jueves, 17 de junio de 2010

La navaja de Occam

"La explicación más simple suele ser la más probable; aunque no tiene -necesariamente- que ser siempre la verdadera".

La contraposición sugiere, no obstante, que las más de las veces la explicación más simple sí es la más probable y sí es la verdadera.
Si acepto la proposición de Occam como válida, y lo hago, me bastan dos sencillas premisas para determinar el problema:
-La causa de la crisis es la avaricia de políticos, banqueros y especuladores.
-Los políticos, banqueros y especuladores españoles son más avaros que los de otros países.
Luego, la crisis en España es mayor que la de otros países.
Doy por sentado que siempre -es una ley universal- habrá alguien que trate de desactivar el silogismo; pero, no importa: la reducción es impecable porque abarca, en sí misma, la respuesta a cualquier excusa que se pudiera oponer (permítaseme la arrogancia).
La tenia (solitaria) -que es un parásito intestinal, por si los de la L.O.G.S.E. no lo saben- que nos han inoculado es, pues, el resultado de un sistema sin limitaciones reales ni vigilancia que permite a los poderosos actuar impunemente.
La pregunta que surge inmediatamente es "¿quién, entonces, debe responder de la crisis y paliarla?"
Evidentemente, los políticos, los banqueros y los especuladores y han de hacerlo con sus fondos personales y con los beneficios del enriquecimiento ilícito que han gozado. No son los obreros ni los pequeños ahorradores ni aquellos que, haciendo acto de fe ciega, intentaron mejorar un poco en sus condiciones de vida y ahora, hipotecados hasta las pestañas no pueden afrontar la deuda exagerada contraída. Sobre todo porque los políticos que han permitido la debacle, los banqueros que la han fomentado en su ruindad y los especuladores que se han aprovechado, tienen sus patrimonios a buen recaudo mientras que el resto de los ciudadanos se ven en el brete de sobrevivir sometidos a estrecheces que, de haberlo sabido, nunca hubieran permitido que llegaran.
Ya lo dije una vez y lo repito: si se socorre a un banco con fondos públicos, lo razonable es que a ese mismo banco -y es un ejemplo- se le imponga la renuncia a exigir el pago de las hipotecas. Si no se hace así, el banco en cuestión estará recibiendo un doble beneficio que procede del mismo bolsillo: el del contribuyente. Sí, así es, porque estará percibiendo el dinero de la hipoteca que se le debe y, además, el dinero que ese mismo deudor tiene que aportar en forma de impuestos. Entre tanto, el propietario del banco que autorizó las "maniobras" que desembocaron en la crisis -sigo en el ejemplo- continúa viviendo en su lujoso y confortable chalet, disfrutando de chófer y servidumbre, acudiendo a saraos de caviar y Rolex, etc.., y paseando por delante de la miseria sin estremecerse ni compadecerse.
Los poderosos han derivado la responsabilidad del problema en quienes no la tienen ni provocaron dicho problema. Ese círculo vicioso y viciado de poder -o poderes corruptos- en el que entre ellos se protegen hay que desmontarlo, eliminarlo, guillotinarlo.
En lo que sigamos aceptando su poder fiduciario y nos resignemos al falaz sofisma; en lo que no pongamos pie en pared y nos reconozcamos como la verdadera fuerza poderosa que quita y pone rey sin servir a un señor; en lo que no nos rebelemos contra la injusticia manifiesta y establecida, seguiremos subyugados, uncidos a la miseria.
Hay que levantarse y andar. Hay que decir basta y a quién nos dé el alto y nos grite "¡aquí mando yo!" apartarle sin complejos y sin miedos y responderle: "ya no, hermano, ya no".

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