28/05/2011

La decisión y la estrategia

No descubro nada nuevo afirmando que Rodríguez Zapatero es un megalómano imprevisible; que es voltario y errático. Sin embargo, a pesar de las muchas conjeturas autorizadas y pronósticos sólidos, yo estoy firmemente convencido de que su decisión -que no es suya- de no dimitir es la consecuencia lógica de un razonamiento elemental.
¿Por qué debe R. Zapatero mantenerse hasta el final, hasta agotar su legislatura?
Este presidente esta "quemado" y eso es, precisamente, lo que van a aprovechar desde el P.S.O.E. para evitar una catástrofe que puede ser mayor en tiempo de generales.
La situación que atravesamos no va a cambiar en los meses que quedan para las elecciones. Pero, en todo caso, cambiar ahora la presidencia del gobierno no es "razonable" para el P.S.O.E.
Si el gobierno actual consigue una mejoría (aunque sea leve) permitirá al candidato Pérez presentarse desde una posición algo más cómoda y anotarse algún que otro tanto electoralista.
No obstante los augurios son infaustos.
Si la situación no mejora, o empeora, lo mejor es presentar al candidato como una persona ajena a la debacle y responsabilizar a quien ha ejercido tan mala gobernanza. De este modo se difunde la idea de renovación, de la famosa catarsis.
La dimisión de Rodríguez pondría a su sucesor en una posición inquietante porque el candidato sería, además de heredero, responsable directo (presidente) en un gobierno que -a pesar de su brevedad en el puesto- fue incapaz de desplazar siquiera unos centímetros la crisis que nos apabulla.
Resumiendo: sí Rodríguez dimite ahora, hunde a su sucesor. Si Rodríguez aguanta, se le adjudica a él la responsabilidad y el P.S.O.E. "se lava" para los próximos comicios la cara... Y la calva.
Aunque va a ser inútil. Afortunadamente. De que sea Pérez el elegido -con lo que se le viene encima: un presente y un pasado voraces- hablaremos otro día.

20/05/2011

Desobediencia civil

Intento imaginar a todos estos "protestones del otro lado" apelando a la ilegalidad de los levantamientos ciudadanos en la Francia de 1.789.
<<¡Mon Dieu: esto es un ultraje! ¡Esto es intorelable! ¡Es ilegal!>>.
Me hubiese gustado verlos en sus tertulias y foros insultando a la chusma (la misma que ahora se concentra en plazas de toda España) hambrienta, sucia, desesperada, y tildándola poco menos que de convención de holgazanes y cónclave de salvajes.
En el fondo, todos seguimos siendo los mismos, con los mismos espíritus intactos a lo largo de los siglos. Unos, soportando, sufriendo, uncidos a la voluntad de los otros. Y esos otros, siempre, medrando a costa de los unos.
Como decíamos ayer, cada uno cuenta la feria a su manera. Hoy son esos otros, los de las pantallas y verbo fácil protegido los que se quejan amargamente y con indignación del trato recibido por algunos medios de comunicación por parte de algunos imbéciles. Sólo, en una batería permanente de imágenes repetidas y bien montadas, en un bucle eterno, se centran (no sé yo si interesadamente) en aquellos que les "atacan".
Lo cierto es que en todas partes cuecen habas y además es inevitable y forma parte de las reglas del juego. Lo más sorprendente es que esos medios que no permiten intrusiones discrepantes en su entorno se quejen y apelen a la libertad de expresión. ¿Por qué se quejan de algo que ellos llevan haciendo mucho tiempo?
Ayer, un energúmeno increpó a la reportera de Intereconomía y le remitió a las "portavocías" invitándola a no entrevistar a los ciudadanos. Bien: ése gilipollas no me representa ni creo que represente a ninguno de los paisanos que simpatizamos con la protesta civil. Y, ojo, ni los voceros tampoco. Hay un acuerdo básico entre ciudadanos; pero, cada uno mantiene su independencia social e ideológica y, por supuesto, su derecho a no estar de acuerdo con todo lo que salga de la infinidad de reuniones que se hagan.




