creo que no.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LA INSOPORTABLE ESTUPIDEZ DEL SER

No tiene nada extraño la celebración exultante de la derecha por la caída de Pedro Sánchez. Tampoco lo hay en la alegría, algo más contenida y disimulada -con sonrisa sardónica, de medio lado-, de las viejas glorias del PSOE que se relamen de nuevo viendo que pueden recuperar antiguos puestos y renovar su peso en el partido moribundo. Es llamativo que Sánchez estuviese destinado a "mandar" en el PSOE a título póstumo porque el pobre llegó destronado a su reino. Pedro Sánchez y Apellido-Compuesto pretendió el timón pesoíta creyéndose -quizá por eso de que quienes olvidan su Historia están obligados a repetirla- un nuevo Rodríguez Zapatero. Sin embargo, esta vez los cerberos del partido estaban atentos y alerta para evitarlo. Por eso a Sánchez le dinamitaron desde el principio. No por guapo ni por peligroso, sino por expósito. Es el único Secretario General del PSOE al que todo el elenco anterior, todo el "gonzalismo" (desde Guerra hasta Díaz, Page, Fernández Vara, pasando por Leguina o por Rodríguez Ibarra y todos "esos"), le ha saboteado pidiendo el voto solapadamente (excepto algunos como Leguina o Corcuera que lo hicieron abiertamente) para otro partido: el PP. Sánchez no ha sabido nadar y guardar la ropa. No ha sabido usar ni su bando ni su mando. No ha sabido anular la poderosa influencia de la "vieja guardia": no ha sabido limpiar su partido, aprovechar el momento y afianzar su liderazgo. Tuvo una oportunidad de oro, y la desaprovechó. Pedro Sánchez ha demostrado suficientemente su precaria inteligencia; su estolidez, su estupidez le ha pasado factura. Ahora es un "bello cadáver" del que no quedará ni una fotografía enmarcada en el pasillo de la sede de Ferraz.
Las fracturas internas trataron de enmascararlas de "democracia interna" cuando eran, sencillamente, una guerra declarada de desgaste y posiciones. Y de esos polvos estos lodos. Ahora el PSOE está en trance de muerte porque su dubitativa posición ha podido más que el intento de rectificación. Se alinearon con la derecha; perdieron la confianza de muchos de los suyos y cuando quisieron enmendar el error ya era tarde.
Lo mismo que le puede pasar a Podemos. Obtuvieron buenos resultados acercándose a los desencantados y a los indignados; moderaron su discurso y perdieron la parcela que querían ganar y la parcela que tenían ganada. Cada uno en su sitio y dios en el de todos. Eso es lo que debe estar pensando ahora Rivera. Su discurso "españolista" puede tener algo de calado en Cataluña por eso de "jugar en casa". En el resto de España me da que ese espacio ya está ocupado y copado por el españolismo natural, por el castizo, por el "legítimo" del PP cuyos yunques y ruedas cantan al compás, machacan y atropellan al compás. De Rivera esperaron algunos intenciones sinceras de renovación; pero, sus pactos y sus acuerdos desmintieron sus palabras. Rivera, no obstante, parece un tipo más perseverante que Sánchez, y más ambicioso: no me extrañaría que en poco tiempo fuese directamente en las listas del PP. Rivera no va a renunciar fácilmente a la buena vida parlamentaria y menos siendo consciente, como es, de su buena retórica, de su capacidad oratoria.
Veremos qué va pasando, qué se saca de cada uno de los duelos planteados. Me da que al final se resolverá refranescamente, como siempre: a río revuelto...

jueves, 22 de septiembre de 2016

FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETE(D)O(R)

