domingo, 6 de mayo de 2012

DERECHO A MENTIR

Hace unos días me lo confirmó un abogado entrevistado por televisión. Mucho tiempo antes ya me lo habían dicho un par de amigos letrados: mentir ante un tribunal es un derecho.
Todo sistema judicial debe garantizar un proceso limpio y justo, Un "derecho" de dudosa legalidad y ninguna ética no puede prevalecer ni entrar en conflicto con el resto de derechos destinados a obtener una justicia efectiva y equilibrada, ecuánime. El procesado, el denunciado, el reo, tiene derecho a la mejor defensa posible. Sin embargo, la frontera del exceso es peligrosa. Usar de todos los recursos dables para obtener esa defensa no debe ser interpretado -arbitrariamente- como "todos los recursos sean cuales sean".
Amparar y admitir la mentira como se hace significa que el sistema judicial está viciado y corrompido desde sus cimientos. Sí, porque sentenciar en base a una mentira implica una sentencia manipulada, falseada, y por lo tanto errónea. Lo juzgado en función de una mentira asumida con complacencia por un juez es un engaño a la justicia, una trampa y, sobre todo, un fraude de ley que los tribunales se saltan a la torera gracias a la impunidad de sus acciones y a no tener que responder de ellas: carecen de responsabilidad legal y esa inmunidad, junto al corporativismo, deriva en una estructura corrupta ante la que el ciudadano está indefenso.
La mentira consentida no sólo soslaya la verdadera justicia; también perjudica a segundas y terceras personas involucradas en los procedimientos procurándolos, así, un absoluto desamparo legal y judicial.
Sin embargo, ni siquiera estas aberraciones fomentadas por la mentira son lo más grueso del problema planteado. Ya he comentado que una sentencia fundada en la mentira es errónea; pero, ese error en el fallo tiene un nombre: prevaricación. Y eso convierte a quien la practica en delincuente. Podrá un juez justificarse e intentar su propia exoneración arguyendo que él no puede determinar quien miente y quien no, Si un juzgador no es capaz de dirimir -con todos los mecanismos que tiene a su alcance- dónde hay una mentira, entonces no es buen juez y lo mejor que puede hacer es renunciar a su cargo/puesto antes de perjudicar a la parte "inocente", de castigarla, de condenarla de la manera más ruin e infame que imaginarse pueda.
No pasa día sin que nos llevemos la blasfemia indignada a la punta de la lengua viendo cómo nuestros fiscales y magistrados se mofan, descaradamente, de la ley (y por ende de la justicia) y cómo sólo su impertinencia es mayor que su arrogancia al saberse intocables. Sobre éso, podríamos ser muchos los caídos en la equivocación si no fuera porque son algunos miembros de la propia judicatura quienes, en una actitud que les honra, lo denuncian. Ellos y un amplio colectivo de abogados hartos de ver impúdicamente magreada la ley y vejada la justicia. De los ciudadanos, no digamos: ahí está la propia memoria elaborada por el ministerio.
Pero, pedir honradez en este país es como pedir peras al olmo.

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