14/04/2011

La de Dios es Cristo

Dios, para la doctrina católica, es omnisciente, omnipotente y omnipresente. Me quedo con esta última. Está (yo creo que ausente) en todas partes. Esto significa que cualquier lugar, recintos consagrados aparte, es bueno para que cada cual manifieste su fe. Un pupitre, por ejemplo, es buen sitio para implorar el milagro.
Sin embargo, no creo que la universidad ni sus facultades sean las ubicaciones adecuadas para contener una capilla.
Dicho esto, he de confesar que tengo un grave conflicto interior. No soy creyente; creo, empero, en la libertad de expresión sin cortapisas, sin fraudes ni recortes, cruda y dura. No obstante (y aunque la transgresión y la irreverencia sí son santos de mi devoción) me parece que hay un algo de cobardía en los actos organizados contra la religión cristiana.
Últimamente se han profanado capillas, se ha hecho escarnio de símbolos, se han vejado creencias. Pero, se ha hecho al amparo de una seguridad inicial: frente a eso no habría una respuesta violenta ni legal.
No me parece justo. No cuando veo cómo prolifera la intolerancia religiosa, cómo se fomenta la esclavitud que predica-impone la fe musulmana y ninguno de esos "protestantes" mueve un sólo dedo por miedo a las seguras represalias de los fanáticos islamistas. Eso es así de claro y así de simple.
¿Se atreverán estos grupos (con los que estoy de acuerdo, repito, que las universidades no tienen por que tener capillas) a sacar en procesión una imagen del profeta Mahoma desnudo, sodomizado o travestido?
Evidentemente, no. Pensemos en eso porque la pregunta que se me antoja, después de ver qué está pasando y cómo se suceden los acontecimientos, es "¿a qué se debe, a quién sirve y para qué esta guerra declarada al catolicismo? Desde luego no son actos espontáneos. Son "sabotajes" muy meditados y bien coordinados.
Hay muchas cosas en las que no creo. Una es la religión. Otra es que este tipo de algaradas sean fruto de la improvisación. Quien sea inteligente, que busque y encontrará las respuestas a estas y otras muchas más preguntas. Los métodos de agitación social de algunos partidos son inescrutables...

Titulocracia

Oigo, con estupor y por enésima vez, a cierto periodista abogando por que a la política sólo se pueda acceder con una titulación universitaria como si una licenciatura (o una diplomatura) fuera garantía suficiente para avalar conocimiento e inteligencia. Nada más lejos de la realidad. Más en un país donde hay universidades donde se "compran" los títulos y hay otras a las que el alumnado (los discentes) accede en condiciones precarias.
Recuerdo, de no hace tanto, las respuestas de algunos "universitarios" a algunas preguntas sencillas.
"¿En qué año empezó la Guerra Civil?" "Eso fue en el siglo veinte", responde uno. "En mil novecientos catorce", responde otro. Con "¿Quién escribió Platero y yo?" y la otra pregunta hecha, rebosa ya el vaso de la aridez intelectual.
Eso es el reflejo especular de una realidad dramática e inapelable porque en España lo que se exigen son títulos, no conocimientos ni calidad en estos. También recuerdo cuando C.Q.C. preguntó a la puerta del Congreso a nuestros diputados cuántas provincias había en esta bendita nación de cafres y ninguno "acertó". ¡Los que hacen nuestras leyes! ¡Los que consideramos tienen aptitudes sobradas para gobernarnos! Viendo lo que nos viene, el relevo está a la altura.


No hay ningún conocimiento exclusivo de una carrera ni, por tanto, vedado al aprendizaje de cualquier ciudadano. Todos los días vemos periodistas que hablan de todo, por ejemplo de Economía, sin haber pasado por la facultad de Ciencias Económicas. Según su razonamiento, sólo podría opinar de política el politólogo, de literatura el filólogo o pensar el licenciado en Filosofía. Pero voy más allá, ¿qué periodista puede poner en solfa la capacidad de alguien cuando en los medios de comunicación, cada día, nos atiborran de memeces y, lo que es mucho peor, de coces a nuestro diccionario y a nuestra gramática? ¿Quién no ha oído/escuchado aquello de "los convoys", el "atentado deleznable", y otras lindezas que salpican aún más nuestra ya bastante maculada lengua? ¿Con qué derecho opinan y escriben quienes no manejan la herramienta básica de su oficio? ¿Imagina alguien a un mecánico que no supiera, siquiera de oídas, lo que es un motor, una llanta o la tapa del delco?

Digresión: Se quejaba amargamente la chavalilla. Le preguntan si sale del examen de selectividad. "Sí", responde. Una de las preguntas a desarrollar era sobre Aristóteles y la muchacha, sobrada de inteligencia, afirma con una rotundidad pasmosa que no comprende cómo se puede estudiar a tipos como ése que era "un machista asqueroso de la época". Está todo dicho. "Res ipsa loquitur".
Volviendo al asunto que me mueve. No sólo es el periodismo un reducto de ignorantes (no todos los periodistas, por supuesto); todas las disciplinas y gremios se llevan su cuota, elevada y correspondiente, por delante.
Fijémonos, por ejemplo, en el gobierno actual. Rodríguez Zapatero, licenciado en Derecho, "dirige" el destino de un país sin saber una palabra de Economía (que se aprende en dos tardes -Jordi Sevilla-) y tras haber estado años votando presupuestos que no entendía (es lo que fácilmente se deduce del extraño ofrecimiento de Sevilla), por poner un ejemplo.
Vivimos empecinados en la "titulitis". Por eso -una rara especie de vergüenza o complejo- un elevado porcentaje de políticos (muy capaz alguno) miente en su currículo y lo adorna y engorda con datos falsos.
Los títulos, insisto, no aseguran ni conocimiento real ni inteligencia... Mucho menos capacidad. Buscamos el ornato, la distinción, la presunción vana y no el mérito ni el desarrollo de cualidades útiles; y así nos va. Además, la IGUALDAD es la piedra clave de cualquier democracia. Todo lo que no sea proteger y fomentar esa premisa fundamental, significa generar elites de poder -cerradas- que frenarán el desarrollo de la sociedad y de esa aspiración que es una comunidad de hombres libres. Ya se lo discutí a cierto periodista de "prestigio" y he de decir en su descargo que desde entonces no ha vuelto a desmerecer a nadie por su carencia de titulación. Loable. Y, por cierto: no es verdad que las nuevas generaciones estén mejor preparadas...

Con mi afecto y gratitud a don Jacinto Pérez Moreta.