Gobierno "Frankenstein" es la nueva metáfora de la derecha para definir cómo de monstruoso sería un gobierno de PSOE, Podemos, IU y algún que otro partido nacionalista. Olvidan que el PP ya gobernó (fue "esclavo de", más bien) en más de una ocasión con alguno de esos hoy repulsivos nacionalistas y que el PSOE también lo hizo. Cuando esto lo hacen ellos -"ellos" son los de siempre, los dos "grandes"- es "por el bien de la gobernabilidad" y "por el bien común" y un matrimonio de tan extraña catadura era incluso razonable ya por la afinidad ideológica (derecha en el caso del PP), ya por el similar concepto de Estado (en el caso del PSOE). Ahora ya conocemos todos el resultado de aquellas nupcias (tresmil y pico millones de euros insaculados por la familia Pujol, por ejemplo, mientras hablaban catalán en la intimidad o en la intimidación). Si los pactos son de otros, de los ajenos, entonces se consideran aberraciones, alianzas impropias, contra natura. Tal es el rasero de estos tipos que hacen de la discrepancia pública entre Iglesias y Errejón o entre Sánchez y "esos barones" o entre Garzón y "viejos guardias" una pesada actualidad informativa mientras tratan de pasar por alto sus propias luchas intestinas, de silenciar sus discrepancias internas en el caso, por ejemplo, de Barberá: es hipocresía aunque lo llamen política.
Puede que un gobierno de la "izquierda" y los nacionalistas sea monstruoso y antinatural; pero, olvidan -acaso no lo sepan: tal es su ignorancia- que al engendro "Frankenstein" (el monstruo carece de nombre en realidad) lo creó la locura de quien se creyó dios; de quien se pensó a sí mismo como todopoderoso, invulnerable, inmune, intocable; por quien pretendió estar por encima del bien y del mal: ¡como ellos! Olvidan que el catacrético monstruo no era tal, que se convirtió en monstruo-quinceeme cuando su "creador" no sólo incumplió sus promesas, sino que además trató de eliminarle impunemente de la haz de la tierra. Olvidan que la venganza del "monstruo" no es más que una venganza justa, una forma de justicia poética y que, en realidad, no es más que defensa propia. Gonzalo Suárez, por cierto, abundó a su manera en el asunto del monstruo y los monstruos frankensteinianos y dirigió magistralmente una visión peculiar de la obra de Mary Shelley en "Remando al viento". Deberían verla todos esos ignorantes filateros. Léanse el libro; léanse detenidamente las reflexiones y los argumentos del "monstruo" y tal vez -si son honestos consigo mismos- reconozcan que el malo de la peli no es la creadura de Frankenstein, sino el propio Frankenstein por mucho que se pretenda relevarle de su despropósito.
En todo caso, estoy convencido de que lo que venga de esa hipotética coalición de gobierno de la izquierda y los nacionalistas no puede ser nunca peor que lo que llevamos padeciendo desde 1.982.

ANTES DE VOTAR...

...HAY QUE CONJUGAR ALGUNOS VERBOS


Son muchos, e interesados, los que aseguran que España es el hazmerreír del mundo por tripitir las elecciones. Por poca cosa se "avergüenza" este mundo con lo que él tiene encima, y por poca cosa (de los demás) se ríe dicho mundo antes de mirarse a su ombligo lleno de pelusas estremecedoras.
Con todo, que los señores habitantes de nuestra ciénaga política hablen de vergüenza con el cuajo y la jeta que le echan ellos y los ridículos que nos regalan cada seis (dos por tres) es un insulto a la inteligencia, a la poca que nos queda. A esto hay que añadir la lectura entre líneas. Cuando aluden al bochorno de una tercera ronda de votaciones están achacándolo, solapadamente, a la irresponsabilidad de la ciudadanía que no ha votado lo que tenía que votar (pero, ¡coño: a quién se le ocurre? ¡Mira que no votarnos a los de siempre!) y ha dispersado el resultado: la culpa no es de los políticos, sino de los electores.
Cada uno, como es natural -otra cosa es que sea honesto, lógico o racional-, cuenta la feria como quiere e interpreta según le convenga. Así nos encontramos con peculiares exégesis del tinglado farsario mientras desaparecen otras lecturas más adecuadas a la escena contemplada. Por ejemplo las del PP. Cantinelas tradicionales pepeítas aparte, tenemos la del "los otros no respetan la voluntad del pueblo cuando somos nosotros el partido más votado, y si los ciudadanos nos han vuelto a votar más que a los demás será por algo". Con esto se atribuyen la legimitad (falsa) y distraen del dato más notable y evidente: el PP tuvo mayoría absoluta, una mayoría absoluta que no renovó; luego, algo mal hubo de hacer cuando sus forofos dejaron de votarle tan "mayoritariamente". Este factor es importante porque son estos mismos pepítas quienes restriegan por las fauces a los de Podemos la merma de un millón de votos y la argumentan con ese mismo "por algo será" que ellos no se aplican.
La disminución de votos a los dos grandes partidos se imputa de inmediato al desafecto, a la indignación, al hastío... Y algo de eso habrá, seguro. Sin embargo, tal vez -y sólo lo sugiero- debería ser asignada también a que una parte importante de la sociedad ha empezado a madurar políticamente y a perder el miedo a la oligarquía dominante. Digamos que esa parte de la sociedad se rebela contra la "censura" instaurada y empieza a conjugar por sí misma. Al hacerlo se encuentra con que algunos verbos atroces carecen no sólo de sus formas de pasado y mantienen un presente perpetuo con intención de futuro, sino que adolecen para más inri de remordimiento, de propósito de enmienda y de acto de atrición para con la ciudadanía. Es un lacerante presente continuo, un presente bucle: Robar, malversar, mentir, manipular, recortar, dilapidar, y un montón de verbos más de estas índoles conjugados únicamente en presente.
No obstante, los universos para lelos de nuestros próceres tendrán que coincidir algún día, inevitablemente, con la realidad palmaria en la que nos desenvolvemos el resto de mortales infectados de vida. Es difícil predecir un cuándo preciso; pero, sucederá. Los universos chocarán provocando quién sabe qué desastre o qué nuevo fantástico paisaje con nuevos lenguajes, nuevas perspectivas y una nueva y mucho más amplia conjugación de verbos.
Pronto habrá nuevas elecciones y en el PP ya están cantando victoria. Es la euforia positivista; eso del "piensa en positivo y todo el cosmos se conjurará a tu favor". Yo, en su lugar, sería más cauto -y más humilde-. Cualquier pronóstico es arriesgado. Pueden empezar a sonar sus carracas triunfales hasta el empacho; pero, yo les recomendaría un análisis más sereno y cabal porque si hacemos caso de ciertos indicadores sociales es bastante probable, y acaso posible, que ese ascenso de que alardean y que creen consagrado, que esos peldaños que dicen estar subiendo de forma gradual no sean otros que los de su más que merecido cadalso.

