01/09/2009

Apretarse el cinturón... al cuello

Para este Gobierno, casi todo es una cuestión de interpretación, de mala interpretación.
Hace ya mucho tiempo, tras una farragosa explicación, alguien afirmó: "No. No me entiendes". A lo que hubo el otro de responder: "Sí; pero no es que yo no te entienda, es que tú no te explicas".
Si para desentrañar una frase que contiene un concepto o una idea simple necesitamos un trujamán, mal vamos.

Ahora, con lo de la subida "temporal" de los impuestos -que ahora serán para las rentas más altas- lo que queda claro, un poco más si cabe, es que el gabinete del señor Rodríguez Zetapeta es un cónclave de improvisadores. Y queda también, meridianamente, claro que el pueblo español es un conglomerado de seres incapaces de la autocrítica y conformistas por demás.
Si alguno de esos individuos tuviera a bien comprobar cuánto y cuántas veces ha subido la luz en los dos últimos años, o la gasolina, o el tabaco y así sucesivamente, verificaría que los incrementos son continuos y éso, querámoslo o no, son impuestos.
El apogeo de la estupidez viene, no obstante, no en el irreconocimiento de sus errores o de sus limitaciones. No. El clímax lo alcanzan cuando acusan al resto de mortales paisanos que no comulgaban con su descabellada imposición de "insolidarios".

Yo no sé -tampoco me importa- si el señor Rajuá y el resto de prosélitos y acólitos del Pepé son o no insolidarios.
Insolidario es aquel que, lógicamente, no es solidario, no se consolida con una acción, con una opinión. Así, cualquier discrepancia de su "unimente" es insolidaria.
Es peligroso trazar una pauta de comprensión sin un diccionario español-político, político-español. Aun así, hay que intentarlo.

Veamos. Las rentas más elevadas deben arrimar el hombro en estos momentos cruciales para intentar no perdernos definitivamente en el abismo. Bien; pero, yo estaba convencido de que eso ya estaba establecido en nuestro sistema de tributación y, por lo que veo, o era un sistema deficiente o en su tramoya hay más trampa que cartón... o ambas cosas a la par.
Más. España no es un paraíso fiscal; pero, "como si lo seriese". La cantidad de dinero negro que, si se quiere, se puede hacer aflorar es impresionante y ya, de paso, a todos los que están metidos en ese revuelto, darles un bonito juego de grilletes. Es de dominio público y si alguien no lo sabe, o es tonto o es de otro planeta.
Y más. Estamos en crisis y se ayuda a la banca. Bien, ¿a qué banca y por qué? ¿Por qué yo, como contribuyente, he de responsabilizarme de la mala gestión de los agentes bancarios? ¿De unas entidades que siguen obteniendo beneficios y que siguen reclamando las cantidades que por sus contratos de usura se les deben y que los ciudadanos, la mayoría, mal que bien, continúan abonando religiosamente? Pues a esas entidades y corporaciones es a las que hay que someter, no ya a una vigilancia exhaustiva y a mecanismos depurativos severos, que también, a un régimen de cooperación con la sociedad mucho más generoso. Y, desde luego, del mal causado que se haga cargo su hacedor.
Y mucho más. El movimiento, ya lo dijo el señor Aristotételes, se demuestra andando. El procedimiento ejemplar siempre debe empezar por uno mismo. En este caso, por los políticos y sus muchas y pingües rentas fruto de una situación esperpéntica. Tienen, a ver si son capaces, que ajustar y reducir sus opulentos privilegios y hacer lo que predican. Y una vez hecho esto, coger a la mitad de los funcionarios de este país y ponerlos de patitas en la calle por varias razones: ineficiencia, holgazanería y porque hay demasiados que están viviendo/cobrando de los impuestos de los demás y, encima, manteniendo un puesto de trabajo inconcebiblemente de por vida mientras que sus pagadores están siempre con el alma en vilo. Es una saturación insoportable para cualquier estado. Luego, ya entrados en harina, cambiar el cómodo esquema sindical, ahito de liberados improductivos, y sugerir otro que refleje la realidad: la inmensa mayoría de los trabajadores no están sindicados y el más representativo no copa más que un porcentaje insignificante de obreros. Traducido: su legitimidad negociadora es relativa y sus decisiones y acuerdos, discutibles.
Estas claves elementales de economía doméstica son coherentes y perfectamente aplicables al estado general de nuestra situación nacional: reducir gastos superfluos, recabar el dinero perdido bajo los muebles y el que está escondido en el colchón, usar el transporte público, hacer nosotros mismos las gestiones en vez de ir a la gestoría... En fin, aplicar una política de austeridad y contención, un esfuerzo, que repercuta en la mejoría general y permita mantener a los chicos la paga de los domingos porque ellos no tienen la culpa de nuestros despilfarros ni de nuestra mala cabeza.
Queremos ser un país moderno, en vanguardia: nunca lo conseguiremos. Nuestro carácter egoísta, pícaro y subsidiario lo impide.
Pondré un ejemplo ilustrativo para aquellos capaces de leer entre líneas:
Hace años me llegó un correo admirable.
Un joven argentino se fue a trabajar a Suecia. Una vez instalado en su casa, la víspera de debutar en su nuevo empleo, le visitó un vecino -enterado de la proximidad de un nuevo compañero- para ofrecerle un asiento en su coche: "somos varios y cada semana lleva uno el coche; si quieres, mañana te recogemos a..."
Al pibe le pareció bien. Al día siguiente fueron a la fábrica. Llegaban con tiempo de sobra. El aparcamiento de la factoría estaba casi vacío. Entonces el conductor -como hacía habitualmente- llevó el coche al lugar más apartado de la puerta de entrada a la nave y lo aparcó junto a otro.
El chaval argentino, sorprendido, le preguntó por qué teniendo sitio cerca de la puerta lo dejaba tan lejos y justo al lado de otro habiendo tantas plazas disponibles.
El sueco le respondió: "Nosotros venimos con tiempo suficiente para ir andando hasta el trabajo. Si aparcamos allí permitimos que quienes llegan tarde puedan dejar su coche cerca y evitar retrasos; y dejándolo junto al otro evitamos intercalar espacios que luego la gente tiene que buscar".
Parece una digresión incoherente; pero, quién quiera entender, que entienda.
Eso es to... eso es to... eso es todo, amigos.

31/08/2009

Veo veo...


Mi planteamiento es sencillo:
a) Si el destino no está "escrito", es imposible conocerlo con anticipación: es impredecible.
b) Si el destino está "escrito", se puede predecir; pero, por ende, es invariable: se ejecutará inevitablemente.

La necesidad humana de acudir a un oráculo, a un augur, para conocer su futuro no es nueva. Delfos y Casandra, las vísceras de la aves y las entrañas de los toros, las runas, la corneja a diestra o a siniestra, las nubes o el I Ching (por citar algunas supersticiones de índole adivinatoria o agorera) y, más recientemente, la cartomancia, la quiromancia, los posos del té o la copromancia -ya puestos-, denuncian el temor humano ante lo desconocido que se le viene encima, su inquietud por anticipar un resultado y, sobre todo, su inseguridad en estas agitadas aguas que navegamos hasta desembocar en la mar que es el morir.
Es, la de conocer el porvenir, una curiosidad innata que, en sí misma, ni es buena ni es mala: está ahí. Tanto es así que el hombre está inventando constantemente nuevas supersticiones y sus correspondientes talismanes sin que tengan mayor importancia ni repercusión en su vida... hasta que entran en baza los charlatanes, los avispados sin escrúpulos que aprovechan las ignorancias elementales para sacarles los cuartos a los incautos que no se resignan a soportar el presente que les h
a tocado en suerte. Gentes que no se conforman con su "destino" y que no se plantean, cuando llaman a un número de valor añadido o cuando entran en un "gabinete" adivinatorio, por qué todos esos despabilados viven de sajarles las perras y ninguno de la lotería o de los cupones de la O.N.C.E. Y lo peor es que la mayoría de los usuarios de estos timadores son reincidentes y tampoco se interrogan el porqué de su retorno: es evidente que si vuelven es porque la vez anterior los vaticinadores no acertaron sus pronósticos, así que para qué volver; o si atinaron -lo cual es harto improbable-, es porque lo que va a pasar es inexorable y sólo estarán prevenidos cuando el propio destino (o quien mueva sus filos) así lo decida.
Pero los humanos somos así, de naturaleza tropezona. No paramos hasta que alguien nos embauca con la patraña de que vamos a ser altos, guapos y ricos. Pasan los años; seguimos hundidos en la miseria diaria y, aún así, mantenemos intactas las esperanzas de que a la mañana siguiente, de camino a la obra, a la fábrica, al comercio, al desagradable tajo, nos llueva del cielo inclemente ese golpe de suerte que nos cambie la vida. En fin...



