28/07/2010

LOS NUEVOS INDIANOS

Los españoles -o este revoltijo celtibérico- tenemos una dramática inclinación a magnificar lo insignificante y a porfiar lo absurdo; absurdo al que concedemos carta de falsa importancia. Somos ridículos: no en vano aquí nació el esperpento.
Esa obstinada inclinación atávica nos ha llevado a enredarnos en guerras sórdidas e innecesarias, en peticiones clamorosas de obtusa esclavitud y sumisión a las "caenas", en "pifostios" cainitas superficiales y patéticos.
España antes de la reforma del XIX
En esta rijosidad nos desenvolvemos, nos desarrollamos.
Ahora -según parece y desde hacía ya una tanda- lo español vuelve a estar de moda en todo el mundo menos en España.
Blandiendo una discriminación identitaria fecundada por una lengua diferente, muchos han iniciado una ofensiva que pretende abarcar todos los frentes y, en ellos, eliminar todo cuanto huela a español. Nada queda a salvo; todo es susceptible de ser denostado al rumor de la más leve sospecha. Del extremo de las corridas de toros a la negación de la selección de fútbol y el campeonato recaudado.
El problema, sin embargo, radica en la confusión (adrede o no) de conceptos y atribuciones. Tienen razón quienes renuncian a y denuncian que España sea ese cúmulo paleto de tópicos despreciables, la tríada flamenco, toros y paella, o el espectáculo exclusivo de los coros y danzas. España, en efecto, es mucho más que eso. Pero, de la misma manera, yerran también quienes con la mala fe de su sangre abominable adjudican la asociación de español-castellano y en ella fundan su rencor ancestral. El odio del nacionalismo a Castilla es estremecedor... e injustificado. Claro que con algo han de justificar su posición, sea una conjetura, una verdad a medias o una mentira grosera.
Lo más admirable de estos empeños es la constancia y la resistencia. Y lo cierto es que al final una de las dos partes habrá de ceder: una gana y otra pierde.
En el "todo sirve" excusatorio hay muchas ofensas que las partes vulneradas callan por no atizar más la hoguera. Son ofensas que, convenientemente amañadas y maquilladas, se transforman en rehiletes contra los propios ofendidos. Ejemplos hay a millares: España no nos quiere, nuestro cava no lo compran (cuando es prácticamente imposible encontrar productos no catalanes o vascos)... Es el arte de dar la vuelta a las cosas conscientes de que no se hallará respuesta contundente desde la otra orilla. Mentiras y caloñas perfectamente diseñadas y orientadas a generar confusión en los ignorantes y ganarlos para la causa.
Tanto calan estas triquiñuelas en las mentes permeables que han conseguido que el mayor defensor del independentismo catalán sea un "charnego". Que la intención de Montilla sea algo tan vulgar como la vanagloria de pasar a la Historia como el primer Presidente del Estado catalán es baladí... Pero, no hay que despreciar la soberbia de un hombre.
Conseguir la independencia no es una pretensión descabellada, aunque sí peculiar. No lo digo por la relación entre paisanos vecinos en esas fronteras difusas, confusas, diluídas en una abstracción lógica y en donde la lengua distinta no marca la línea separatriz que impide la mezcla y la comunicación. Los mozos de un lado seguirán yendo a las fiestas de los pueblos del otro lado, a visitar a sus zagalas o a trabajar sus campos; el vendedor ambulante, el buhonero, el tratante, seguirán pasando de un lado a otro con la certeza de estar en el mismo paisaje y entre la misma gente; los de un lado seguirán yendo a las celebraciones de sus parientes de más allá...
Y eso es lo que hará una gran parte de los tipos enardecidos y enconados con el independentismo. Accederán a la independecia, la obtendrán o la impondrán cuatro o cinco años más allá para "volver" de vacaciones a España, al pueblo de origen con ese aura de emigrado triunfante, de indiano nostálgico anhelante de que en una de las nuevas rúas del pueblo prospere su nombre.
Un espectáculo lamentable en el que todo cambiará, todo empeorará... para seguir, en el fondo, en la intimidad, siendo igual. 