No obstante, decía, no entiendo muy bien de qué se queja Intereconomía cuando han estado (y generalizo en la marca empresarial, como siempre, ante la imposibilidad de concretar y especificar) descarada y alevosamente manipulando la información a modo. Donde las dan, a veces las toman. Pero, quede claro, que nadie, NADIE, tiene derecho a conculcar la libertad de expresión y el derecho a informar, ni siquiera a Intereconomía, El País o Veo7.

19/05/2011

La puerta y el Sol

ada uno cuenta la feria según le ha ido. Acabo de oír a una periodista decir que aún no sabe el porqué del movimiento social que sacude toda España. Sí, toda España; porque la Puerta del Sol es sólo el símbolo, el centro, el punto de partida, por mucho que algunos políticos y periodistas pretendan ver lo que les interesa ver no por incomprensión del problema y de la magnitud real de la "indignación".
Es lógico que el sistema reaccione intentando eliminar todo aquello que pone en peligro su continuidad. Es lógico que los políticos -y sus medios- intenten desprestigiar y anular un movimiento social que puede -y creo lo conseguirá- acabar con unos privilegios ilícitos y con una estructura blindada concebida para perpetuar a una casta que ha convertido lo vocacional en profesional.
Si algunos aún no se han enterado, yo (humildemente) se lo explico.
El "movimiento de indignados" es un compendio de personas de todas las procedencias y de todas las opiniones-ideologías hartos de UN SISTEMA CORROMPIDO, no del sistema democrático. Sí surge espontáneamente; pero, es elemental, que paulatinamente vaya conformando una estructura de la que carece en su primer vagido. Sobre todo porque es una necesidad a cubrir que permite la difusión y una cierta coherencia; porque lo que a ellos les gustaría es la ausencia absoluta de cohesión (divide et impera) para poder eliminarlo más fácilmente. Aunque la explicación es más sencilla: ¿cómo puede estar estructurado y tener un programa -es lo que solicitan con cierta acritud e insistencia y como argumento de peso algunos políticos y periodistas- lo que es una mezcla de gente cuyo único punto en común es el desencanto? ¿Soluciones? ¿Por qué, si lo primero que hay que cambiar es lo que se pide: el sistema depravado en que han convertido la democracia? ¿Qué ha surgido de la izquierda, o de la derecha? ¿Y qué? ¿Eso le resta legitimidad a una reclamación justa? ¿O es que quien votó o simpatizó una vez con el P.P. o con el P.S.O.E. o cualquier otro partido ha de seguir siendo vasallo y cautivo de ese voto, de ese partido, de esa opción sin poder ya nunca más cambiar de opinión y, por lo mismo, callar siempre y condescender ante los atropellos que perpetren? ¡Pero si eso es lo que se quiere erradicar! ¿Qué es eso de "comparto sus inquietudes y lo que piden pero esa no es la forma"? ¿Cuál es la forma, seguir soportando en silencio y continuar permitiendo la tiranía bipartidista que no permite críticas, que no admite ningún mecanismo de defensa de la ciudadanía frente a los abusos de los poderosos? Alguien, ayer, descolgó que el sistema se cambia desde dentro. ¿Y no es lo que se está haciendo? ¿No se está actuando desde el verdadero sistema y no desde el sistema impostor al que nos han encadenado? ¿Cambiarlo desde dentro de los partidos? ¿Por qué? ¿Desde cuándo es imperativo pertenecer a una "formación" para ejercer un derecho muy superior al de asociación? Más si tenemos en cuenta que desde dentro de los partidos y sus disciplinas, no se puede cambiar nada; ¿o alguien cree que es llegar y besar el santo sin oposición ni zancadillas? La sarta de sandeces expuestas estos días tratando de desacreditar al movimiento fraguado es colosal. Más cuando el ultraje permanente está aventado por una vena autoritaria y el miedo a perder las prerrogativas ilícitamente obtenidas. Si no, ¿a qué tanto ataque? ¿O es que la libertad de expresión sólo la pueden ejercer los políticos y sus medios?
El movimiento ciudadano se asienta en una premisa fundamental: recuperar una democracia que nos ha sido hurtada descarada e impunemente. Lo vemos cada día. Cuando comprendan algo tan simple, puede que empecemos a poder hablar. Aunque la evidencia es testaruda. La resistencia de los poderosos y su empeño en borrar de la haz del país a los "indignados" es muy ilustrativa. Y la verdad es tan clara como concisa: todos aquellos que a lo largo de estos días reconocen que el sistema contiene errores de base pero no quieren cambiarlo, protegen a quienes están asentados en los poderes; aquellos que reivindican lo mismo pero con la boca chica del populismo y no se suman de facto a la propuesta que dicen compartir es porque están cómodos en ése sistema y por lo tanto son sus cómplices. Tanto como quien ve cometer un asesinato y no lo denuncia. Quién defiende un sistema corrupto es un corrupto. Lo demás es buscarle tres pies al gato. Seguirán torpedeando el levantamiento apelando a los cuatro subnormales -enviados por quien sabe quien- violentos que hay entre la mayoría "normal". Argüirán, en función de aquellos que no respetan -aleccionados por sabe Dios quien-, que el levantamiento es una congregación de antisociales (no sé dónde ven lo peyorativo de "antisistema") y tejerán un sinfín de mentiras, manipulaciones y artimañas más destinadas a envilecer una causa que ellos no comparten y por eso, entre otras cosas, les molesta. Todo porque lo que hay en toda España es su PUERTA y su fin y nuestro SOL y nuestro principio, el de ciudadanos libres con resortes para defender una democracia verdadera; es el tiempo de una nueva época que poco a poco -lamentablemente despacio- cambiará un estercolero por un paisaje limpio y fértil.