"ésta no adivinó su próximo lugar de residencia"

28/08/2009

Los que proclaman la Libertad de Expresión... su Libertad de Expresión.






No deja de ser significativa -y conmovedora- la defensa que algunos seres paisanos hacen del derecho inalienable (INALIENABLE) a la Libertad de Expresión.
Tan ardua y "comprometida" es esa defensa que a mi casi consiguen estremecerme -y engañarme- si no fuera porque tras su denodado empeño luego van y, como la puta del chiste, "abrir la boca, ¿pa' qué? ¿Pa' cagahla?"
En el uso y amparo de ese derecho, ellos pueden soltar cualquier cosa -llamar asesino a un Presidente, hijo de la chingada a otro, fascista, cerdo o en fin a un opositor a su causa, lo que sea- sin que nadie les haga frente porque entonces será "que están siendo víctimas de una persecución por parte de quienes no quieren la libertad de expresión", chivos expiatorios de una "operación de acoso y derribo" con la que quieren -ocultas y maléficas fuerzas del Averno- desjarretarlos y joderles la subvención.
Y, claro, los que están acomplejados o no le tienen miedo a la libertad de expresión, pues, pasan de ellos y les dejan decir.


La cosa cambia cuando son los propios ellos los receptores de las lindezas. Entonces hay que acudir a la "justicia" para que ésta ponga en su sitio a los fascistas que campan por sus fueros y porque ya está bien de que en este país hablen siempre los mismos e insulten sin que nadie les ponga freno.
O, dicho de otra manera: yo digo lo que me dé la real gana y tú te callas. Porque lo progre, lo de izquierdas de toda la vida, es promulgar el derecho pero negárselo a los otros.
Yo, que soy un complejo animal político, descreído, liberal (de los de libertad, igualdad y, a veces, fraternidad), que creo que las ideologías hace mucho tiempo que han muerto o son inútiles, que pondría en su escudo algo así como "nemo super nemo, nihil super nos", soy un fervoroso abogado de la libertad y todas sus vertientes y no me creo eso de haced lo que predico y no lo que hago.
Tanto me gusta la libertad (ya sé que es una dulce utopía) y tanto la de expresión, que espero ansioso la portada del Jueves en que pueda ver al señor patriarca de los Borbones siendo sodomizado por un anónimo uranita enmascarado y que la "casa real" tenga que envainársela y dejarlo pasar.

Me gusta la Libertad de Expresión para mi y para los demás; sin límites ni acotaciones morales o legales (todo eso de la difamación, la caloña, la injuria y demás zarandajas que sólo sirven para que un idiota famosillo colapse los juzgados en busca de "pastizarra gansa") y sin excepciones ni privilegios: de Dios abajo, todos; reyes, políticos, jueces y famosos incluidos. Y lo defiendo aunque no esté en absoluto de acuerdo con ejercer un derecho para lacerar sin pruebas la imagen o el honor o la honra del vecino; lo defiendo aunque no me gusten las acusaciones falsas ni la falsedad en ninguna de sus singulares formas. Y lo defiendo para una caricatura del Papa o de Mahoma.
De ahí que me choque que uno que se autodenomina "progresista" se escude en la justicia para aventar su integridad y se queje de que "los del otro bando - o los otros bandos-" hagan lo mismo en su afán depurativo y rehabilitador.
Como decía mi casi amigo F. Guinea: "O semoh, o no semoh: trath id de cuertio".







¡Por favor,..

... que alguien llame idiota a Rodríguez Zapatero!
Uno ya no sabe si la tomadura de pelo es fruto de una íntima convicción y de la inutilidad manifiesta de este "gobierno" o del arte gárrulo de un trilero de medio pelo y poca monta que ha conseguido izarse hasta el más alto cargo. Ahora la receta para salir de una crisis que los desborda y nos intimida es, ¡channn!, subir los impuestos. Como si los que ya dispensamos fueran pocos y cobardes. Con las rentas depauperadas, con el paro en aumento y con los bancos haciendo su agosto -siendo los culpables de todo-, el esfuerzo reparador se lo vuelven a pedir, a imponer al ciudadano que tiene que seguir haciendo agujeros en el cinturón mientras ellos, panda de ... (cuélguelos cada quisque lo que más le cuadre), disfrutan de sus cafetitos a ochenta céntimos.

Subir los impuestos significa, más allá de la necesidad, que estos tipos no tienen ni idea de por dónde coger al toro y, claro, como no saben coger al toro por los cuernos pues nos cogen a nosotros por los güevos, que así duele más.
Que no tienen tampoco ni pizca de vergüenza, ni quien se la ponga, lo demuestran las sucesivas chapuzas que afrontan con descarada arrogancia o culpando a otros. En cualquier país civilizado ya estarían pidiendo limosna en la puerta de una iglesia o escardando cebollinos, porque hay que ser inepto para no aprender Economía en dos tardes. Pero estamos en el país de Nopasanada. Con tantos subvencionados y con tantos lameruzos es normal que tengan un amplio, y caro que nos sale a todos, apoyo popular y el voto masivo de ignorantes y allegados en dudosa legalidad.


Y la guinda al pastel va este cenutrio y se la pone afirmando que la subida es "temporal" y la justifica con no se sabe muy bien qué argumentos y establece una -otra más- falsa estadística comparada: España tiene los impuestos más bajos de Europa.
Vamos a ver, peazo algárabo, no te voy a iniciar en el secreto de la Economía porque después tendría que matarte; pero, tampoco pienso dejar que me comas la pol... émica moral con tus memeces para sandios y votantes del P.S.O.E. En Francia, por ejemplo, la barra de pan está (es un suponer) a dos euros y en España a uno. Claro que en España se paga un euro menos que en Francia; sin embargo eso no significa que CUESTE MENOS: imaginemos, es otro suponer, que la renta disponible que le queda a un franchute medio es de mil euros mientras que al mismo franchute nacido en España lo que le queda son menos trescientos euros. Atención, pregunta: ¿a quién cojones le cuesta más la puñetera barra de pan? ¿Entendés, Sapaterito? Porque para saber eso no hace falta ser un sesudo economista y te lo he puesto por lo facilón, de manera que cualquier "salado" o similar sea capaz, por muchos máster en Economía que tenga, de entenderlo a la primera sin necesidad de diccionario de autoridades.
Dicho esto, yo, con la mejor intención del mundo, te diré cuál es la primera medida, la más inmediata y eficaz, para sacar a España de esta crisis: empieza por dimitir y convocar nuevas elecciones porque será la única manera de que quien llegue pueda salvar algo del naufragio.
Un naufragio, por cierto, provocado por un capitán orate empeñado en comprobar si chocando contra los escollos el barco hacía o no hacía aguas. Ya ves, ¡oh, capitán, mi capitán!, que sí, que el barco hace aguas y además... se hunde.