26/06/2010

Dudas y deudas

Somos muchos los que llevamos mucho tiempo, demasiado, abogando por un cambio no sólo en la estructura económica sino también, y sobre todo, en los conceptos.
Los "caciques" de la Economía llevan años inventando conceptos destinados, únicamente, a su enriquecimiento. Conceptos aberrantes que nos han sido impuestos por la desidia de una legislación laxa y de unos políticos conchavados con ese gran poder de la banca.


Por eso y porque la masa, obtusa e indolente, es incapaz de reflexionar, de plantearse  preguntas elementales y de plantarse ante los despropósitos de banqueros y de políticos.
Ahora, con la crisis, se habla mucho de "recortar" y de que los ciudadanos han de hacer un esfuerzo por apretarse el cinturón; pero, muy ladinamente, se omiten algunas apreciaciones que pasamos por alto.
Una de ellas es la de la deuda de las administraciones públicas. Hablan de ella como algo abstracto sin matizar que esa deuda la pagamos (a los bancos) todos los súbditos de este lamentable país; que no es el ayuntamiento de Zarrapastros de la Vera el que debe el tanto, sino los paisanos cuyo dinero ha sido dilapidado por seres inútiles que han entrado en política para medrar y conseguir una cómoda posición y las rentas de esta. Así de claro. De modo que las deudas que ellos, los políticos, contraen en nombre de las instituciones las pagamos todos, y con generosos aumentos de impuestos cuando corresponde, y según les place a esos cabrones que no saben gestionar los fondos que les llegan a las manos. ¿Quiénes se benefician? Los de siempre: los bancos. Los bancos nunca salen malparados. Pase lo que pase y sea la culpa de quien sea, los bancos obtendrán sus buenos beneficios, bien por el cobro de sus usuras, bien por los "rescates" (con fondos públicos, o sea, de todos) que dadivosamente les conceden los políticos sin consultar a los legítimos propietarios de esos caudales: los contribuyentes.
Esto, en román paladino, es: los ciudadanos debemos a las entidades financieras lo individual, lo particular de cada quisque más lo que debe nuestro ayuntamiento, nuestra diputación, nuestra comunidad autónoma y nuestro gobierno central. La deuda la contraen, que no nos engañen, los próceres en cuestión; pero, ellos -que con tanta liberalidad disponen de nuestros cuartos- no la pagan.
Nosotros, como no nos rebelamos ante tal situación, seguiremos siendo los perjudicados y continuaremos sometidos a la chulería de un poder que no sólo nos exprime sino que, en su arrogancia sin límite, nos impone cambios a voluntad de valores y precios y comisones y cláusulas sancionadoras y tasas... sin que nadie pueda evitarlos; que nos impone horarios de ingreso de recibos para mayor comodidad de sus "estresados" empleados y así, una detrás de otra.
Tanta es su prepotencia, tanta su seguridad, tanto su poder que hasta se permiten la incoherencia de desarrollar una frenética "obra social" que, además de no repercutirla en quienes más ayuda necesitan ahora mismo -que somos muchos-, la financian con el dinero que descaradamente nos roban y que tanta falta nos hace para sobrevivir.
El que sea inteligente, que calcule los números de la Bestia...