18/05/2011

Vuelva usted mañana... O dentro de tres meses

Escribir en España es llorar, que dijo el trongo. Pero, bregar contra la marea burocrática de las administraciones es llorar, patalear, desesperarse y agonizar.
No sé a qué llaman ventanilla única ni para qué sirven las bases de datos y la centralización documental informática si el ciudadano debe seguir peregrinando de parroquia en parroquia buscando, y aportando, una documentación que las sedes administrativas ya (se supone) tienen. ¿Para qué, entonces, los ordenadores? Pues, hombre, para jugar al solitario, para chatear y para mandar recetitas a la suegra. Eso sin contar que la ingente cantidad, exagerada, que hay que llevar de papelotes recabados en una gloriosa carrera de obstáculos y resistencia que termina, no siempre (todo hay que decirlo), frente a un amargo funcionario mosqueado de entrada porque le has jodido la interesantísma lectura del Marca.

17/05/2011

Antisistema

na buena porción de medios (y enteros) de comunicación llevan tiempo extendiendo -intencionadamente- la especie del antisistema como ser violento rechazador del orden establecido, carente de valores morales, holgazán y un rosario largo de calificativos denigrantes. Para esa gente lo antisistema es un crisol en el que se amalgaman perroflautas, anarcos, ninis y otros desahuciados del gremio de los socialmente incorrectos. En su concepción de las cosas no entra un antisistema encorbatado, con traje dos mil de sastre que lo distinga de la más popular y humilde marca ACME y despacho en la zona noble de la ciudad. Tanto es así que el único análisis que han sido capaces de extraer de los últimos eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa es una romería de titulares tan inexactos como escorados. Se han centrado en una algarada (quizá la única) salpicada de dudas sobre sus promotores y protagonistas obviando a todos cuantos acudieron a la concentración como lo que eran: desempleados, pensionistas, estudiantes, amas de casa, ciudadanos libres y hartos del fraude, de la manipulación constante, de la tiranía solapada impuesta por un sistema incongruente. En dichas movidas habría punkis probablemente, rameras probablemente, jaques irreverentes probablemente...¿Y qué? También tienen dignidad, derechos y criterio. Pero, también hubo trabajadores aunque no quisieron verlos, también hubo curas estipendistas aunque no quisieron verlos, también hubo médicos, profesores, funcionarios, agricultores, trujamanes de sánscrito o comerciantes aunque no quisieron verlos. Todos alentados por un objetivo común, lícito y justo. Esa mayoría quedó invisible (para ellos) gracias a su obtusa -nula- capacidad interpretativa o a su voluntaria sandez sumisa, apriscada.
Cada uno ve lo que quiere ver o por lo que le pagan que vea. Antisistema fueron los resistentes al régimen franquista o los opositores a Hitler, Stalin o Papá Doc. Antisistema son los enfrentados a Castro, Chávez u Obiang Nguema. Antisistema son los que, parapetados tras sus vulnerables pechos, salen a las calles ismaelitas reclamando democracia. Y los rebeldes del 15 M (y 16, 17, 18...) también lo son, lo somos, porque pedimos legítimamente la demolición de una configuración viciada y corrompida para consolidar, nada más y nada menos, algo tan descabellado como el cumplimiento -entre otras cosas- de una Constitución vigente y