24/08/2009

PUBLICIDAD


Lo peor de la Publicidad no es que sea engañosa. Lo peor, con diferencia, es que sea estúpida (si es que se me permite el atributo). Llevo centurias dándole vueltas al magín e intentando comprender cómo alguien puede pagar, y muy bien, a un imbécil para que le haga un anuncio imbécil de un producto imbécil y que lo compren los imbéciles. Ejemplos para ilustrar, a tupa.
Los sesudos publicistas, arropados en algo parecido a "lo importante es que el producto cale", son capaces de las mayores atrocidades y quedar impunes sin el más leve asomo de vergüenza ni remordimiento.
Tomemos un "spot": el de NICORETTE, esos chicles -o lo que sean- para dejar de fumar. La "puesta en escena", la narración en sí ya es asaz deprimente: que si una cajetilla (me gusta más que "paquete") pegada a la palma de la mano que no cae, que si una ventolera... En fin, patético. Pero, el mensaje, lo que rumiamos en las mientes, si que no tiene por dónde cogerlo: "con Nicorette y tu fuerza de voluntad..."
¡Y mi fuerza de voluntad! Hay que ser gilipollas. Si tuviera "fuerza de voluntad" para dejar de fumar, evidentemente, no necesitaría los putos chicles -o lo que sean-. Y si además, a este lamentable conjunto elaborado por algún "genio" del "marquetín" (del inglés MARKETING, admitido en castellano como MERCADOTECNIA, o mercado a secas) le añadimos que la lectura del prospecto ya da ganas de pegarte un tiro antes que meterte al cuerpo una cosa de esas, pues cerramos el círculo o formulamos su cuadratura.
Anuncios como este, a porrillo. Yo, si tuviera poder para ello o cierta influencia, propondría que penalizaran a estos cretinos, que los desterraran o que les impusieran una razonable condena: aprender publicidad de los argentinos. Claro que puestos a eso, habría que hacer algo similar con periodistas que lo único que saben de español es el abecedario, docentes cuya deficiente preparación es el alimento espiritual de nuestros infantes, políticos...


23/08/2009

Epur, si muove





Seamos serios: algo está cambiando en Vasconia. El tálamo nupcial entre los dos más rancios enemigos políticos ha conseguido gestar un cambio real, lento, pero real, en ese conflictivo y peligroso territorio. Lo vemos cada día en los telediarios y nos sorprende, por ejemplo, cómo la "ertzaintza" arremete sin contemplaciones, sin complejos, contra aquellos que alientan la muerte incluso de los suyos, de los "ertzainas".
Es un cambio plausible. De él deben estar orgullosos todos los que han osado enfrentarse, antes y ahora, a los caciques bélicos que dominaban el paisaje y lo acoquinaban con sus aplomadas razones.
Eso es así; pero, de ahí a que las Vascongadas sean un oasis...

La débil peana que sustenta el acuerdo político que les permite gobernar no da para tamaña afirmación. La concordia puede romperse en cualquier momento por la causa más tonta de las dables y devolver el poder a esos seres esperpénticos que, mal que les pese, son el reflejo paradigmático de la esencia española por excelencia. Tal es su contradicción.
López, supongo, habla más por mor del deseo que quiere expresar que como análisis de la realidad. Y en sí mismo eso es bueno.
Sin embargo, no hay que lanzar las campanas al vuelo. La precaución -que no está reñida con el aplomo-, la prudencia más observada, exigen un recordatorio permanente de cuál es la situación a pesar del avance.

P.S.O.E. y P.P. han solapado voluntariamente (y con buen criterio que debería extenderse) las divergencias que les mantienen en polos opuestos con el fin, buen fin, de conciliar posturas y atacar los verdaderos problemas de aquella sociedad buscando soluciones no partidistas. Pero, la intención, siendo óptima, no carece de zancadillas y de irredentos odios procedentes del otro mundo.
Si cabe, E.T.A. enconará su empeño mortífero y tratará de ampliarlo hasta límites insospechados porque ni ellos, ni los otros nacionalistas, renuncian a recuperar su violenta hegemonía. Que no piense el Presidente del gobierno vasco que ya está todo hecho con una simple firma, con un acuerdo, y que la naturaleza creará los cauces adecuados para desalojar las aguas turbulentas. El empecinamiento de estos idiotas terroristas, fracasados de la vida, no cejará. Tampoco el del nacionalismo "moderado". Si el señor López no lo tiene claro, lo mejor es que se cuelgue en una pared del despacho un recordatorio perenne:

zalantzaren bat argitzeko edo iradokizunaren bat egiteko: Otegi, Arnaldo. Urkullu, Íñigo. ...

22/08/2009

Y, ¿si remedio no alcanza?

Dicen que nadie sabe realmente lo que tiene hasta que lo pierde. Yo creo que nadie sabe lo que tiene hasta que no hace una mudanza. Sólo quienes han hecho una o están de lleno en el lance son conscientes de la cantidad ingente de cachivaches, de todos los caletres, que es capaz de contener una casa, un hogar. Y si se tienen pululando por ahí niños, más. No son sólo esos bártulos apilados en infeliz adocenamiento en un armario, en un trastero o en empolvadas cajas que duermen bajo las camas buscando un espacio imposible y una paz ficticia y molesta. Es el montón impertinente de cacharros que se escondieron imperturbables en rincones inaccesibles o bajo muebles amigos de una poderosa gravedad.
Ni Dios con sus duras pruebas ni el Demonio con sus tentaciones consiguieron socavar la paciencia proverbial de Job. Pero, porque a ninguno de los dos se le ocurrió probarle con una mudanza.
Cuando, providencialmente, se cuenta con la inestimable ayuda de algún amigo que no hace ni el huevo pero que, en su empeño altruísta anima y acompaña en las cervezas, todo es más llevadero. Si la muda hay que hacerla en solitario, la metáfora más aproximada sería la de un ciclista subiendo un colosal puerto de montaña echando el bofe, con la lengua fuera y el alma hecha añicos por el esfuerzo.

Hay gente -porque hay gente para todo- a la que le gustan las mudanzas por lo que tienen de ritual, de ceremonia de cambio, de ilusión, de esperanza. A esa gente no le importa el número de cajas a llenar y lo hacen como si estuvieran en un concurso de la tele en pos de un suculento premio. Esa gente no se para a pensar no ya en que después de encajar hay que desembalar, buscar nuevos asientos y romperse los sesos buscando el milagro de huecos útiles, sino en todo el intermedio afanoso y desesperante que conlleva el change.
Yo lo pienso y ganas me entran de dejar mis bienes vacantes, relictos a la espera de mejor dueño que los aprecie en lo que de verdad valen y cuestan.
Pero, el sentido de la propiedad está muy enraizado en el hombre y resulta difícil desprenderse de cualquiera cosa que nos pertenezca; da lo mismo que sea un calendario del 36, un enjambre de cromos desvaídos y esclavizados por la humedad o aquella postalita cursi que nos dio el primer amor y en la que escribió la cita más celebrada del genio hindú: no llores por no ver el sol...

El caso es que sin darnos cuenta nos convertimos en grotescos caracoles, nos echamos la casa a cuestas y sonreímos estúpidamente a los vecinos mientras respondemos a la evidencia: ¡sí, sí: ya nos vamos!