18/06/2010

Copago, factura y gasto

Informar de lo que cuestan una operación, un tratamiento o un medicamento no los convierte en evitables. La emisión de una factura tampoco significa que quien la reciba vaya a tomar conciencia y, estando enfermo o no, renuncie a ir al médico para amortiguar el gasto sanitario.
El copago -aunque con reservas: hay tantos argumentos válidos a favor como en contra- puede estar bien como ingreso extraordinario, como fondo de ayuda al sostenimiento de la sanidad pública. Pero, más allá de esto, sea el copago útil o no, sea bueno o no, lo cierto es que la emisión de facturas es, sencillamente, un gasto superfluo más. Un gasto que, por poco que sea -que no lo será-, es perfectamente prescindible y que ahora mismo carece de sentido y de necesidad.
Desconozco los datos actuales del número de usuarios que acuden a los servicios sanitarios así que, como cifra ejemplar, haré una cuenta ficticia y, espero, ilustrativa a la vez.
Supongamos que a diario se entregan -entre unas cosas y otras- 1.000.000 (un millón) de papelitos con el importe de lo que el servicio usado cuesta. Supongamos, también, que cada una de esas esquelillas inútiles soporta un valor de 1 (uno) euro -papel, tinta, consumo eléctrico de la impresora, etcétera...- La cantidad de gasto diaria en esa simple tontería es, pues, de un millón de euros. Bien. Cójase ahora la calculadora y multiplíquese ese millón por 365 que son los días -en general- de un año. 365 millones de euros, comparados con la inmensidad del mar, pueden parecer una bagatela, una nadería; pero, no lo son. No lo son porque, entre otras cosas, ese dinero puede aplicarse a que durante un año 30.417 familias reciban una renta de 1.000 euros al mes, por ejemplo.
Cuando la economía va mal, cualquier familia lo sabe, lo primero que se hace es hurtar los gastos superfluos que, en su pequeñez, minan la renta. El problema, quizás, radique en que ninguno de estos encapullados que nos gobiernan, y que en su mayor parte proceden de una burguesía consolidada -aunque tengan que amputarse la memoria y apelar a abolengos de dudosa catadura y veracidad-, ha subsistido nunca con una renta equivalente a mil euros; no digamos ya con una de 440.
Europa pide. Que pida. Hagan recortes; pero, hagánlos con cabeza y, por supuesto, empezando por los derroches políticos y su comandita.
No copien a otros países porque las situaciones son distintas. Hagan un esfuerzo de inteligencia y piensen, busquen soluciones nuevas. Y si son incapaces, déjenlo. No gasten más en estupideces, no gasten en un papel que terminará, irremediablemente, en la papelera más próxima al hospital o al centro de salud.

17/06/2010

La navaja de Occam

"La explicación más simple suele ser la más probable; aunque no tiene -necesariamente- que ser siempre la verdadera".

