domingo, 17 de octubre de 2010

¿Y después?

Se hizo (sólo un puñado de recalcitrantes mesnaderos) una supuesta huelga general que no fue más que un día festivo para algunos, un accidente más en nuestra esperpéntica Historia. Mucha alharaca en el escaparate, mucho dinero consumido inútilmente en banderitas, pegatinas, desplazamientos y fanfarria, dietas opíparas para los secuaces de U.G.T. y cecé oó y todo lo demás, ¿para qué?
Ahora, a pocas semanas de aquel extraño acontecimiento de cohetería "democrática", se ve cómo todo fue una farsa.
¿Un día de huelga y ya? ¿Ya está? ¿Se sale a la calle, se gritan cuatro consignas absurdas, se tiran tres piedras y ya? ¿Qué se pretendía, presionar? ¿Presionar a quién y para qué? Porque yo no he visto ningún resultado. El "gobierno" no ha modificado un ápice su estupidez ni su ignorancia y lo que es peor: siguen sentados en sus poltronas. ¿Entonces? ¿Cuál era la intención de tanto paripé?
Son, evidentemente, preguntas retóricas. Todos sabemos (incluso Menditoxo) el porqué de aquella cabalgata del orgullo guay.
Trataron de malear la verdad, de aplacar el auténtico clamor de la sociedad derivando responsabilidades, desviando la atención, proclamando falacias y se les vio el plumero: no coló en una ciudadanía harta de que la tomen por necia, irresponsable e inmadura. Todo sigue igual -para muchos, peor-.
Entonces, y ahora ya no es retórica, se hizo un día de fiesta ¿para qué? Porque pasado el asueto no se ha vuelto a saber nada de nada; las cosas han vuelto a su cauce con un gobierno inmutable ante la desgracia y el naufragio, con unos sindicalistas en perpetuo barbecho y anclados en una realidad inexistente por caducada.
Bien, y después de aquella pantomima, ¿qué? ¿Qué han hecho o dicho? Las medidas, ¿dónde están? ¿Y los resultados?

El dúo palmero "Menditoxo" en una de sus últimas actuaciones ante un escaso auditorio

Bueno, resultados sí habrá habido: para los amigos que hacen las estultas grímpolas y los rancios lábaros, para los amigos que hicieron las pancartas, para los que procuraron los silbatos, para los que imprimieron las octavillas... Y para algún que otro cerrajero y su vecino el de la cristalería.

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