26/10/2011

Servicios Públicos... De empleo.

El error conceptual es una característica muy calada en los españoles. Tanto que, a veces, no es preciso desarrollar o establecer un concepto para asumir el funcionamiento, por ejemplo, de una organización o de un sistema. Basta con que alguien derive una responsabilidad, endilgue a otro una parte de sus funciones, para que automáticamente quede exonerado de dicha función y pase a ser trabajo o responsabilidad de la otra persona de manera indefinida. En la administración española eso está a la orden del día: el peso del papeleo siempre recae en el administrado porque los administradores se lo traspasan caprichosamente y, una vez aceptado, ya no hay vuelta atrás.
Anoche en un debate (los debates, o tertulias, es lo que tienen) me dí cuenta hasta qué punto nadie es capaz de razonar más allá del ámbito en que quiere que prevalezcan sus opiniones.
Saltó al ring la especie polémica surgida entre P.P. y P.S.O.E. sobre las prestaciones por desempleo. Rajoy las va a eliminar o modificar, según Pérez; eso no es cierto; de todas formas... En fin, todo eso: unos acusando de lo que aún no ha pasado y otros defendiéndose de lo que aún no han hecho.
Sin embargo, como siempre, en un momento determinado a alguien se le enciende la bombilla de la "genialidad" y decide que con su idea -muy extendida, por cierto, entre la derecha española- queda puesta la pica en Flandes y el dedo en la llaga: el problema es que hay mucho caradura que además de recibir la prestación tiene otro trabajo que no declara y hay mucho sinvergüenza que ni se menea con el ahí me las den todas.
"Claro -el moderador entra al trapo sugiriendo otra genialidad de cosecha propia-, es que lo lógico sería dar la prestación sólo a aquellos que demuestren que están buscando activamente empleo". Y, entonces, se opera el milagro y todos asienten unánimemente.
No hace falta decir que no todo el mundo tiene la misma capacidad ni los mismos recursos para buscar empleo, ni siquiera la misma facilidad ni las mismas oportunidades y que en cada persona concurren circunstancias que le hacen distinto y diferente a otro también en ese aspecto.
Sin embargo, lo más llamativo es "a quien demuestre que está buscando activamente empleo". Ahí está el error conceptual. La administración, para su mayor gloria y comodidad, ha extendido la idea de que es el desempleado quien tiene la responsabilidad de buscar denodadamente trabajo y así lo digerimos sin descerrajar un solo pero.
No. El parado busca empleo porque lo necesita y, sobre todo, porque la administración es INEFICIENTE, nula, PASIVA. La administración ha derivado, deslizándolo muy sutilmente, la obligación de buscar trabajo en los desempleados y nadie ha puesto el grito en el cielo. Porque lo suyo es gritar hasta desgañitarse. Los servicios públicos de empleo, a los que se les PAGA para eso, están precisamente para buscar y gestionar el empleo, NO PARA PONER UN SELLO CADA MES EN UNA ESQUELITA. Los servicios públicos de empleo NO ESTÁN para vivir del cuento y ceder una parcela regada con el dinero de todos a las agencias privadas que son ya las únicas medio eficientes a la luz de los datos arrojados por el propio Ministerio. Cada servicio público de empleo ESTÁ PARA BUSCARLE TRABAJO AL DESEMPLEADO, no para que el desempleado haga el trabajo de los funcionarios de los servicios públicos de empleo: si no están para eso, para buscar y gestionar y administrar las ofertas, ¿para qué están? SI EL PARADO TIENE QUE BUSCARSE SU EMPLEO HACIENDO LO QUE SE SUPONE ES, PRECISAMENTE, LABOR DEL I.N.E.M. Y TODOS LOS DEMÁS, ¿QUÉ SENTIDO TIENEN LOS SERVICIOS PÚBLICOS? ¿POR QUÉ SE PAGA A TODA ESA GENTE? Porque para sellar tarjetitas no hacen falta unas máquinas administrativas tan monstruosas e inoperantes. Eso sí que es percibir todos los meses un goloso y suculento subsidio: por no trabajar en el paro.
No. Definitivamente, no. El servicio público de empleo está para buscar trabajo a los desempleados y no para que estos lo busquen. Si esa, la de buscar trabajo a los parados, no es su función, elimínese; empiécense por ahí los recortes.

25/10/2011

Somos tres

La albada invernal es lenta y tardía.
Los dos se levantan cuando la primera luz entra por las últimas rendijas francas de la persiana. Entonces se izan enérgicamente y vienen.
Se tumban junto a mi, uno a cada flanco. Susurran y ríen, sin estrépito.
-Vamos a despertarle.
Se acomodan, buscan la mejor posición para descargar sus besos y para recorrer mi espalda con sus dedos tiernos. Finjo seguir dormido mientras les observo con los párpados entornados. Dejo escapar un gruñido y vuelven a reír tapándose la boca para no sobresaltarme con el ruido. Luego, una oreja, la boca, otros besos. Me remuevo súbitamente y respingan. Ya no amortiguan la risa.
Hago con que me despierto sorprendido y dejo que se abalancen sobre mi en una guerra abierta de cosquillas y de besos.
Siento su cariño dentro, muy hondo, casi doliéndome...

24/10/2011

...Del cristal con que se mire.

Debería apreciar, y valorar en su justo precio, estos días insulsos que pasan sin pena ni gloria, que pasan por delante bajo el empuje de su propia inercia. Son días insensibles, sin emoción, y ahí radica su importancia: no anidarán en el recuerdo ni por lo bueno ni por lo malo.
No había caído hasta ahora; sin embargo, sí, debo estar agradecido por tener días como estos donde lo único reseñable ha sido la lluvia, una visita estimulada por el aburrimiento atroz, una lectura intensiva y una película vista por tercera o cuarta vez.
Frente a quienes necesitan rellenar su vida con una frenética actividad que les permita tener la ficticia sensación de estar vivos, reconociendo así su frustración, he preferido aceptar que lo importante no es saltar inútilmente tratando de coger una felicidad imposible, un espejismo, sino evitar el dolor y la amargura que conlleva la existencia.
Y disfrutar -aunque parezca excesivo- del breve instante de silencio que el mundo, tarado, me ha permitido.