La contraposición sugiere, no obstante, que las más de las veces la explicación más simple sí es la más probable y sí es la verdadera.
Si acepto la proposición de Occam como válida, y lo hago, me bastan dos sencillas premisas para determinar el problema:
-La causa de la crisis es la avaricia de políticos, banqueros y especuladores.
-Los políticos, banqueros y especuladores españoles son más avaros que los de otros países.
Luego, la crisis en España es mayor que la de otros países.
Doy por sentado que siempre -es una ley universal- habrá alguien que trate de desactivar el silogismo; pero, no importa: la reducción es impecable porque abarca, en sí misma, la respuesta a cualquier excusa que se pudiera oponer (permítaseme la arrogancia).
La tenia (solitaria) -que es un parásito intestinal, por si los de la L.O.G.S.E. no lo saben- que nos han inoculado es, pues, el resultado de un sistema sin limitaciones reales ni vigilancia que permite a los poderosos actuar impunemente.
La pregunta que surge inmediatamente es "¿quién, entonces, debe responder de la crisis y paliarla?"
Evidentemente, los políticos, los banqueros y los especuladores y han de hacerlo con sus fondos personales y con los beneficios del enriquecimiento ilícito que han gozado. No son los obreros ni los pequeños ahorradores ni aquellos que, haciendo acto de fe ciega, intentaron mejorar un poco en sus condiciones de vida y ahora, hipotecados hasta las pestañas no pueden afrontar la deuda exagerada contraída. Sobre todo porque los políticos que han permitido la debacle, los banqueros que la han fomentado en su ruindad y los especuladores que se han aprovechado, tienen sus patrimonios a buen recaudo mientras que el resto de los ciudadanos se ven en el brete de sobrevivir sometidos a estrecheces que, de haberlo sabido, nunca hubieran permitido que llegaran.
Ya lo dije una vez y lo repito: si se socorre a un banco con fondos públicos, lo razonable es que a ese mismo banco -y es un ejemplo- se le imponga la renuncia a exigir el pago de las hipotecas. Si no se hace así, el banco en cuestión estará recibiendo un doble beneficio que procede del mismo bolsillo: el del contribuyente. Sí, así es, porque estará percibiendo el dinero de la hipoteca que se le debe y, además, el dinero que ese mismo deudor tiene que aportar en forma de impuestos. Entre tanto, el propietario del banco que autorizó las "maniobras" que desembocaron en la crisis -sigo en el ejemplo- continúa viviendo en su lujoso y confortable chalet, disfrutando de chófer y servidumbre, acudiendo a saraos de caviar y Rolex, etc.., y paseando por delante de la miseria sin estremecerse ni compadecerse.
Los poderosos han derivado la responsabilidad del problema en quienes no la tienen ni provocaron dicho problema. Ese círculo vicioso y viciado de poder -o poderes corruptos- en el que entre ellos se protegen hay que desmontarlo, eliminarlo, guillotinarlo.
En lo que sigamos aceptando su poder fiduciario y nos resignemos al falaz sofisma; en lo que no pongamos pie en pared y nos reconozcamos como la verdadera fuerza poderosa que quita y pone rey sin servir a un señor; en lo que no nos rebelemos contra la injusticia manifiesta y establecida, seguiremos subyugados, uncidos a la miseria.
Hay que levantarse y andar. Hay que decir basta y a quién nos dé el alto y nos grite "¡aquí mando yo!" apartarle sin complejos y sin miedos y responderle: "ya no, hermano, ya no".

16/06/2010

¡Más miseria!


Europa -eso que eufemísticamente llamamos la Unión- va a pedir, previsiblemente, más sangre. Los donantes de la sangría serán los subsidios, las prestaciones. Nuestros políticos, encantados de que no se toquen sus pingües rentas, aceptarán sin rechistar como buenas sanguijuelas que son.
Aún es una conjetura, una hipótesis. Sin embargo, si esa suposición se hace carne el resultado será desolador y Europa, incluido el gobierno y quienes lo respalden, se estarán equivocando, empeorando la situación y siendo cómplices de una grave injusticia a la par que demostrarán su desfachatez y su carencia absoluta de ética.
Creo conveniente hacer dos aclaraciones, a mi juicio, razonables:
-El sistema subsidiario español no es el de Alemania, Francia, Suecia o Reino Unido... Las condiciones y situación de los parados en cada uno de estos países son distintas y, por tanto, la misma medida implantada repercute, también, de forma distinta. Si algo tan elemental no se comprende, entonces estamos ante la mayor concentración de políticos ignorantes por metro cuadrado de toda la Historia humana.
-La solución no pasa por recortar prestaciones, sino por eliminarlas. Pero, para poder eliminarlas antes se debe dar un paso imprescindible: CREAR EMPLEO. No se pueden, alegremente y después de lo que se ha dilapidado en estupideces o en regalos económicos a los más desafinados de la secta, suprimir los subsidios sin dar la oportunidad de compensarlos, de sustituirlos con una renta por trabajo.
Eliminar esos ingresos implica abocar a más de un millón de españoles a hundirse aún más en la miseria; ahondará el problema bancario porque -se quiera o no- ese dinero sirve para paliar las hambres y para ir pagando, como buenamente se puede, la usura legal a que se nos ha sometido a casi todos los que habitamos este país.
Resumiendo. El problema se acentuará porque lo que se ahorra por una parte habrá que derrocharlo por otra -y puede que exponencialmente- inyectando fondos a entidades bancarias que se quejarán amargamente del aumento de morosos; disminuirá todavía más el consumo; etc... Si los sesudos economistas y políticos no han visto algo tan sencillo como eso, apaga y vámonos porque para tomar una medida como esa sólo hay dos explicaciones posibles: o son unos ignorantes o son unos auténticos inmorales.