21/08/2009

EL DOLOR

Con frecuencia el ser humano compara todo menos el dolor. A pesar de la miseria que nos circunda, de ver a diario seres en situaciones y condiciones más precarias que las nuestras, la magnitud del dolor propio, su intensidad angustiosa y devastadora, siempre es mayor. Es lógico: el dolor de los demás nos conmueve; pero, por amargo que resulte, no lo sufrimos.
Si lo comparásemos, es posible que cayéramos en la horra tentación de paliar nuestro sufrimiento a través del olvido o de la resignación. Si lo comparásemos, es posible que incurriéramos en el absurdo afán de minimizar nuestro padecer sepultándolo con gruesas paladas de conmiseración. Y tal vez resultara; aunque sólo momentáneamente.
Si alguna cualidad específica, si alguna característica o propiedad distintiva tiene el dolor humano es que conlleva dolores adjuntos que nos infligimos por el sólo hecho de tener o padecer un dolor.
Hablo de los dolores físicos -somáticos- y de los anímicos porque tanto montan como montan tanto. Los unos tienen su reflejo y repercusión en los otros y cada uno de ellos tiene afluentes que derivan de él y que en él desembocan siniestros y demoledores.
Para estos tormentos, los de verdad, no hay consuelo, no hay placebo engañador ni píldora sacrosanta y analgésica que los aplaque. No tienen posibilidad de inyectar un antídoto eficaz que los resuelva.
Sin embargo, ni siquiera lo peor del dolor es el dolor en sí mismo. Su mayor crueldad radica en su prolongación temporal, en su permanencia cotidiana que nos obliga a padecerlo día a día, hora a hora, conscientes de que un único segundo de vida puede contener todo el apabullante dolor del mundo.
Es entonces cuando observamos, el alma hecha jirones, cómo envejecemos prematuramente, y cómo vamos muriendo dejando nuestro vigor en los esfuerzos inútiles por sobrevivir, por mantenernos aferrados a una triste tabla que se deshace inexorablemente.
Hay, bien es verdad, quien gracias a un audaz esfuerzo titánico, consigue sobreponerse al martirio y encallecer su corazón, impermeabilizarlo, inmunizarlo frente a otros dolores previsibles y futuros; no es menos verdad que para conseguirlo, por lo común, el tributo pagado es alto y, a veces, irrevocable o irreversible y que la muesca que deja el dolor extirpado se convierte en un agujero negro lleno de insensibilidad.
Sin duda debe ser una compensación natural igual que la vida, dicen, recompensa las buenas acciones y castiga las malas.
Pero, sigue sin ser un alivio el entrar en una espiral de desconfianza, de decepción del género humano; el arrastrar de por vida el ceño fruncido y el gesto severo que impiden disfrutar de las pocas cosas buenas que somos capaces de apreciar o de obtener. El dolor, duele y la coraza pesa. Es harto difícil soportar la dolencia y sonreír como si nada ocurriera; es difícil volver a vivir cuando has muerto en vida. Lo sé. No obstante, si tengo que elegir, opto por la coraza y que los demás choquen contra ella.
El Demiurgo que nos manufacturó no corrigió los defectos de su vulnerable producto: habría que haberle dado un par de consejos prácticos. No se puede ir por la vida con el alma rota.




14/08/2009

En mantillas y... en bragas.


Aquí mi prima, la miembra más descollante del Gobierno, no ha perdido lengua al afirmar -según un titular de ABC- que "la nueva ley estrella está muy incipiente".
Ya estamos acostumbrados a los alardes lingüísticos de nuestros políticos, así que no nos sorprende que vindique el estrellato para dicha ley como no debe hacerlo el que para ella, para la señora Vicepresidente/a, en su espléndido español, "esté muy incipiente" o, lo que es lo mismo, "esté muy que empieza".
El Español da para mucho, bien es verdad; pero, no se puede estirar tanto.
Lo que trasluce tan magnífica composición gramatical es, simple y llanamente, una ignorancia supina, mayúscula. En su recipiente mental, la Vicepresidente/a, habrá considerado que uno de los atributos de su poder omnímodo es el crear una nueva lengua partiendo de la vernácula. Habrá considerado, sin duda, que añadiendo un excipiente adverbial y superlativo, redundaba la idea maravillosa de una cualidad. Pero, se ha pasado dos fronteras, la de Argamasilla y la de Portugal, porque lo que ha expuesto con nitidez abrumadora es su ignorancia pedantesca y la nula preocupación por dar esplendor, como "carga pública", a nuestro idioma. Hubiera sido mucho más sencillo afirmar que la nueva ley, estrellada o no, "estaba, aún, en mantillas". Pero, estos políticos tan cultos son así.

13/08/2009

Dos polos tiene la Tierra.

Renuncia, con todo el dolor de tu alma, a lo que más quieres y te llamarán cobarde. Lucha por ello y te llamarán egoísta.

El doble juego de Estela Comb.

Ahora, de repente, le vinieron a la cabeza -como una bandada de pájaros insolentes envueltos en un griterío ensordecedor-, todas las caras del pasado.
Una a una pasaron delante de ella dejando su punzada mordaz, clavándole la mueca irónica que las desfiguraba en aquel lugar profundo e impreciso de donde procedían las lágrimas.
Había pasado casi toda la mañana llorando. Le dolían los ojos enrojecidos y extenuados y el pecho asmático le jadeaba anhelante de aire.
"La vida -le dijo aquella voz serena desde el otro lado del teléfono- termina siendo justa. No me consuela -le explicó la voz sin énfasis rencoroso-; pero, recoges lo que sembraste: ¿recuerdas la parábola?"
Claro que la recordaba. Durante los días largos que precedieron su decisión esperó, temerosa, aquel desenlace. Durante días temió tomar la decisión errónea y que sucediera lo que no deseaba y que intuía que sucedería.
Y, ahora, la confusión, el remordimiento, el dolor, el vacío contumaz.
Estela Comb buscó una vez más el número en la agenda de su teléfono portátil. Lo seleccionó. Dudaba. El pulgar le temblaba presa de un calambre infinito. "No. No quiero consultar, le diría a la melosa pitonisa: quiero decirte que me aconsejaste mal, que me engañaste y que ahora..."
Estela Comb cortó el pensamiento, la frase incipiente que empezaba a consolidarse.
No tenía derecho al reproche. Era el engañador engañado. Se dejó arrastrar por la superstición ajustando la interpretación de cuanto le decían a su intención. Oyó lo que quería oír, nada más, y se equivocó. Eso era todo.
La mañana se resolvía lenta bajo el cielo raso. Le escocía en los ojos la dura luz de un sol entero, prepotente. Apenas podía sostenerse en pie y en un impulso de desesperación se declaró rota, definitivamente hundida.
Su memoria prodigiosa repasó, con precisión estremecedora, el resto de la conversación.
Se enjugó las lágrimas de nuevo. "No, Estela, ya no. Persististe en tu..." "Lo siento; pero, ya, se acabó: a pesar de todo te ayudé y aun así..." El aplomo de la voz la estremeció.
Estela Comb acababa de comprender. De repente, el deplorable resorte de la certeza se disparaba para revelarla toda la magnitud de su naufragio: ella hundió el barco y ella, sólo ella, Estela Comb, había apuñalado a quien la recogía del proceloso oleaje.
Quizás aún tuviera una última oportunidad, el arrepentimiento postrero que salva del descenso a los infiernos.
Intentó sosegarse, recobrar el maltrecho aliento.
Un pitido largo, dos... Durante treinta segundos los tonos horros se sucedieron. Nada. Repitió. Tal vez estuviera... Volvió a marcar. No importaba. En cuanto viera en la pantalla su nombre descolgaría. Tiiiii... Soy yo. Tiiiii... Ya, ya lo veo; dime. Tiiiii... Bueno, yo... No, escucha: déjame hablar, por favor... Yo... Tiiiii... Tiiiii...
Un escalofrío le sacudió la espalda dejando su trallazo demoledor. Estaría ocupado en algo importante. Seguro que en cuanto pudiera llamaba. Una oleada de angustia crispó aún más sus nervios desatados. No aguantaba más. Aquel dolor intenso en el alma; aquella presión en la garganta atenazada por los jipidos; aquella laxitud extendida a todo el cuerpo. Y la desesperación.
Tiiiii... Tiiiii... Tiiiii... La apuesta había salido mal. ¿Cómo no se dió cuenta antes? ¿Cómo pudo estar tan ciega?
Un calor recio, asfixiante, empezaba a copar el día. A tientas, con los ojos licuados, llegó al salón y se derrumbó sobre el abominable sillón anaranjado. Hundió la barbilla sobre el pecho un instante.
Intentó concentrarse intensamente en la frase final del mensaje de la pitonisa: "Y recuerda, Estela: cuando quieras conseguir algo basta con que lo desees con fuerza".
No iría a trabajar. Esperaría; toda la semana si era preciso. Tiiiii... Tiiiii... Tiiiii... Toda la vida si hacía falta; o lo que le quedara de ella... Tiiiii... Tiiiii... Tiiiii...