sábado, 17 de septiembre de 2016

EL MOTÍN (SOCIAL)

  Acaso sólo sea una extensa metáfora sobre el poder; sobre una lucha justa que pretende, infrustuosamente desde las normas establecidas, cambiar los modales de un poder tiránico cuya lucha es la de mantenerse incólume. Puede que, en definitiva, sea la pugna eterna entre el bien y el mal, siempre quebrados por confusas interpretaciones y desatinadas atribuciones.
  La ley establecida debe ser, a juicio de quienes la defienden, respetada, seguida e incluso venerada. Una ley que no puede ser transgredida a pesar de su excesivo rigor, de su injustificada rudeza, de su inexplicable desequilibrio. Todos deben vivir bajo esa ley y todos deben someterse a ella sin más amparo que el derivado de la obediencia. Una ley conveniente a la jerarquía gobernante con la que mantinen sus rangos, sus prerrogativas y un orden indiscutido e indiscutible. El capitán Bligh lo sabe: gracias a esa norma él es intocable; esa norma le permite ser inflexible sin remordimiento y sin castigo; esa norma le permite excederse en el tratamiento a los inferiores mientras él no puede ser respondido siquiera. Bligh puede, caprichosamente, amparado en la ley, injuriar, torturar o ajusticiar sin temor a ser reprobado o condenado por ello. Pero, Bligh no es más que un trebejo del despotismo regente, un engranaje más de la cadena de mando sobre quien recae, dado el momento, la dudosa responsabilidad de gobernar una pequeña sociedad. Nadie enjuicia ni pone en duda su mando hasta que la firmeza del gobierno pasa a ser la satrapía de un orate, de un hombre absorbido por el delirio del poder.

