domingo, 13 de septiembre de 2009

Con la burra a brincos

¡Que se vayan! Es evidente que los nacionalistas "periféricos" no van a cejar en su empeño independentista alentados por nuestro cómplice silencio acomplejado. Poco a poco, desafiantes, resueltos a salirse con la suya, avanzan ante nuestro clamor inútil porque "nuestra" legalidad, para ellos, no vale. Para ellos sólo vale la suya, la que impongan y siempre y cuando sea afín a sus preceptos y metas. Pues, bien, ¡que se vayan!
Los nacionalistas "periféricos" (sean vascos, sean catalonios, aragoneses -me he enterado que los hay-, gallegos o murcianos), que saben elegir muy bien dónde deben hacer sus "consultas", hacen muy bien en pedir la segregación de esta terrible nación que es España. Yo apoyo sus peticiones. Creo que son justas y razonables. Más. Creo que en justicia y en razón se les debe aplicar a ellos el mismo principio que promulgan y que el referéndum debe hacerse pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, comarca por comarca, provincia por provincia. Sí. Y que cada pueblo, cada ciudad, cada comarca, cada provincia cuya mayoría haya decidido quedarse en este puto país llamado España, así lo haga y que aquellos otros que, por contra, hayan decidido fraguar su independencia en ascuas del sol, así lo hagan. ¿Descabellado? ¿Por qué? Es lo justo.
Que se vayan, sí; y que nos dejen en paz de un pajolera vez. Ahora bien, no de rositas: al césar lo que suyo sea y a los españoles lo que sea nuestro. Y todo esto haciendo números; pero, números de verdad, no las cuentas de aquí mi primo el Gran Capitán. Cuentas reales, contantes y sonantes, y si no salen bien parados, oye, pues que se jodan porque, total, eso les importa poco: el vulgar dinero no les interesa, sus intereses son más elevados, son espirituales.
Yo no sé si España es un país, una nación, un estado o una nación de naciones, un estado de países o un país de naciones. Y, la verdad, me da igual: yo soy español, de Castilla, la Vieja. No estoy orgulloso de serlo ni mucho ni poco: no es algo que necesite aventarlo a los cuatro cardinales para que los demás se enteren y me reconozcan como tal. No necesito alardear de paisanaje ni de historia; no necesito presumir de una hermosa y muy difundida lengua.
Pero, desde luego, lo que no soporto es a los cazurros y gárrulos que me odian por no sé qué cosas que no les hice ni yo ni mis antepasados y que, en todo caso, fue hace una tupa de siglos. No soporto a los gilipollas que me odian por ser español, porque soy castellano, y porque dicen no sé qué de un hecho diferencial y encima me lo dicen, en una buena parte, esos cuyos apellidos son Montilla, o Pérez o Alcalde y proceden -cuando no son- de "charnegos" y "maketos". Y no soporto a toda esa "pléyade" de cobardes que siempre acusan a los demás de lo que ellos hacen para no perder pela. Yo practico el boicot a los productos catalanes y vascos porque no necesito productos catalanes ni vascos. Pero, por si alguien tuviera alguna duda, dígame un sólo bar, pub, restaurante o similar en Barcelona, por ejemplo, donde yo pueda tomar DYC, porque no lo hay.
Así pues, como yo bebo DYC y eso es para gente sin complejos, pues que se vayan, que les den por el culo y con la misma que les salten los dientes y si alguno no está de acuerdo conmigo... me la suda.

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