15/06/2010

Mentalidad y estructura

Las preguntas sencillas, con frecuencia, son las más difíciles de responder. No porque la respuesta precise de explicaciones complejas, sino porque cualquiera respuesta carece de soporte lógico y razonable o se queda en el filo de la excusa.
Por eso, quizás, cada día me cuesta más comprender algunos conceptos como el del "aforamiento" de nuestros políticos. ¿Qué sentido tiene? Desde mi humilde perspectiva, ese privilegio no tiene razón de ser.
Con mucho menos motivo si apelamos a la base de dicho privilegio: son representantes de la soberanía popular. Por eso mismo, porque son quienes ostentan -a veces-, sustentan -algunas veces más- y detentan -la mayoría de las veces- la representación ciudadana, la observancia de una conducta intachable debe ser rigurosa, su comportamiento en todos los niveles y a todos los efectos ha de ser impoluto.
De ese modo, como paradigmas de una sociedad impecable y sana, deberían ser los primeros en someterse a la norma legal establecida sin prerrogativa alguna. De ese modo, y por ser los "elegidos", se les debe exigir una transparencia absoluta en sus actos, someterlos a examen exhaustivo y exponerlos a una publicidad total. De ese modo, por ser seres que ceden su identidad para llevar, todas y cada una, las de sus electores, las de sus votantes y no votantes, deberían estar sujetos -mucho más sujetos- al imperio de la ley y ser igual de vulnerables ante esta que cualquiera de sus representados. Son nuestros delegados y, por ende, nuestros empleados: son, por expresarlo de una manera algo burda y bastante gráfica, los subalternos que enviamos a bregar con los trabajos más sucios.
Otra de las inquisiciones sencillas a las que aún nadie ha sabido responderme satisfactoriamente es una comparación natural: ¿Por qué un padre de familia incapaz de afrontar la quiebra familiar está sometido a las acciones legales que correspondan contra él y asumir la sanción que se le imponga y, por contra, el responsable de una mala gestión bancaria o el promotor de la ruina de todo un país están exonerados de una responsabilidad mucho mayor?
La desproporción, el desequilibrio y la injusticia son manifiestas.
Es necesario cambiar la mentalidad y los criterios -indolentes- de la sociedad y de los políticos. Y es necesario, y urgente, cambiar la estructura de impunidad vigente que rige el destino de los poderosos y que no opera, claro, para el resto de mortales.
Es necesario dotar a la ciudadanía de recursos eficaces de defensa contra los abusos derivados de aquellos privilegios incomprensibles y de una maquinaria que permita remover, ante los desmanes, de inmediato cualquier nivel y cualquier departamento político, social, económico, judicial, etc...
Es evidente que quienes llegan a cualquier espacio de poder no van a ceder un ápice para cambiar su posición y dejarla a merced del pueblo soberano.
Entonces, la pregunta que queda por hacer es: ¿Cómo podemos?
La respuesta más extendida, y aceptada estúpidamente, a esta pregunta es "para eso están las urnas". Con ese sofisma atrofiado nos conformamos y le damos carta de validez suprema, de axioma.
Las urnas están, sí; pero, no es cierto que sean un resorte útil teniendo en cuenta cómo están estructurados política y partidos. Y aunque fueran una herramienta servible, sería insuficiente porque sin una ciudadanía con capacidad ejecutiva inmediata, la democracia se queda en una pantomima, en una "democracia absolutista" en la que se hace bueno, por verdadero, aquello de "todo por el pueblo; pero sin el pueblo".
Así las cosas, poco es lo que se puede hacer; es cierto. Sin embargo, sería bueno saber que para cambiar algunas cosas y avanzar basta con una sola cosa: voluntad.
Claro que esa voluntad conlleva otras cosas que, hasta la fecha, muy poquitos políticos tienen y con la voluntad del pueblo, no cuenta nadie.