  Entonces... ¿Entonces qué ocurre? ¿Lo esperado? ¿Lo natural? ¿Lo lógico y razonable? Lo que ocurre es todo lo anterior. La tripulación, harta de verse desposeída, ninguneada, sacrificada y salvajemente sometida y deliberadamente despojada de su libertad y derechos se indigna y rebela. No toda la tripulación, claro: en todo amotinamiento social siempre hay quienes, cobardes o conformes con su situación dentro del entramado y convencidos de que ese es el estado natural de las cosas, se mantienen al margen sin participar, o incluso zancadilleando -en extraña connivencia con sus verdugos- a quienes participan en la algarada; ni siquiera todos los más perjudicados se levantan. Sólo lo hacen aquéllos que ven la injusticia a que se les aboca y se niegan a seguir aceptándola. Sin embargo, el poder dominante, el establecido “legalmente” (así, entrecomillado) se opone, evidentemente: ¡Cómo es esto? ¡Cómo osan enfrentarse a la norma, a la ley? ¡Con qué derecho intentan deponer al poder y a sus representantes? ¡Ni hablar! La paz social del buque impone el respeto a lo establecido. Amotinarse es un delito flagrante que debe ser convenientemente castigado. Es un pecado. ¡Un atentado contra la sociedad de bien! ¿O es que pretenden despojar a la sociedad de sus derechos? ¿Quién les da esa atribución? ¡Ni hablar! ¡No, no y no! ¡Es preciso reducir a los revoltosos que quieren subvertir el orden y arrojar del poder a quienes lo detentan (no sustentan ni, mucho menos, ostentan)! Porque sólo una ley es buena: la que rige. Y querer cambiarla, hacerla más justa, más humana, más equilibrada es algo que ya determinarán en su momento si lo consideran oportuno quienes tienen el poder... Ahora.

  Por cierto: Fletcher (no sé si es el trasunto de la virtud y la equidad, de la justicia) muere ; Bligh (el absolutista, el infame arbitrario que todos aborrecemos), vive. Deshonrado con la boca chica, humillado con un coscorrón; pero vive y mantiene sus privilegios y su hacienda intactos; ¿removido de su puesto? No, por cierto: respuesto en él y aplaudido cuando no envidiado. Es aquí cuando los próceres, los patriotas que jamás traicionarían a su tripulación ni a su patria, ni a su honor, ahogado ya su sofoco, se congratulan y afirman sin pudor que por fin se ha hecho “justicia”, que el Estado de Derecho y el Orden están salvo y que la solidez de las instituciones queda fuera de cualquiera duda. Da qué pensar. No sé si me explico...

jueves, 15 de septiembre de 2016

DE TRIUMPHO STULTITIAE

ELOGIO DE LA ESTULTICIA

Capítulo LV

     Pero dejemos ya en buena hora a estos histriones; son tan ingratos disimulando los beneficios que de mí reciben como deshonestos al fingir devoción.

     Hace ya rato que deseaba deciros algunas palabras sobre los reyes y los príncipes que me rinden sincero culto, y voy a exponeros este asunto con la libertad de toda persona libre. Si alguno de éstos tuviera sólo media onza de sentido común, ¿habría existencia más triste y más merecedora de ser rehuida que la suya? En verdad que no creerían que valiese la pena de adquirir el poder por una traición o un parricidio, ya que es una carga inmensa la que se echa sobre los hombros quien quiere proceder como verdadero rey. El que toma las riendas del gobierno no debe ocuparse en sus asuntos propios, sino en los públicos; debe únicamente interesarse por el interés general, no apartarse ni lo ancho de un dedo de las leyes que él ha promulgado y de las que es ejecutor, y responder de la integridad de todos los funcionarios y magistrados. Expuesto a las miradas del pueblo, puede ser como un astro benéfico que procura la máxima dicha de sus súbditos, o como maléfica estrella que acumula los mayores descalabros. Los vicios de los demás ni se advierten ni se divulgan tan vastamente, pero él está en posición tal, que si en algo se aparta de la honestidad, ello se extiende a muchedumbre de personas como funesta peste. Los reyes están, además, tan expuestos por su sino a encontrar al paso mil cosas que les suelen desviar de la rectitud, como son placeres, independencia, adulación y lujo, que han de agravar la vigilancia y redoblar el esfuerzo para mantenerse al margen de ellos y no dejar, engañados, de cumplir con el deber. En suma, para no hablar de asechanzas, odio y otros peligros y temores, sobre sus cabezas hay otro Rey verdadero que les pide estrecha cuenta de sus más pequeñas acciones con tanto mayor severidad cuanto más grande haya sido su poderío.

     Si reflexionase sobre estas cosas, y muchas más del mismo orden, y reflexionaría, si fuese sensato, no tendría sueño ni banquete deleitable. Pero con mi ayuda dejan en manos de los dioses todos esos cuidados, no se ocupan sino en vivir muellemente y sólo dejan llegar a sus oídos a quienes saben hablar de cosas divertidas para que no sea turbado por un momento su ánimo. Se imaginan que cumplen intachablemente el deber real con cazar constantemente, tener hermosos caballos, vender en beneficio propio los cargos y las magistraturas y aplicarse a encontrar medios nuevos de apoderarse del dinero de los vasallos y llevarlo a su tesoro. Así, para cubrir con la máscara de la justicia sus iniquidades, resucitan viejos títulos y de cuando en cuando añaden algún halago al pueblo para tenerlo en su favor.

