27/01/2022

A VER SI TODO VA A SER MENTIRA...

Confieso haber visto el programa (a tramos, nunca completo y del tirón: completa y del tirón sólo concibo la siesta) alguna que otra vez y, con franqueza, no le veo la gracia a esos dos seres que dicen ser humoristas. Que no se la veo: será que su sentido del humor va en sentido contrario o que de puro ingenioso y refinado a mí, pobre sombra sobre la haz de la Tierra, se me escapa. Tal vez estén ahí precisamente para eso, para demostrar su mediocridad en estado avanzado y que el jefe del tinglado, de la farsa, del cotarro, el que parte y reparte el bacalao, descolle. El jefe es el omnipresente y todopoderoso Mejide. El jefe es ese tipo al que -no alcanzo a comprender por qué- sus propios compañeros, mutilados de orgullo y dignidad, acomplejados, rinden exagerada pleitesía en formato súbdito. Mejide es un tipo inteligente, de eso no hay duda. Tampoco la hay de que es un cobista según marque alguien con un poco más de poder que él (porque es evidente que poder ha acaparado hasta extremos sorprendentes) y no la hay, tampoco, de que es un oportunista que ha sabido hacerse un hueco sin necesidad de dar muchos codazos en un Olimpo televisivo jalonado de auténticos inútiles quienes, insisto, le ven como a una deidad indiscutible: la diva a la que no se le puede cuestionar nada... y mucho menos criticar: la última palabra no puede ser otra que la suya. Mejide va de guay, de <<porqueyolovalgo>> y de tipo duro sin pelos en la lengua que no se calla ni debajo del agua. Pura pose. Sabe medir los tiempos y sabe vender -ya digo que sin duda es un tipo inteligente y que sabe mucho de lo suyo- su producto que no es otro que él mismo. Pero, el producto es, en realidad humo y el vendedor, en realidad, es un gárrulo, un charlatán de feria ofreciendo mantas jerezanas <<made in China>> que triunfa gracias a la masiva ignorancia que puebla nuestras praderas y en melancólica espera, con abnegada paciencia, le da alimento y abrigo fingiendo indiferencia... Parapapapampapam... Mejide, en fin, no es más que un simple impostor, un timador de la estampita que ha sabido -no se lo niego- asentar su propia marca. El mundo actual que nos hemos dado tiene estas cosas, ¡qué se le va a hacer! Aunque, a fuer de ser justo, he de decir que al menos algo interesante ha aportado al espectáculo de sordidez en que estamos sumidos: un campeón de ajedrez. El ajedrez, informo a los televidentes seguidores de y aficionados a Mejide (porque es evidente que no lo sabrán), es un juego en cuya exposición/descripción no me detendré. En conclusión, que sí, que en efecto, que lo suyo Todo es (una gran) mentira.
P.S: Espero que no lea esto y que si lo lee no le dé importancia. Sólo faltaría que con su inteligente filatería desbocada y sus soportes comunicativos dirigiera contra mí, humilde ignorante desconocido, sus dardos y me dejara en evidencia y hecho un risto.