11/06/2010

La rana y el escorpión

Érase una vez que se era una rana sentada plácidamente en la orilla de un río cuando se le acercó por detrás un artero un escorpión derrochando simpatía.
-Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? -le preguntó el escorpión.
-¿Quieres que te suba a mi espalda y te lleve al otro lado? Ni pensarlo -respondió la rana- Te conozco  y sé que si te monto a mis lomos me picarás traicionero con tu aguijón y me matarás.
-No seas tonta; confía en mi -le respondió zalamero el escorpión. -¿No ves que si te clavo mi aguijón yo moriré contigo?
La rana se lo pensó: "Tiene razón. ¿Qué sentido tiene que me mienta si él moriría también".
Entonces, la rana se llegó hasta el escorpión y le dijo: 
-Lo he estado pensando y te llevaré hasta la otra orilla.
El escorpión se subió a la espalda de la rana para cruzar el río.
Apenas estaban a mitad de camino cuando el escorpión, aprovechando la indefensión y la credulidad de la rana, la picó con su mortífero aguijón.  La rana, sorprendida, notando el ígneo veneno extendiéndose  rápidamente por su cuerpo, sacó fuerzas de flaqueza y en su agonía  reprochó con un débil hilo de voz al escorpión:
-Me has mentido: ahora moriremos los dos.
El escorpión, arrogante y despectivo, le respondió:
-Venga, no seas ingenua. Es mi naturaleza y nada puedo hacer contra eso.


Moraleja: Este gobierno es como es aunque diga lo contrario y nos hundirá a costa, incluso, de su propio prestigio político.

01/06/2010

La propaganda funciona


La cosa está que arde: lleva siglos ardiendo.
Salvo algunas excepciones, es el mundo contra Israel. El antisemitismo es casi universal, casi unánime, casi uniforme. El pueblo elegido por Dios no es el pueblo elegido por los hombres. El odio a los judíos es crónico y antiguo. No hablo de las historias de España, de Alemania o de Francia; hablo de una inmensa mayoría de países y de siglos. Es la Historia Universal y está ahí; luego, cada trujamán que interprete la composición a su manera.
Toda nación y toda raza tienen su sagrada mácula abominable. Sin embargo, el denodado encono manifestado contra los judíos y el favor y el fervor recibidos por los palestinos ni están justificados ni son justos.
Israel es un pueblo vapuleado durante centurias al que se le ha negado una tierra con la que identificarse. Es un pueblo masacrado al que se le pide, una y otra vez, que restañe su lacerado cuerpo y avance inerme frente a uno de sus masacradores; frente a ese "pobrecito" pueblo palestino que, en ocasiones demostrables, ha sido capaz de escudarse en sus hijos para alentar una algarada en la que sus enemigos tuvieran las manos atadas; frente a ese "pobrecito" pueblo palestino que fue ALIADO del Tercer REICH alemán.
La realidad, como la verdad, es fácilmente reconocible y, también, clamorosamente falsificable y las inteligencias áridas son campo propicio para que germinen las semillas de la estulticia atroz y vengativa.
Pocos son los que embozados en el kuffiyya se han preocupado de, siquiera, informarse un poco sobre la cuestión palestino-israelí y menos, muchos menos, los que darían su brazo a torcer reconociendo que la historia no es como ellos la cuentan; al menos no toda.
Para esta gente es duro asumir que un pastor armado de honda abatiera al hiperbólico Goliat, el filisteo invasor de su tierra. El filisteo o, lo que es lo mismo: el palestino invasor. Fue Roma quien asignó a la tierra de los hebreos, con su ánimo de ningunearlos, de reducirlos, el topónimo conflictivo. Siria Palestina la llamaron imponiendo al todo, una parte menor: un asentamiento filisteo. Esto significa que cuando ellos llegaron, ellos ya estaban allí.
No seré yo quien juzgue al pueblo hebreo. Como todo pueblo tiene su carácter. Pero, sí me choca la incomodidad irritante que sufren algunos detractores cuya sorpresa sería mayúscula si indagaran en sus venas el porcentaje de consanguinidad que mantienen con la tribu de Israel.
También me admira la capacidad de algunos para el análisis sesgado y desorientador impugnando evidencias demoledoras.
El esfuerzo por sobrevivir, por permanecer sobre la haz de nuestro planeta ha convertido a los judíos en unos seres peculiares, sufridos y, sobremanera, resistentes. Han padecido todos los horrores y todas las humillaciones y se han sobrepuesto. Es estremecedor.
Después de penurias y éxodos, les devolvieron a un país horro, muerto -como su mar-. Ellos, con energía y tesón lo recobraron hasta hacer de esa arena inservible un vergel productivo y un lugar habitable.
Enriquecieron su país y es lógico que no renuncien a defenderlo, a entregárselo a una piara de holgazanes perturbados, crueles y traicioneros, cuyas únicas intenciones son exterminar a los legítimos dueños de esos territorios y esquilmar estos hasta devolverlos al estado desértico en que estuvieron.
Los judíos no me son ni especialmente simpáticos ni particularmente antipáticos. Intento ser ecuánime consciente de que en este mundo nada es lo que parece y, en este caso, consciente de que Israel, fraguado ya Estado, no siempre ha jugado con limpieza.
La Historia es la que es y los hechos, hechos son. Quizás por eso soy incapaz de comprender por qué nosotros -sin ir más lejos- que aún estamos enzarzados en la Civil de 1.936 pretendemos (en una lección magistral que nos viene grande) que ellos, los judíos, hagan tabla rasa y se olviden de sus Holocaustos.
Si ellos no tienen derecho a defender su tierra, entonces, ¿quién lo tiene?
La falsa progresía decidió identificar Israel con la opulencia capitalista y que los oprimidos eran los hijos de Palestina. Según ese mismo criterio, deberían revisar las fortunas de los jeques y, ya de paso, estudiar los kibbutz y su sistema socialista. También, del tirón, repasar un poco la historia geopolítica de la zona para ver que, en este asunto, fue antes la gallina que el huevo.