11/08/2009

La pájara... pinta

Hoy es uno de esos días en los que uno se iza sin pizca de ganas de nada, mucho menos de escribir. Da unas vueltas al redil con el remordimiento del sueño, bien pegado aún, en los párpados; se apronta un café cargado de buenas intenciones y tres de azúcar y, con el cigarrillo en la comisura para que las vedijas rebeldes no le amarguen los ojos, traza la bisectriz entre lo real y lo onírico.
Parcialmente tonificado, con el cerebro obcecado en su entumecimiento, descargando bostezos, se arriesga a leer lo que los periódicos afirman son noticias.
La primera ojeada es
decepcionante. En realidad no esperaba otra cosa.
Y no esperaba otra cosa no ya por la terrible y defectuosa redacción de una grande parte de los textos; tampoco por el insulso contenido informativo de un agosto, más bien bajo en calorías noticieras, pero agitado por los de siempre. Uno no esperaba otra cosa porque las noticias siguen manteniendo peculiares prismas de interpretación que, después, son los que calan en la población y los que crean opiniones impropias, bien pastoreadas. Casi se podrían hacer cabañuelas sobre los contenidos de la prensa para el próximo año.
Una de esas irrelevantes informaciones, por la pertinacia, es la que uno de los "impresos" se empeña en mantener. Pese a los atentados de E.T.A. ( o su gran atentado fraccionado, por entregas), la familia Real -con mayúsculas para
distinguirla del resto de familias subalternas, tan reales como aquélla- no cede un ápice en variar su "agenda vacacional". Que no se dejan intimidar por los váscalos, vamos. Es admirable, desde luego, tanto derroche de valor y de solidaridad con el pueblo doliente.
¿Qué conclusión saca la gente de ésta lectura? Pues que tenemos (por imperativo legal) una familia "Real" que no nos merecemos:
campechamos, audaces, muy próximos e identificados con la llaneza popular. Muy pocos se plantean los dónde, quiénes y cómo veranean: el qué y el cuándo no importan a nuestro asunto. Muy pocos se interesan por el estupefaciente gorroneo monárquico o por el trasfondo de tanto valor.
No voy a enjuiciar la valentía de Juan Carlos
Borbón, creo que no es un tipo cobarde; pero, sí pongo en la tela la del resto de sus adláteres. Estoy convencido de que tanta "seguridad" procede de la "seguridad". De que si no tuvieran a su disposición a dieciocho mil escoltas y a todos los pies planos y picoletos de la zona y más, la merma de valor sería considerable. Así, cualquier agendita de asueto estival es sobrellevable.
La diferencia se establece en aquellos que sin tener protección siguen haciendo su vida normal; en quienes sin tener que demostrar nada ante nadie apartan de la consciencia el tremendo rumor de la incertidumbre, de la posibilidad de que en cualquier instante en el bar, en el mercado, en el aparcamiento, en el cine, se les puede cruzar una bomba "
made in Euzkadi". Eso sí es tener los bemoles bien afinados.

09/08/2009

La misérrima condición humana.

El hombre nace, crece, se da al fornicio y a la cópula (si los dioses le son favorables), intenta reproducirse cuando puede, sufre y, por lo común, muere.
Entre tanto, su vida discurre por vericuetos de una estremecedora simplicidad: decepciones, amarguras, angustias, esperanzas, esforzadas deyecciones, dolores de muelas, unas cañas con los amigos... En fin, esas cosas -en el mejor de los casos-.
De ahí, probablemente, de esa certeza cruel de que no irá a ninguna parte más allá del cipo impuesto por su lápida, la sólida necesidad de ambicionar. Y, en esa necesidad, artificial, impostada, el atropellar sin conmiseración alguna todo lo que se le ponga por delante y obstaculice su obsesión.
En el ímpetu no hay remordimiento; no importa a quién se deje en la cuneta ni en qué condiciones. El egoísmo vence; la prioridad es individualista, rácana.
El ser que encauza mal su ambición carece de escrúpulos. Fingirá, sufrirá hasta lo indecible, soportará lo más desagradable con tal de obtener su provecho.
Pero, el mar que navega es proceloso y lleno de olas tramposas. Esos nautas, que nunca tienen suficiente, acaban exhaustos sus días sobrecargados de achaques, con sus retratos supurantes y bubosos reflejando sus almas negras y pegajosas. Sus triunfos y consecuciones son efímeros y el tributo que pagan por su conducta veleidosa y frívola suele ser demasiado alto incluso para ellos.
La soledad, el ostracismo más severo, el desprecio absoluto se encarna en ellos para ahogarles lentamente. La locura acecha sus relejes grises deshechos por una sífilis intratable.
No sirven los arrepentimientos postreros; no valen los ruegos desesperados. Caen en su abismo y ninguna soga, salvo la que se ciñe a sus cuellos, alcanza a parar su descenso.
Quien más quien menos podría ilustrar con un ejemplo pintiparado, de primera mano, lo que escribo. Todos conocemos a alguien en ese trance y, las cosas claras, ninguno moveremos un dedo auxiliador que les sustraiga del rudo lance que ellos mismos provocaron con su desmesura.
La vida, en el fondo, suele ser justa y premia y castiga regular y ecuánimemente; lanza avisos de fácil interpretación
a navegantes. Allá cada uno si hace caso omiso de los torbellinos anunciados; cuando estén en medio del huracán, ya no habrá remedio ni solución. Mis condolencias a todos cuantos verán cómo sus mundos se desmoronan con el estruendo y el horror de unas murallas abatidas por los toques terribles de las trompetas seráficas y apocalípticas.
Dicen que a quien tiene cama y duerme en el suelo...

Triste elogio de la mentira


Siempre he sostenido -quizás erróneamente- que para ser un buen mentiroso se precisan dos elementos complementarios e importantes: ser muy inteligente y tener una grande imaginación.
O sea, ser "brillante".
Inteligente para trazar bien la mentira, controlarla, no dejar cabos sueltos. Imaginativo para crear una verdad consistente e irrefutable.
Sin estas dos cosas nadie puede desenvolverse bien en una mentira. Cae en la zafiedad y en la contradicción: cae en la trampa de su propia trama defectuosa. Al mentiroso se le puede o no consentir que lo sea; permitir su mentira en función de la importancia dañina de ésta; pero, lo peor que le puede pasar es ser descubierto y no revelarlo. Entonces seguirá mintiendo con su aplomo habitual sin percatarse de que al otro lado se finge la credulidad en su palabra. Seguirá acopiando mentiras sin caer en la cuenta de que en el polo opuesto se está recabando una información preciosa que en el momento crítico dará al traste con todo su tinglado manipulador y falsario. En esa confianza ciega por su impunidad está su talón de Aquiles, su expugnabilidad, el punto débil que apenas rozado le hará tambalearse y caer definitivamente.
El buen mentiroso necesita inteligencia e imaginación para, usando ambas en una asociación irrebatible, rodear la verdad sin mentir, para eludir decir la verdad sin caer en argumentos falaces. De esta forma, ante sus equivocaciones previsibles, siempre podrá improvisar o excusar por medio de alguna alegación más o menos razonable. Y éso es lo que le diferencia del mentiroso burdo y vulgar. El mentiroso grosero, además de irrespetuoso con la inteligencia y la dignidad de los otros, además del oprobio que practica con la condescendencia de los demás, miente precipitadamente o desvelando su propia ignorancia picando en cebos demasiado evidentes. Es ese tipo al que se le ha visto dando tumbos a las tres de la madrugada y alguien le pregunta "¿Anoche lo pasaste bien?" Y él, pobre, responde: "Sí, durmiendo porque me acosté a las nueve". Esa falta elemental de ingenio es lo que diferencia a ambos tipos de mentiroso. A este último, sin embargo, es al que se le ve crecer la nariz ostensiblemente y, por ende, es contra el que se puede ir preparando una paciente, lenta y segura venganza o lección o...
Así que, cada cual prepare sus cimbeles y que Dios reparta suerte porque inteligencia le quedaba poca en el almacén y, además, la distribuyó bastante mal.
No tengo más qué añadir.

08/08/2009

El ser humano está emponzoñado...