     Imaginaos un hombre como son a veces los reyes, desconocedor de las leyes, enemigo, o poco menos, del bien público, atento a su provecho, dado a los placeres, hostil al saber, a la libertad y a la verdad; desinteresado por completo del bienestar de su Estado y que lo mide todo a tenor de sus caprichos y liviandades. Si se le coloca collar de oro, emblema de la coherencia de todas las virtudes; enjoyada corona, que represente que debe sobrepasar a todo el mundo por el brillo de sus acciones; el cetro, símbolo de justicia y de rectitud de ánimo, y, en fin, el manto de púrpura, insignia de vivo amor a su pueblo y el monarca confronta lo que representan estas insignias y su verdadera conducta, yo os digo que habrían de abochornarle tales atributos y viviría en el temor de que algún malicioso hiciese burla y risa de todo ese aparato teatral.

Erasmo de Rotterdam



"¡Qué mala suerrrrte!", exclamaba, arrastrando la erre antes de rematar con una carcajada, Alfonso Arús parapetado tras unas antiparras enormes disfrazado -acaso no mucho- del histrión Pepe Gáfez. Ese sencillo gag, tan inocente, tan soso, tan inofensivo, condensa toda la trascendencia que el espíritu español da a su fatalismo: "¡Qué le vamos a hacer!", "Es lo que hay", "Así son las cosas", "Virgencita -condecorada o no-, virgencita: que me quede como estoy" (o sea: tonto; tontolculo; gilipás), "Y si no son estos son los otros"... Y así, amalgamando resignación, hipocresía, cobardía y necedad vamos tirando.
No es sólo el remolino desatado estos días por la cuestión de Rita Barberá, quien hace honor a su nombre (el escaño que se me da, no se me quita), y que nos ha hecho olvidar -al menos parcialmente- que los dos grandes partidos nacionales y algunos partidos nacionalistas siguen siendo nidos de corrupción, de chanchullos y mamandurrías, y que siguen ahí, gobernando (o no; pero, pudiendo mucho aún, en todo caso): ¿Dónde quedan los mamoneos de la Cospe, de la Aguirre, de Susanita Díaz, de Álvarez Cascos, de Pepe Blanco, de..? ¿Se han esfumado? ¿Se han diluído en el profundo y grato río del olvido? Con cada mentira que nos embaulamos voluntariamente sabiendo que es mentira, con cada faena que nos hacen y que soportamos estoica y estúpidamente, hacemos un chiste y ya está todo resuelto.
Permitimos que un Presidente de Gobierno -o cualquier otro- no sólo salga ileso de una rueda de prensa; le permitimos incluso que no responda a las preguntas (ni directa ni plasmáticamente); permitimos eso y más: la lista es infinita. Medio millón de periodistas (alguno casi casi de verdad) y a ninguno de ellos se le ocurre exigir lo elemental: "le exijo, porque es su obligación, porque es una servidumbre del cargo en el que me representa y desde el que en mi nombre gestiona, que responda, señor político: ¡quién cojones se ha creído que es usted, imbécil?" Esa, de entrada; porque el no sacarle los colores a quien corresponda ahí mismo cuando engaña y falsea, también debería tener su sitio. Lo de echarles...
Pero, aquí no. En España, no. 
¿La explicación para esa indolencia atávica? Sólo puede ser una: estamos poseídos por el alma de la ignorancia. Poseídos y "tanagustito" con la posesión. Y los que somos minoría no podemos hacer nada: los idiotas ya no nos dejan ni protestar: es antipatriótico. El triunfo absoluto de la estulticia hay que asumirlo. Llegados a este punto en el que sólo cabe renunciar a casi todo menos al desánimo y a los paisajes en solitud, lo único que algunos esperamos es que al menos los estultos tengan la decencia, la deferencia,  de sacar un listado completo y cumplido de quiénes son para poder identificarlos sin tener la necesidad de esperar a que abran la boca para descubrirlo.