vejada constantemente, cuando no socavada, y la modificación de las normas que impiden la aplicación de aquella. ¿Sorprendidos, señores "anal istas"? Y todo porque los verdaderos antisistema son los políticos, los banqueros, los mercanarios del enriquecimiento ilícito en todas sus versiones; porque los genuinos antisistema son los jueces y fiscales dedicados al cohecho y a la prevaricación; porque los auténticos antisistema son todos aquellos cuya misión y función es velar por los intereses y derechos de la ciudadanía y su progreso y no lo hacen sobornados por los poderosos. Esos sí son los antisistema y a esos hay que combatir. Esos, como los periodistas de crónica consignada y anfibología barata; esos, como los maestros de cátedra dirigida; esos, como los sindicalistas aleccionados y "simoníacos" son los que incumpliendo el sistema van contra él; esos, como las grandes empresas que vulneran la ley o se la inventan impunemente ensanchando sus beneficios a costa de trabajadores y usuarios; esos, como los que viven del parasitismo ministerial, el amiguismo y la dádiva por afinidad. Todos esos, y los que se me olvidan, son los antisistema. Porque el sistema parte de unas cláusulas que ellos no respetan y que son las que el ciudadano, en ejercicio de su soberanía, debe recuperar e imponer.

16/05/2011

Nos comeremos las papeletas

Inmoral. Eso es lo más suave que se me antoja.
Abro el buzón postal y está pletórico de sobres rellenos, como hinchados pavos navideños, de papeletas electorales. Como estímulo para quien sólo recibe avisos del banco y otras fuentes estafadoras estaría bien (por eso del cambio y la novedad) si no fuera porque con la que tenemos encima la platita que se han gastado, y cuya factura nos repica luego a nosotros propios, bien la podían haber invertido en algo más productivo y solidario.



El envío a domicilio de las papeletas me parece un acto abominable y absurdo. Un gasto superfluo que mal está en la bonanza y que está mucho peor cuando hay familias sin ingresos, sin más opciones que el hambre y la búsqueda derramada en los cubos de la basura. Que estén imponiendo mermas y anulando ayudas mientras dilapidan (porque lo dicen ellos y sin contar con nadie) un dinero de todos es repugnante y perverso. Que pidan austeridad mientras (ellos comen con cinco tenedores y duermen bajo cinco estrellas con nuestros fondos) derrochan a espuertas un dinero que podría alimentar familias, pagar hipotecas o evitar cortes de suministros, es abyecto: eso si es abyecto, señor Pérez; eso sí es el colmo de la vileza.
No sé cómo quedará una ensalada de papeletas electorales en el bol. La supongo amarga. Sin embargo, a quien no tenga otra cosa más a boca, se la recomiendo siquiera para engañar las hambres.
Nuestros políticos han sobrepasado con mucho la línea que protegía nuestra dignidad. Han sobrepasado muy de largo la franja de la honradez porque se saben invulnerables, intocables en el olimpo del que nos negamos a expulsarlos empujándolos al vacío eterno. Su descaro, su impertinencia, su desvergüenza, han disuelto cualquier atisbo de honestidad en ellos y nuestra estupidez y cobardía, hacen el resto. Dejémonos engañar una y otra vez, excúsemonos y excusémosles y en estas elecciones nos comeremos las papeletas; en las próximas, ya veremos... La hierba de los parques. Y entre tanto, que gasten, que gasten.