...¿quién le desemponzoñará? El desemponzoñador que...
Todos nuestros órganos vitales están desprotegidos. Eso nos hace vulnerables frente al resto de fieras que pueblan la tierra. El corazón, la cabeza, riñones, todo está al alcance ofensivo. El ser humano carece de defensas eficaces. Pero, la Natura -que dicen es sabia- nos ha compensado, en mayor o menor medida, con dos armas terribles. Una es la inteligencia; la otra es la lengua envenenada, la palabra atosigada que hostiga sin motivo, que alumbra maldades por el mero hecho de prevalecer, de captar atención, de desahogar las propias frustraciones.
La decisión, al toparse con una de estas lenguas filateras y viperinas, no es fácil: hacer caso omiso de ellas o hacerlas frente y callarlas con contundencia y rotundidad.
La mayor parte de las veces lo mejor es optar por la compasión; otras, por el desdén, el desprecio. Y solamente en casos extremos suele ser preciso apuntillar a los lenguaraces y ponerlos en su sitio, en su difícil sitio de soledad e intransigencia rumiada.
La mayor parte de las veces no merece la pena ni el esfuerzo dedicarles un sólo segundo de reproche o de reconvención y menos sabiendo que, antes o después, quienes usan esas armas terminan siendo víctimas de sí mismas: por la boca muere el pez. En realidad no merecen ni el tiempo ni el espacio de esta reflexión, o exposición o lo que esto sea.
Ojalá comadres y murmuradoras, chismosos y cotillas, charlatanes y gárrulos fueran una misma especie en extinción o enmudecieran y nos evitaran el suplicio de sus voces. Sobre todo cuando hablan de lo que no conocen ni por asomo.
Yo me contentaría con que sus estupideces no me salpicaran; pero es más fácil que amanezca por poniente a que aquello llegue a suceder.

De tanto pegar la hebra,
la lengua de la culebra,
termina partida en dos.

31/07/2009

EL CARIZ DE LAS COSAS


No sé, ésta semana, cuál será la jerarquía de preocupaciones de la ciudadanía española. Supongo -el verbo es más humilde que "deduzco"- que en el primer lugar estará el desempleo y en segundo lugar (por lo reciente en la memoria) el terrorismo.
No son, desde luego, asuntos desdeñables. Acuciantes por terribles ambos copan nuestros insomnios. Cada día vemos cómo a los dos se les suman víctimas y cada día vemos cómo ninguno de los dos se resuelve ni siquiera por aproximación.
La "clase política" española goza de una incapacidad proverbial, secular. No la actual: examinemos cualquier período y obtendremos unos resultados demoledores. Los políticos españoles -salvo excepciones- a lo largo de nuestra Historia siempre han sido una recua de ignorantes ineptos y ventajistas dedicados a su pro. Pocas veces España ha tenido un auténtico estadista con visión y criterio, con buena capacidad de análisis y con empuje. Y cuando lo ha tenido, el resto de la clase se ha ocupado muy mucho de zancadillearle, deponerle o algo peor.
Con los absolutismos y tiranías el pueblo no podía ejercer sus derechos más innegables y estimulantes; pero, con los resortes democráticos tampoco puede ejercer muchos más que se diga. En plena democracia no podemos defenestrar gobiernos que nos hunden en la miseria y hemos de limitarnos a soportar estoicamente los chanchullos con los que unos y otros, conchavados y en comandita, nos sujetan. En plena democracia, la democracia no tiene instrumentos ni mecanismos para expulsar a quienes gestionan mal lo que es de todos: hay que esperar... siempre esperar. Y esperando, casi dos millones de familias (se dice pronto) carecen de ingresos o reciben subvenciones ínfimas mientras los bancos son ayudados con el dinero de todos y encima obtienen beneficios. Se manipulan los datos reales generando estadísticas convenientes (todos sabemos cómo se hace) y las administraciones dilatan hasta la extenuación su inoperancia y su número de empleados que, en gran parte, no saben absolutamente nada de su trabajo... Por poner algunos ejemplos.
Pero, ¿de quién es la culpa de que todo lo que está pasando esté pasando sin que nadie se responsabilice de nada? Pues de la estática ciudadanía, del conformismo ancestral que llevamos inculcado en el tuétano, de la convicción íntima de que con pan y toros basta y sobra. Llevamos inoculada una apatía fiera, la desunión, la bronca permanente de bar y los lances chulescos de gallito arrabalero que, a la hora de la verdad, se quedan en vacuos ladridos a la luna de Valencia.
Es natural que cada prójimo vea el mundo como le convenga o le apetezca. Sin embargo, por mucho que le demos vueltas a la cosa, lo blanco es blanco aunque el tonto diga que no se pueden juntar peras con peras.

30/07/2009

Un pacharán al coleto.

No me extrañaría nada que esos subnormales de E.T.A. estuvieran ahora brindando con licor de endrinas y haciendo el chiste fácil para arrancar a sus lameruzos una estúpida sonrisa: "¡no pacharán!"
Ellos, y algunas de las que los malparieron, estarán tan orgullosos de su valerosa hazaña que no cabrán en sí de gozo; de gozo en sí cabrón.
Ahora ellos, cuando el cuerpo de los dos ausentes está aún caliente, estarán eufóricos y más cuando empiecen a ver pasar, frente al dolor de los familiares conmocionados, a la cofradía de políticos mal compungidos que llevan siglos sin resolver lo que debería estar resuelto. Dice el Presi-coleguita Zetapé que terminarán en la trena. Yo, escéptico, respondo mentalmente: o no. Pero, bueno; intención, lo que se dice intención, no le falta. En Rajuá, ni me paro.
Es verdad que se ha conseguido mucho; es cierto que se han "desarticulado" muchos comandos y todo eso. Pero, "esos chicos de E.T.A." siguen matando. La cuestión, pues, no es que terminen encarcelados o que dejen de matar; la cuestión es que no puedan volver a matar.
De poco sirven nuestras manos blancas, nuestras manifas, nuestros denuestos y nuestros lazos negros; de poco sirven el dolor y las lágrimas, los vacíos de las ausencias. De nada sirve clamar justicia o venganza por los seres a quienes se les amputó la vida.
La solución empieza por tomar dos medidas elementales. La primera es cortar el suministro a E.T.A. Y eso se hace no talando las ramas: eso no es eficaz. El árbol se tala por los pies, se le impide el alimento para que se seque y muera, se le extrae por la raíz. La segunda empieza por aislar en todos los sentidos y aspectos a esos sinvergüenzas y aledaños "pacíficos" que en esa incierta sombra los arropan: P.N.V. y demás.
Para hacer todo eso se precisa cierta astucia, cierta sagacidad, y pedirle (por ejemplo) a nuestro "servicio secreto" que se ponga a currar para aquello que le pagamos y descubra las fuentes de armamento, de financiación, etc... Porque lo cierto es que salvo cuando tenemos ayuda de otros países, aquí pasan las moscas y nadie echa fufú.

El tabaco y E.T.A. perjudican seriamente su salud.

A estas alturas uno ya no sabe ni cómo reaccionar ante otro atentado, ante cada nuevo asesinato de esa cuadrilla de cafres hijos de puta. A las personas "normales" -es comprensible- se nos hincha la vena por la cobardía que usan y porque la justificación empleada por esos súbditos del "vascalismo" no encaja en los conceptos cabales. Yo no sé; pero, sospecho que sus mismos argumentos pueden ser expuestos por el resto de los españoles y preparar un guirigay entre todos de muy señor mío. No va a pasar; lo saben y por eso hacen lo que hacen. Saben que pondremos nuestros crespones en lugar visible, aventaremos nuestra santa indignación y mañana será otro día... tan triste como el de hoy.
Ignoro si el "Estado de Derecho" ha usado de todas sus prerrogativas para enfrentar y finiquitar este problema. De lo que no me cabe de las dudas la menor es que si lo ha hecho, ha sido insuficiente.
Sobre todo porque la cuestión hay que zanjarla de raíz. Y la raíz es el "nacionalismo" y sus razonamientos que consentimos tácitamente sin que nadie, por temor a ser etiquetado de fascista o similar, sea capaz de rebatir con la llaneza contundente del sentido común.
Tienen derecho a la segregación, a la independencia. Pero, ¿porque lo dice quién? ¿Tres "ideólogos" de enceFALOgrama plano? Y si esos mismos tres alhelíes deciden que el cacareado pueblo vasco tiene derecho a la inmolación masiva, guste o no guste, porque hay una mayoría -teórica- que está de acuerdo y los apoya, ¿también hay que someterse a su voluntad? ¿Hasta dónde llega el sentido administrativo-legal de la posesión y pertenencia a un terruño? ¿Un bilbotarra tiene más o menos derecho a estar en Pasajes que un paisano natural del propio pueblo? Estiremos el ejemplo y la famosa regla de tres.
¿Quienes se escudan y excusan en la "lucha armada" para conseguir sus objetivos independentistas han pensado que, en rigor, nosotros podemos argüir lo mismo para preservar nuestro derecho a la VIDA?
Uno, con la vena hinchada, está ya hasta los cojones de tanta patraña y de tanta estupidez, de tanta historia legendaria y de tanta fábula insolvente. Que inventen lo que quieran; pero el que no esté a gusto en España, que se vaya. Porque el País Vasco, al menos por el momento, es España.