jueves, 8 de septiembre de 2016

LAS COSAS DEL QUERER

"España camisa blanca de mi esperanza...", de mi anhelo: no de la Aguirre, cantaba -cucú- la rana. Más que a la del blancor debería haberle cantado a la de fuerza, porque esto no es un país: es un frenopático en toda regla. Canta, chicharra, que canto monta, monta canto. Canta... Mañanas.
Hoy, lo primero que oigo en una tertulia -por llamar generosamente de alguna manera a lo que no es más que una simple catequesis de adoctrinamiento- versa sobre la transparencia. Uno, servidor, no ve mal eso de las transparencias; sobre todo de aquellas que no terminan de velar enamoradoras turgencias y otros riesgos. Aunque la transparencia que digo, no es de esas, de las sugerentes, de las "frívolas", sino de las que son más falsas que un beso de Judas.
Los señores políticos han tenido a bien publicar (por enésima vez, creo) sus patrimonios en un alarde de honestidad. Resulta, que vistos los datos, el que más ha ingresado (no sé si de todos los próceres o sólo de los dirigentes) a la hacienda pública -esa, sí, de la que se escaquean los ricos, los políticos y otros seres- es un tal Pablo Iglesias. A la zaga le va un hombre llamado Rivera y de lejos, a bastante distancia, mister -apócope, válgame, de misterio- Rajoy y ese chico tan majo del PSOE, el Sánchez y Apellido-Compuesto.
Ayer, de la mano de la noticia me vino la certeza de que los supositorios del periodismo pijoflauta en sus comentarios de hoy irían dirigidos, sin género de dudas, a emponzoñar el ruedo ibérico con interpretaciones sesgadas del asunto. "¡Eh, que aquí hay chicha!" Y todos a una con el "¡Anda, mira el Coletas, el que va de pobre!" Y tal y tal. Eso para omitir, por ejemplo, la perspectiva lógica más elemental: Puesto que es quien más ha declarado, puede -y sólo digo "puede"- que sea el más honesto en una hipotética pirámide crematística de Maslow. Porque, ¿quién se cree -de verdad- que Rajoy sólo tiene, con un patrimonio (el no oculto) de más un millón de euracos más lo que le damos por la jeró, 21.000 napos de vellón en cuenta? Con eso no tiene ni para pagar tres mensualidades del colegio de sus hijos: menuda ruina. Vamos, que eso no se lo cree ni Pánfilo redivivo. Canta de lejos, a la legua; cante jondo. Por eso le cuadra más y mejor, a mi precario entender, mister Rajoy.
En este país póstumo de caúmenes escurridos nos conformamos con que otros nos digan qué razonamientos son los aceptables y ahí nos las den todas: la razón de la sinrazón que no sé qué y todo eso...
Conclusión (la mía): de transparencia, ni la aproximación. Otra chanza más, otra mentira plus de nuestros señores diputados; de la mayor parte de ellos.
Y todo porque la cosa anda revueltilla en las Cortes de los Mil(on)agros y necesitan presentarse en los próximos comicios como auténticos dechados de virtud inmaculada, como seres sin mancilla para catapultarse, otra vez, al poder.
Porque ellos, gracias a nosotros, a nuestra estulticia, son quienes pueden poder y pueden y nos pueden. Nosotros, pobres, infames mortales paganos, hemos de conformamos con poder querer de tanto querer poder. Así son las cosas del querer... y no poder.