Eppur si muove

No me sorprende que los dos grandes partidos, tan pagados de sí mismos, hayan dejado pasar la oportunidad de ganar para sus causas a toda la muchedumbre indignada y disconforme que ayer tomó las calles españolas. No me sorprende porque ni han calibrado bien el impacto del movimiento social ni han asumido, en su perversa arrogancia autoritaria, que fuera de sus universos decadentes pudiera haber vida política. Pues, la hay.
Muchos fuimos los que, a través de la red, plantamos semillas que han empezado a germinar. Como yo, creo que la mayoría lo hicimos convencidos de que servíamos en bandeja una utopía y nos reconciliamos con la idea de que, al menos, nuestra reacción indignada quedaría como un lícito desahogo venial más que como un reclamo a la masiva impugnación y reprobación de "nuestros" políticos. Nos equivocamos. La idea germinó y cobró vigor en lo que parecía un erial, un campo yermo avezado al estatismo.
Ayer la ciudadanía salió a las calles. Gentes de todos los caletres y condiciones unidas por un lema trascendente a sus ideologías, aliadas en una causa común.



Alguien debería haber tomado nota de lo que se les viene encima. Porque no son sólo las personas que ayer exigieron la restitución de las parcelas democráticas expropiadas por nuestros políticos, banqueros, sindicalistas, etc... No sólo son las personas que ayer, dando un paso heroico al frente, dejaron el eco de un clamor ensordecedor pidiendo la restauración de derechos, de la ética más elemental, el derribo de una estructura corrompida, desleal y abusiva. Son, también, los millares de conciudadanos que no estuvieron presentes pero que, llegado el momento, actuarán en consonancia y consecuencia con éste -relativamente- pequeño "Solidaridad".
El caudal indignado ha roto los primeros diques de contención, las primeras defensas y reticencias. Poco a poco, pero consolidado, avanzará hasta esos muros que los políticos y los "poderosos" creen inexpugnables y también los delendará.
Tengo esa esperanza; la de que haya empezado algo imparable capaz de enfrentarse a los poderes establecidos y capaz de modificar las estructuras. Capaz de conquistar para los ciudadanos mecanismos de defensa contra las aberraciones y vejaciones de que somos diana. Y tengo la esperanza de que, en su desconcierto, los dirigentes políticos, los usureros, los jueces y fiscales, los intermediarios, los constructores y hasta los curas simoníacos si hace falta, se den cuenta de que el mal no está sino que el mal son ellos, el "ellos" de carne y hueso que ha sido desenmascarado definitivamente, que lo sabemos y que vamos a empujarlos sin piedad, que vamos a galopar hasta enterrarlos, para siempre, en el mar.