22/07/2009

Princess facing Saudi death penalty given secret UK asylum

Este titular de The Independent no es sólo la exposición de un hecho dramático. No es únicamente la cuestión singular, precisa, de una joven condenada a muerte por lapidación tras quedarse embarazada de su amante. No, no es el adulterio pecaminoso que precisa de un castigo ejemplar aplicando el santo verbo coránico. Este titular habla de una tolerancia que los fanáticos y prosélitos musulmanes exigen al resto del mundo y que ellos no practican; habla de una reciprocidad inexistente.
No me importa si la infidelidad debe o no ser punida o perdonada. Lo que me importa es lo excesivo, por excesivo en correspondencia y por cruel, del castigo impuesto: la lapidación. Ninguna cultura, pueblo o "civilización" -puesto ahora de moda, mal puesto, gracias a la ignorancia de mesié le presidén- que la practique, que la sustente, que la aliente, merece el respeto humano.
De la única lapidación que guardo buen recuerdo es la de "La vida de Brian", con su humor, con su mordacidad, con su crítica. El resto, las reales, las de verdad, son, simplemente, acontecimientos salvajes, reflejos de la esencia más aterradora que el ser humano lleva dentro: la sangre de Caín.

Los musulmanes, cuando se instalan en otro país, reciben las prerrogativas del resto de los ciudadanos que lo habitan. Más, las exigen, se les conceden y, además, imponen el respeto a su "cultura" en tanto ellos son incapaces de respetar los derechos fundamentales: los derechos humanos: exigen los beneficios, no las obligaciones. Eso es jugar con ventaja.
Pero, no toda la culpa es suya. Grande parte de la culpa pertenece a cuantos jalean la necesaria igualdad y trato deferente, la integración y todo eso sin pedir a cambio el respeto a las normas establecidas que conforman la naturaleza de un país. La culpa la tienen aquellos que se inventan una alianza desde la que derivar fondos sin exigir el cese de las humillaciones y de los atropellos y sin pedir el cumplimiento riguroso del respeto a las personas.

Me gustaría que todos esos que salen en procesión exigiendo mezquitas, horarios especiales, privilegios, etc..., dejaran su hipócrita visión del mundo y se fueran a esos países a frenar con sus pancartas las lapidaciones, a edificar templos budistas y evitar que sus imágenes se dinamiten, a erigir iglesias cristianas. Me gustaría que fueran a pedir que cayera el velo de las mujeres y que éstas pudieran pasear en vaqueros o no les practicaran a las niñas la ablación clitórica.
En fin, a implantar un modelo de plena libertad en el que impere la ley y no la religión. Me gustaría que les dijeran que tan lícito es insultar a un dios como a otro sin que nadie sufra persecución y sentencia de muerte; que regalaran ejemplares de "Los versos satánicos" sin que les quemaran vivos.
Hay imbéciles que leyendo este texto lo tacharán de racista; bueno, que lo hagan: nunca me ha preocupado la opinión de los gilipollas. Pero, de todas formas, que practiquen con el ejemplo y que hagan lo que les sugiero. Luego, si vuelven, hablamos.

21/07/2009

De la Tierra a la Luna... y volver.

Aún queda algún reducto, residuo de incredulidad recalcitrante, que niega la autenticidad del hombre en la Luna. "Men walk on Moon", el sencillo titular de The New York Times, es para ese grupo de seres escépticos un montaje, una compleja urdimbre tramada para engañar a la humanidad con quién sabe qué propósito malvado. Para soportar su teoría, la ilustran con infinidad de insolventes conjeturas: que si la bandera ondea sospechosamente en gravedad cero; que si las sombras son contradictorias; que si el polvo lunar a la sombra de los pinos; que si el reflejo de la celada especular no se corresponde con... Cualquier enigma o misterio, supuestos, que sirvan para que Iker Jiménez tenga unas horas más de programa y de superego es bueno para alimentar la necedad de la especie. A éstos podemos añadir a aquellos que deploran el acontecimiento por el derroche de recursos naturales para llevar a cabo la misión (esa y siguientes) y la inutilidad de tamaña empresa que, en principio, no ha reportado nada bueno a la humanidad. A los primeros poco hay que decirles salvo que no han sido dos los hombres que han hollado la superficie lunar: fueron dos en la primera misión Apollo; pero, después hubo más, bastantes más. A los segundos -que son esos que niegan el progreso por sistema mientras consumen su porción de caucho, de policloruro de vinilo, de cobre o de fibra óptica, etc...- poco hay que exponerles salvo que gracias al empeño lunático tenemos microondas, neopreno, y muchas más cosas de las que creemos y que ya son parte del uso diario, cotidiano.
Hoy se cumple la cuarentena y, es de suponer, que la década también tropiece con su crisis.
Sin embargo, la Luna para el hombre es mucho más que eso. No es la visión, la precisa y sorprendente, de Verne -detallada con estremecedora exactitud científica-; es la Selene de los griegos o el Aninga perseguidor de los escandinavos: es mitología; es la referencia poética de los enamorados o el temible influjo que nos convierte en lobishomes; es la estupidez del poeta absurdo que pretende comprarla; es la hermosura de un paisaje, el tiempo que transcurre, la pleamar. La Luna es la inspiración, el regalo perfecto y más precioso; es la distancia de un cariño: hasta la luna y volver. Es el misterio y la esperanza, el "ente" al que se le piden deseos imposibles.
Comprendo que toda esta panoplia -y más- de maravillas haya que defenderla frente a la vulgaridad de un tipo pisoteándola. Pero, la realidad se impone y una cosa no quita la otra; sobre todo si tenemos en cuenta que, quien más quien menos, todos alguna vez hemos estado allí.

18/07/2009

Matar un ruiseñor.

¡Qué fácil es desprenderse de un pequeño indefenso! ¡Y qué barato! Basta con alegar un olvido en el coche, a cuarenta grados, las ventanillas cerradas porque, claro, cualquier precaución es poca: no vaya a ser que alguien se lo lleve o que el niño, anclado en su silla, se desabroche y decida salir de paseo. Basta con dejar que el intenso calor deshidrate el cuerpecillo, que el golpe severo vaya agotando su respiración y su alma hasta que su último aliento sea una débil vaharada de auxilio impotente que nadie oirá. ¿Y sus padres amantísimos? Estarán, a buen seguro, ocupados en decidir qué juguete le compran, cuál se ajusta más y mejor a su tierna edad. No les importa el precio: para el nene nada es suficientemente bueno.
Ayer, quizás anteayer, unos padres compungidos lamentaban el descuido que llevó a la otra orilla a su infante. ¡Qué Dios más injusto y cruel!, parecía imprecar el padre mientras presa de un intenso dolor apoyaba su frente desolada en una pared. ¡Blasfema, que tienes razón!, le decía yo en la sovoz de mis pensamientos. ¡Cómo pudo permitir eso un Dios que se dice justo! ¡Cómo no cuidó de tu vástago inerme mientras tú estabas...¿dónde?! ¿Qué podía ser tan importante, tan inmediato, que requiriera a los padres y a lo que el bebé no podía asistir? ¿Qué urgencia inexorable podía precisar la presencia de los progenitores malditos, de los dos a la vez, y que les obligara a abandonar a una suerte infausta al pequeño?
No me lo creo. Ya son muchos, demasiados. No me lo creo. Me huele más a excusa injustificable, a abandono premeditado, a cuchillo sin filo. Me huele a muerte intencionada porque no hay, cuando se tienen hijos, ningún asunto demasiado urgente ni demasiado importante que no sea lo que a ellos atañe. Me huele a muerte intencionada porque ningún padre en sus cabales deja a un pequeño encerrado en el coche, al sol, y se va. No creo en el dolor y la angustia que ahora supuran; no creo en sus caras de buenas personas ni en la buena opinión de sus convecinos. Y no me creo que uno de los dos, papá o mamá, no pudiera haberse quedado con el niño para hacer lo que hacemos los padres normales: vigilar hasta límites de sobreprotección.
Y así lo escribo, sin conocer apenas los detalles; unos detalles que no me interesan porque un accidente es imprevisible. Un abandono en esas condiciones, no.