28/05/2010

La guerra de Murphy


Durante la Segunda Guerra Mundial un submarino alemán torpedea el barco mercante de Murphy (Peter O'Toole sobrio) en el delta del Orinoco. El sanguinario Lauchs, capitán del submarino, lejos de compadecerse de los tripulantes náufragos, ordena ametrallarlos. Todos mueren excepto Murphy y el piloto de reconocimiento. Murphy logra llegar a la costa...
La precisión de los detalles es aleatoria y suficiente. Sólo la vi una vez: la compré, la vi, la presté, la perdí: no volvió. No la olvidé.
A Murphy el azar le depara una isla, un submarino alemán y un torpedo intacto con el que procurarse venganza.
No sé muy bien si a la historia se le puede inocular un aspecto metafórico, o de fábula, y condensar su interpretación en el empeño por cumplir a toda costa con un sagrado deber o en la obsesión denodada de un hombre por destruir a su enemigo. Quizás sean la misma cosa propuesta desde divergentes puntos de vista, aunque con un origen común.
El caso es que, sea deber o sea obsesión, Murphy termina hundiendo el dichoso submarino y lo paga con una muerte horrible.
Extrapolando términos, casi podríamos comparar esa película con la situación actual de nuestro señor Presidente y su submarino "Crisis" desde el que, no conforme con hundir cuanto queda a su alcance torpedero, además, despliega su sadismo absolutista rematando a quienes tratan de sobrevivir aferrados a una deleznable tabla. Su tenacidad irreductible -fruto de su fanatismo radical- de culpar a todos y a todo menos a sí mismo y la pertinacia con que en su alocado afán nos está depauperando ha llegado a ese extremo abominable.
El héroe destinado a enmendar el desaguisado, ya sabe lo que le espera.