martes, 6 de septiembre de 2016

CAMINO SORIA

La brillantez de algunos analistas políticos (por no decir de la mayoría) es proverbial. Ir a la tele o a la radio a "tertuliar" y venirse arriba es todo uno; así, sacando mucho buche, como implados de vanidad. Y sin sonrojo, oiga, sin inmutarse que sueltan la retahila en bucle los mozos y que se quedan -ya ve- tan panchos .
Tal vez sea porque, en realidad, no importa ni lo que aportan ni cómo lo hacen: el prestigio en este país no radica en la inteligencia, sino en la cantidad de veces que sales en la foto.
Pero, vamos a ver, almas de cántaro, ¿a qué pamemas estáis confiriendo una magnitud tan -a todas luces (las que os faltan)- desproporcionada?
Lo digo, más que nada, por el enésimo escándalo Soria; porque el camino Soria está jalonado de escándalos -no sólo dos: Panamá y Banco Mundial-, y con este último, conste, ni siquiera se llevan los pepeítas la palma aunque, de nuevo, eso sí, han conseguido desvirtuar la realidad; han conseguido, además, desplazar asuntos más perentorios a un discreto segundo término.
Se están cebando con Soria -que es un jeta y un pobre hombre a la vez: no es incompatible una cosa con la otra- aludiendo a razonamientos tan peregrinos como el de que un mentiroso no debe ser premiado con un puesto de ese calibre. Esto pone de manifiesto dos cosas. La primera es la escasez, la sequía intelectual de nuestros analistas (ya lo dejo escrito arriba); la segunda es la fragilidad de Soria; una debilidad que le convierte en presa fácil. Con su dimisión por los papeles de Panamá, Soria dejó patente que desde el punto de vista político no era más que un simple espantajo, un títere, un filón para sus correligionarios y para sus enemigos.
Que un político mienta con más o menos aplomo nunca ha sido en este país un obstáculo para que medrase. De hecho, mentir a la ciudadanía debe ser algo así como conseguir puntos extra. Y de ahí viene lo que no entiendo. A Soria se le suben a la chepa con lo de su mentira; pero, porque es fácil de atacar y de derribar. ¿Por qué no se hace lo mismo y se pone el mismo empeño con otros políticos de los que también sabemos que han mentido descaradamente y sin despeinarse? Sin ir muy lejos Felipe González, Aznar, R. Zapatero, Pérez Rubalcaba, Pepito Blanco, Montoro, Solchaga, Solbes, de Guindos, Magdalena Álvarez, Griñán, Cospedal (una y otra vez), Rafael Hernando (una y otra vez)... ¡Casi todos han mentido y han hecho de su capa un sayo desde que en España se restauró la democracia! Ahí están las hemerotecas y los archivos. Entonces, ¿de qué estamos hablando?
¿Cuál era el otro argumento? ¡Ah, sí! La designación a dedo, la puerta giratoria. Como si hubiese sido la primera y única. ¿Para cuando iguales escandaleras por los demás enchufes y dedazos? ¿Esos las dejamos pasar? ¿Sí? ¿Los olvidamos? Entonces, panda de capullos, ¿de qué estamos hablando?
Como iba diciendo, Bécquer no idiota ni Machado un ganapán... 

TIEMPOS DE SILENCIO...