17/07/2009

Y, ahora, ¿qué?

Sólo señalaré dos titulares de la prensa de hoy: "La enfermera del caso Rayan ingresada en un centro psiquiátrico" y "Enfermeras del Marañón denunciaron problemas en Neonatología hace un año". No quiero hacer más sangre: ya expuse mi opinión y mi conjetura de los acontecimientos unos días atrás. Tampoco extenderé la cuestión interpolando aquí las cuatro páginas de que consta el documento denunciante. Pero, no puedo sustraerme a la tentación de culpar, una vez más, a alguien a quien no conozco y que es el verdadero responsable -no importa por que motivo- de que estas cosas pasen. No, pasen, no: de que estas cosas sigan pasando. Hay, un análisis somero basta, dos elementos simples: A) Se produjo una confusión que afectó dramáticamente a una familia y estremeció las carnes de la ciudadanía. Conclusión: no hay controles de seguridad ni verificación en un proceso delicado y en el que las consecuencias de un fallo son irreversibles y/o irreparables. Deducción: A nadie de los responsables verdaderos le preocupa un ápice lo que pase en ese centro puesto que, además, ya estaban advertidos. B) La ley de la gravedad en este país se cumple rigurosamente: los trabajadores pagan sus errores y los que provocan la indolencia, la incompetencia o la estulticia de sus superiores.

Lamento la muerte del niño, la de su madre; la de casi todas las personas que mueren. Pero lamento mucho más la vida de la enfermera... Lo que le quede de vida.


Conocí a un hombre -de esos que todo lo saben- que no dejaba nunca hablar a nadie. En cierta ocasión, tuvo una duda y preguntó; pero, no le respondieron.

15/07/2009



Con la excusa de proponer un libro -que recomiendo encarecidamente- fuera de su "sección", rescato un artículo del filósofo Javier Sádaba. Con dicho artículo se podrá estar de acuerdo o en completo desacuerdo; pero, a nadie -y de eso estoy absolutamente seguro- le dejará el regusto de la indiferencia. Además, sin que necesariamente se compartan todos los aspectos de su criterio ni todos sus argumentos, me parece un escrito inteligente y bastante acertado.




VOTAR. NO VOTAR.

Javier Sádaba


Yo no invitaría a votar a nadie; mejor sería quedarse en casa el día de la votación y que el resto del tiempo nos dediquemos a cambiar cotidianamente el barrio o la ciudad. Ocasiones no faltan. De ahí lo deseable de un compromiso más propio de animales políticos y no una pseudogestión política vacía y sometida; y llena de mala esgrima. Es curioso, y son ejemplos cercanos, cómo se puede vivir de criticar, destrozar o minimizar al contrario; naturalmente a bajo costo y sin gran esfuerzo intelectual. Es el caso de los que agotan sus energías metiéndose, como si del único problema se tratara, con el PP. Al grito de que viene la derecha, todo vale. Habría que defender a la izquierda, nos dicen, por muchos que fueran sus defectos. Por cierto, me imagino que cuando hablan de izquierda lo harán de broma. Y más por cierto aún, los que se ponen la medalla izquierdista rara vez les encuentra uno allí en donde quema el ser de izquierdas de verdad y no de etiqueta. Serán monárquicos por ser republicanos, defenderán la autodeterminación del país más lejano, pero no se mojarán una uña por lo que pidan, es otro ejemplo, en Euskadi. Gritarán a favor de la escuela pública, pero mandarán a sus hijos a la privada. Estarán dispuestos a condenar, cosa que me parece muy bien, a Aznar por habernos engañado con el truco de las armas de destrucción masiva, pero no se fijarán en Solana o en tantos más de la misma banda. Y ni una palabra, claro está, sobre la barbarie de Afganistán. Los casos son tantos que da pereza seguir con ellos. Los argumentos, además, los convierten en chantaje. Y es que no se debería votar a X porque viene el lobo si antes no nos aseguramos de que X es otra especie de lobo o que, a la larga, el lobo que venga será más feroz. Y, encima, sus argumentos son falaces. Como nos enseñó un renombrado filósofo, aunque el razonamiento es de sentido común, yo no soy bueno porque el otro es malo. Se trata de una forma mezquina de ser bueno. Al final, en este juego en el que cada uno sirve a su tribu, lo que desaparece es el intento por embarcarse en la noria que deja todo igual, mientras los partidos se reparten el poder. La visión alternativa, crítica y autocrítica, que ponga patas arriba el engaño que proviene de un mundo dominado por el rostro del dinero, se desvanece. Un último pseudoargumento suele ser que siempre hay diferencias entre los grupos políticos o que la equidistancia es un error, si no un pecado. A lo primero, habría que responder, independientemente de que todos los partidos se encuadren en textos legales, llenos de agujeros y que no son la mano de Dios, que los que así opinan deben tener un microscopio excelente para detectar tantas diferencias cuando todos beben del mismo sistema. Las diferencias son mínimas y en modo alguno suficientes como para trazar una línea tajante entre los contendientes. Por otra parte, los errores de la llamada izquierda pueden ser más perniciosos puesto que ahogan las reivindicaciones realmente alternativas. Y la equidistancia que tendríamos que evitar es la que pueda darse entre la verdad y la falsedad, la justicia y la injusticia, la mentira y la sinceridad, o la inteligencia y la necedad.

Las votaciones, lo he sugerido, se han convertido en ritos que perpetúan el poder, dan un cheque en blanco, no favorecen la participación en la vida común y, al final, hacen que siga la noria dando vueltas sin que nada realmente cambie. Pero de ahí no se sigue que me puedan quitar mi derecho a votar. Viene esto a cuento por las detenciones que se han dado en Euskadi y los esfuerzos estatales para prohibir que una parte del pueblo vasco acuda a las urnas. A los primeros se dice que se les ha metido en la cárcel porque, según unas supuestas pruebas, obedecerían a Batasuna y, desde ahí, a ETA. Todo está traído por los pelos. Las sospechas respecto a la falta de independencia de la justicia son tan monumentales que se truecan en argumentos. Es lo que cualquiera diría en voz baja aunque sostenga lo contrario en voz alta. No quieren, en suma, que un determinado grupo de personas se presente a las elecciones y se arbitran las medidas más disparatadas para imponer la voluntad del Estado. Bonito ejemplo de democracia. Lo más dramático es que lo que uno oye o lee sobre el tema se reduce a contarnos las diferencias entre la vía penal y la contencioso-administrativa, los desvelos de Garzón o los de Pumpido, la aplicación de la Ley de Partidos y unas cuantas monsergas más. Raro es que se entre en las entrañas del asunto. Al final aparece la fuerza de Humpty-Dumpty: el que puede, puede. Y hace lo que le parece oportuno con las palabras y con las leyes. Curiosamente en estos casos los que suelen acusar a los que ellos llaman equidistantes hacen alardes de una equidistancia deplorable: llamándose demócratas, miran para otro lado cuando la radicalidad democrática exige protestar contra todo lo que la pisotee. Pero la noria sigue dando vueltas, las tribus sacan partido de los partidos y tan contentos. No veo utilidad alguna al voto. Pero que no me lo quiten ni a mí ni a nadie. Lo guardo o lo regalo. Es cosa mía. Y de unos cuantos más.

13/02/2009