viernes, 26 de noviembre de 2010

Lo imposible, por definición

Tengo dos ventajas -a mi me lo parece- sobre una buena parte de los genios de la Economía. Una es el sentido común. O lo que es lo mismo: dejarse de zarandajas, de predicciones y de estadísticas oscilantes y entrar de lleno en un razonamiento sensato y cabal. La segunda es que como mi blog no lo lee nadie con responsabilidades políticas, si me equivoco todo queda en un simple humo que el viento del tiempo dispersará.
Lo malo es que en este caso no me equivoco. Lo escribí hace tiempo, mucho, y ahora me reafirmo: el mercado laboral español NO PODRÁ NUNCA (ni a corto ni a medio plazo) ABSORBER A CINCO MILLONES DE TRABAJADORES DESOCUPADOS, NUNCA.
Eso, en la lógica más elemental y comprensible -para que lo entiendan nuestros políticos, por si hubiera alguno descarriado entre mis lectores-, significa que la ÚNICA medida adecuada para no arrastrar el lastre del paro durante décadas es dar a cada desempleado la posibilidad de autoemplearse, de que sea él mismo quien promueva su actividad.
¿Por qué los parados no lo hacen? Habrá de todo, claro; pero, muchos no lo harán por lo absurdo de la legislación española que todo lo complica económica y burocráticamente.
Lo esencial es:
A) Eliminar barreras y como en otros países se pueda crear una empresa en media hora.
B) Que se pueda empezar la actividad con el único capital del propio trabajo porque en España, para montarte tu propio negocio primero tienes que ser rico o empeñarte hasta las pestañas y aún no entiendo el porqué de tener que, por narices o por influencia, pasar por el sometimiento a los bancos.
¿Por qué no puedo yo alquilarle un local a un buen hombre, colocar cuatro librillos y empezar así mi librería? En España no; en España se exigen una serie de requisitos y de dineros incomprensibles y que, evidentemente, minan la iniciativa...
Luego sigo, que me voy...

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