jueves, 16 de junio de 2011

Mala memoria

o recuerdo (verbo exagerado en mi a todas luces) bien la Historia. Se me mezclan -cuando consiguen llegar- acontecimientos, fechas, definiciones y actitudes.
Tanto es así que ya no me acuerdo si entre los calificativos asignados sobre todo a los jefes predominantes de los hechos históricos figuran, como escalofríos sacudiendo la esquena desprevenida, palabras tan malsonantes como "subversivo", "sublevado", "levantisco", "levantamiento", "alzamiento", "clandestino", "revolución"... Casi todas (hay muchísimas más) dejan un rastro acibarado: el de un pueblo humillado y sometido.
Lo admirable, con independencia de que triunfaran o no las asonadas y sediciones, es que en la mayor parte de los casos la Historia (los historiadores y el pueblo lector) justifica estos actos y los ensalza como actos nobles, lógicos y necesarios. El argumento lo podríamos resumir en algo así como: "LA LEY ES IMPORTANTE PERO LA JUSTICIA LO ES MÁS".
Así, llegamos a la conclusión (acertada o no pero, en todo caso, defendida por cada sector simpatizante) de que, por ejemplo, la insurreción que origina la independencia de las colonias norteamericanas de la corona británica, o las posteriores réplicas en las posesiones españolas, o la revolcuión del 17 en todas las Rusias y tantos ejemplos más no eran sino desenlaces obligados. Y no sólo los vemos bien, sino que los ponemos como paradigmas de la lucha de los hombres contra cualquier tiranía por mucho que revista su aspecto de demócrata. Hasta tal punto que incluso aquí, en España, hay revisionistas que con buen criterio o no -ahora eso no me interesa- jalean la detonación fratricida del pasado 36 argumentando una democracia imperfecta y corrompida, el hartazgo del pueblo y mil cosas más. Curiosamente, los mismos que defienden aquel pronunciamiento ILEGAL (como lo fueron todos los demás desde Bolívar a Lennin, desde Robespierre hasta Zapata pasando por todos los demás) son quienes ahora censuran a una parte importante de la ciudadanía y apelan al escrupuloso cumplimiento de unas leyes que, entre otras cosas, son las que impiden cambiar las leyes.
El hombre es hipócrita por naturaleza y la sociedad le perfecciona -en la hipocresía, se entiende-. Cuando en Venezuela Chávez "desmonta" una conspiración demócrata para apearle del poder, aquí hay medios de comunicación que no tachan de "ilegales" a quienes pretenden restaurar el antiguo régimen venezolano. Antes al contrario les dan cancha y pábulo. ¿Por qué no les tildan con el ampuloso adjetivo "ilegal" y les exhortan a deponer su actitud y a seguir los cauces establecidos por la dudosa "legalidad" impuesta por el "Mono rojo"?
Ya. Lo justo es siempre lo que uno defiende y lo injusto todo lo demás; sobre todo cuando nos van privilegios en ello.
Veo lógico que tanto políticos como medios defiendan la disolucion del 15M. Se deben a los bancos que son los que pueden, agradadecidos, sostenerles económicamente. Los bancos no pueden permitir que este virus de libertad y justicia se extienda y contagie a más población porque esta en juego su imperio, su poder, sus beneficios astronómicos.
Los políticos, además, no pueden permitirse el lujo de un aumento exponencial de discrepantes (no con el sistema, ojo, sino con ellos -o ¿alguien ha visto armas en la calle?) que pueden removerles de sus poltronas de por vida.
Evidentemente, no es una cuestión de ser o no legales, sino de ser o no justos: de ejercer unos derechos conculcados con palabras hueras de charlatán, de gárrulo. Rodear un parlamento no es secuestrar y quien compare o equipare ambos términos estará mintiendo y, por ende, manipulando. Con todo, sería en defensa propia, la defensa de un pueblo al que esos señores le han secuestrado sus derechos. Pero, para desprestigiar y condenar al 15M todo vale y si una consigna no funciona, que arrecie el temporal: se busca algo más fuerte y contundente (¿a eso cómo se le llama?). Ahora, el contraataque se basa en una superposición que sólo se le puede ocurrir a algún idiota mediocre: ¡son iguales que los nazis de la Alemania de los treinta! ¡Así se empieza! ¿De verdad se lo creen? ¿De verdad esa es toda su capacidad de comprensión y análisis de lo que está pasando y de cómo, por qué, por quiénes, está pasando?

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