22/05/2010

La recortada y el atraco


Hasta que el Gobierno no ha tocado al funcionariado -grupo incomprensiblemente privilegiado- la voz sindical no se ha oído. No sólo no se ha oído, sino que por los cinco millones de desempleados (y aumentando) sigue sin hablar. Su mutismo se debe, dicen algunas lenguas, a la ingente cantidad de dinero que desde hace un tiempo reciben injustificadamente de un poder ejecutivo cuyo interés mayor es mantenerlos en la beatitud de su particular égloga.
A diestra y siniestra asoman soluciones y atajos dirigidos, afirman, a solventar esta irreductible crisis en la que nos ha sumido la falta de criterio y la sinrazón de la arrogancia y la permanencia a toda costa en el adujamiento confortable de los sillones gubernamentales.
Llevo semanas, por no aludir a meses, oyendo disparates cuyo calibre resulta estremecedor. Ideas descabelladas, algunas, bajo las que late una clara intención de lucro personal. Pero, eso es otro capítulo. Ahora, el epicentro está enclavado en la necesidad imperiosa de resolver un problema. Así, quien más, quien menos, aporta su aliento impetuoso sin pensar en qué repercusiones tendría su propuesta en caso de ser adoptada. Hablar por hablar.
Una de estas últimas barbaridades es la de "eliminar" las Autonomías. El proceso autonómico es irreversible, al menos a corto plazo. Varias razones me inducen a sostenerlo. La primera es que ningún partido nacional renunciará al gobierno de sus "feudos"; los partidos nacionalistas no digamos. En segundo lugar hay que tener en cuenta que para suprimir el sistema autonómico, antes hay que reformar la estructura administrativa y aquí la bifurcación: si se mantiene el estatus de los funcionarios, ¿dónde y cómo se les reubica? Si se les desvincula -deduzco que muy generosamente con dinero público- de sus puestos, se enrolarán en el I.N.E.M. aumentando el problema.
Durante el "boom" de la construcción el excesivo enriquecimiento ha sido algo sólito. La cantidad de dinero negro que generó es, posiblemente, inimaginable. Intuyo que en las tácitas "recomendaciones" de la U.E. una es la de buscar ese dinero y sacarlo a superficie. Todos sabemos que no es tan difícil encontrarlo... aunque esté envuelto en papel de periódico como un buen bocata de sardinas. Dinero negro cuyo rastro también puede ser seguido en una buena parte de los "autónomos" que han conseguido, milagrosamente, un patrimonio sospechoso. ¿O hay alguien que aún no sepa lo que pasa cuando se avería la lavadora o se rompe una tubería? ¿Quién no conoce a un fontanero con chalet, cochazo, ..? No digo que sean todos: afirmo que hay muchos que durante años han defraudado, mentido a Hacienda, con una contabilidad falsa que les ha reportado beneficios notables. De algunos comerciantes que hicieron su "agosto" en la bonanza, ni qué hablar aunque ahora perjuren que están en la ruina.
Pero, claro, lo cómodo es centrar la vigilancia en aquellos que están "fichados", en pensionistas, parados con prestaciones, etc... Lo otro implica moverse, trabajar, y eso es duro.
La cuestión de las entidades financieras, mejor ni tocarla, no sea que en las próximas elecciones no les concedan los créditos que necesitan para las campañas; créditos que luego se pagan con fondos públicos dependiendo de la representación conseguida. Los bancos y cajas que sigan obteniendo beneficios y practicando la usura que, además, se les "ayudará" con dinero de todos. Y aquellos que han gestionado mal poniendo en un brete a los pobres clientes, que se vayan de rositas mientras siguen ejecutando hipotecas e iniciando procedimientos por dos letras impagadas.
Entre tanto, nosotros, en casita estamos mejor viendo lo bien que baila la gilipollas de la Esteban y ensalzando su ordinariez en la que, parece ser, nos vemos reflejados y de ahí la empatía.