...En esos andamos cuando deberíamos estar proclamando tiempos convulsos. Nos hemos instalado confortablemente en el silencio y la complacencia, en una desidia demoledora que permite a los hipócritas lameruzos, a los miserables, a los nepotes de turno, campar a sus anchas y a las de los demás. El bamboleo inestable de la cuerda floja que nos sostiene lo confundimos, intencionadamente, con el movimiento lúdico de un columpio.
Llevamos años soportando abusos que justificamos, atropellos que admitimos de manera incomprensible arguyendo no se sabe muy bien qué razones irracionales que sólo sirven para mantenernos a raya a nosotros mismos.
El panorama político es aterrador. Cada día nos izamos con un nuevo latigazo infligido por nuestros políticos. Trallazos a los que parece somos insensibles.
Vamos de cabeza a unas terceras elecciones que resolverán poco o nada porque el espectro político cambiará poco o nada. Quizá porque no debe cambiar; quizá porque lo que debe cambiar es la actitud de los políticos y su manía de gobernar sin otro control que el suyo propio de cada uno. Aunque sospecho que esa no mutará a menos que la ciudadanía despierte, se agite y obligue e imponga una nueva visión; a menos que abandone la vida contemplativa y empiece a participar de verdad, activamente, asumiendo que debe ser así porque en ello le va su bienestar y su progreso. Improbable por imposible.
Para llegar a lo anterior hay pasos previos donde el más importante es uno que no tiene visos de ser dado: pensar. Pensar -en un país cuya realidad cotidiana está regida por Telecinco, las Campos, la Esteban y similares- es mucho pedigüeñar.
El PP seguirá confinado en su peculiar empeño de "gobernar por ser el partido más votado" (o sea: por compañones) y nadie le afeará esa tesis porque a nadie se le ocurrirá decirle que "mayoría" no es igual a "más votado". El PSOE continuará inmerso en buscar un espacio que no encuentra porque perdió la brújula y en su desorientación ya no sabe ni en qué cardinal está ni a qué hemisferio pertenece. Tanto es así que resulta incomprensible que en sus filas militen "pepeítas" como Felipe González, Cristina Alberdi o Joaquín Leguina, por poner algunos ejemplos. El PSOE hace muchas lunas que ni está ni se le espera. ¿Y Ciudadanos? Ciudadanos, o Cuidádonos, con su "buenismo" malintencionado incurrirá de nuevo en un sinfín de sofismas que los más incautos y menos avisados tragarán a palo seco, y que satisfarán las hambres ficticias de sus acólitos aunque les raspen las gargantas y se las desuellen por dentro. ¿Por el bien de España? ¡Todo por la Patria! ¡Por España, siempre por España! Por el bien de España según quién; ¿quién determina que es lo mejor para España, para sus ciudadanos? ¿Tú, Rivera, Riverona, Riverilla, Riverita? ¿El PP o el PSOE, sus fantoches corruptos, que necesitan aún más tiempo -y en ello están, aprovechando- para tapar la mayor cantidad posible de corruptelas que tienen por ahí, repartidas, no vaya a ser que esto dé un giro insospechado y tengan que verse fuera del poder y procesados? ¡Tururú! Miedo da pensar en la venganza que Rajoy va a tomarse contra la población que, evidentemente, no le ha votado. Además de la política de tierra quemada -ya lo hizo el gabinete Erre Zapatero- y vaciado de discos duros, va a ser tremenda la política de eliminación de ayudas, de subsidios, de becas, de prestaciones... La que ha lucido hasta ahora no era la vela que iba delante. Ahora viene el "¡suh fáih a enterá!" y las velas que van a alumbrar serán negras como la pez, como el azabache, como un pozo sin fondo, como las que ponía la bruja piruja esa que salía por la tele intentando que alguien le hiciera un poco de puto caso. Es lo que pasa cuando se sabe que no se volverá a gobernar más. Podemos e IU, ¿qué hacen? Poco, parece. Podemos aún no ha sabido responder adecuadamente a esa acusación, universalizada ya y monótona, que es la de "¡que viene Venezuela!"; una acusación a la que la derecha le está sacando un jugo impresionante: dan la orden y en menos que canta un gallo portugués, todos los voceros y los voceras -desde Gata a Finisterre, desde Hernando a Inda- sueltan la consigna y el mantra una y otra vez, empalagosos, mientras los acusados sonríen y se encogen de hombros y de hombres. Y, a río revuelto, los nacionalismos... Que también cuentan; como el Gran Capitán; pero, cuentan.
Este es el bochornoso espectáculo, y no el tener que ir a las urnas por tercera vez; ridículo que sólo temen -pero de mentirijillas, sólo para intentar mantenerse en el poder- PP y PSOE y que los demás han hecho suyo. ¿Vergüenza por repetir una vez más las elecciones? La sentirán ellos, porque yo no. A mi me avergüenzan otras cosas: la corrupción enquistada; la ineptitud de nuestros políticos; la pasividad del pueblo al que vapulean y aun así jalea y vitorea en los mítines los nombres de sus verdugos; vestirme unos pantalones amarillos; ver a Botella hacer su guiñol espanglish y otros esperpentos... ¿Vergüenza por votar otra vez hasta que les entre en la cabeza que no es necesario -ni recomendable- gobernar con mayorías absolutas y fáciles? ¿De qué?
Deberíamos estar de nuevo en las calles. No molestando, no perjudicando a otros, no interfiriendo y fastidiando a los propios trabajadores como hacen los codiciosos pelagatos sindicalistas. Porque como les asignes esa misión a los sindicatos, entonces estamos apañados y vamos de cráneo: apaga y vámonos si dejamos en manos de esos succionadores la vindicación social. Deberíamos estar bloqueándolos a ellos, a los políticos y asociados; circundando el Congreso, cerrando el Senado, dificultando el acceso a sus casas. Protestando no: haciendo. No enarbolando pancartas de desobediencia civil ni insumusión, sino no pagando las tasas, precios, comisones y sanciones abusivas y recaudatorias de administraciones y emporios usureros, no pagando más propaganda ni más derroches ni más "a cuerpo de rey", no pagando más sueldos a empleados que nos dicen que hay que bajar nuestros sueldos, que de nuestros impuestos no hay para ayudas sociales pero sí para aumentar su nómina, pasearles en coche oficial, pagarles vivienda y sustento...
¡Ah, pero esto es España! Y España, ya se sabe, es un país de cabestros donde es el vecino el que quiere que sea el alcalde su vecino, su mucho español o su tía la del pueblo... O algo así.

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