15/05/2011

El voto inútil

ay que pensárselo, sí. Como también hay momentos en los que prima tomar una decisión.
Rara vez en un país "democrático" es la mayoría ciudadana real la que toma las urnas. Casi siempre, lo que prevalece es el absentismo electoral, el desentendimiento por indolencia, por desencanto, por inconformismo o por indecisión.
Inhibirse de la decisión es un derecho, no cabe duda. Pero, también es una opción inútil cuyo resultado (lejos de ser estéril o aséptico) puede ser más perjudicial que beneficioso y, desde luego, en ningún caso neutral.
No involucrarse en la elección de quienes han de "representarnos" puede comprenderse como un acto de fe o incluso de rebeldía. Si embargo, y como excusa meritoria, tiene también sus límites. En condiciones "normales" -cuando los políticos son honestos y buenos gestores en general; cuando la nación progresa adecuadamente; etc...- incluso sería comprensible porque no afectaría al curso razonable de las cosas.
La situación que atravesamos en la actualidad es otra, es "anormal" y muy crítica. Una situación que impone un cambio radical en las estructuras política, económica, judicial, laboral, cultural y social que sólo puede conseguirse con la participación activa y masiva de todos. No hacerlo, no implicarse, parapetarse cobardemente tras cualquier razonamiento, es traicionar a todos cuantos alientan e impulsan su desigual lucha contra el sistema establecido, aberrante, corrupto y cruel, que quienes lo dominan (unos farsantes e indecentes) en la actualidad fomentan y quieren perpetuar. Sí, serán cómplices como lo son todos aquellos que sostienen al hato de ladrones que, de una u otra forma, nos gobierna.
Y, ¿cuál es la alternativa?
Pues, cada uno, tiene que encontrar su clave. Lo que a mi me vale es sencillo.
Votar a los dos grandes partidos es prorrogar indefinidamente un estado de incomprensibles privilegios para todos aquellos que nos someten, nos devalúan y nos postergan.
Mi solución, por tanto, es votar a partidos que estén fuera de ése ámbito irrespirable por hediondo. ¿Y por qué? Porque lo importante es apearlos del poder, discriminarlos, y colocar a otros que llegarán con la certeza de que la "bestia" soberana ha despertado y ha recuperado su poder legítimo; llegarán con la certeza de que sus "escaños" son inestables y quedan a merced de los administrados quienes en cualquier momento pueden, ejerciendo sus recuperadas facultades, deponerlos y exigir una responsabilidad que ahora brilla por ausente.
El "todos son iguales" que unos usan para escaquearse y otros para escudarse en la decisión de renovar su "confianza" a los suyos de siempre apoyándose en una falsa ideología inexistente es fácilmente desmontable.
Primero porque no es cierto. Segundo porque, ¿cómo lo saben? ¿Quién se lo ha dicho? Y tercero porque sí no se vota por esa "razón", más motivo para buscar una solución en la que no estén presentes quienes provocan la desconfianza; si se vota a los mismos, entonces se está admitiendo que conscientemente la pretensión es mantener a unas castas concretas. Eso indica que quien lo hace carece del más elemental atributo ético y moral; luego, es un sinvergüenza como aquellos que espera le representen.
Hay que tomar una decisión. La decisión, desde mi perspectiva, acertada es votar y hacerlo a aquellos que ahora tienen escasa o nula representación. Si acceden al poder y hacen bien la tarea que les hemos encomendado por delegación, habrá que premiarlos. Si acceden al poder y no hacen nada por cambiar la situación o se conchaban entre ellos para obtener prerrogativas personales o partidistas y no el beneficio común, entonces, en los siguientes comicios habrá que defenestrarlos; y así una y otra vez hasta que los ciudadanos consigamos no sólo una verdadera democracia, sino recaudar el estatus que nos corresponde: somos los jefes... Y no al revés.
Yo ya he tomado esa decisión. Me decanto por UPyD. No obstante, si alguno de los muchos miserables mamporreros de los dos "grandes" partidos quiere entablar debate... Heme aquí.


Esta vida miserable...

Visitar esta vida, la que a mi me ha tocado en suerte, no ha sido (ni es) agradable. Haciendo un somero balance, lo más destacable es que en su mayor parte -de la parte vivida, evidentemente- es que el tiempo se ha consumido en remordimientos, desencantos y desconciertos, y en una absurda y devoradora desorientación. Los alicientes y la ilusión no han sido sino espejismos volanderos, torpes estímulos de la confusión.
Sí, porque, ¿cuál es el sentido de todo esto? No es lo peor el estar confinados en una pequeña bola de polvo cósmico irrelevante en una inmensidad abrumadora. No. Lo peor, de momento (porque todo puede siempre empeorar) es que hemos aprendido mucho sin avanzar nada. O, quizá, al revés: hemos avanzado mucho sin aprender nada.

14/05/2011

El experimento

l argumento es sencillo. Un científico (o un grupo, da igual) decide hacer un experimento. Coge cuatro monos -no tres ni doce, aunque puede ser una cantidad aleatoria, asignada al azar. Los confina en una amplia habitación de la que no pueden salir aunque pueden disfrutar de una amplia gama de distracciones con las que sentirse "realizados" y moderadamente satisfechos de su existencia trivial. El científico deja a uno a su "libre albedrío", abandonado a su instinto. A los otros los estimula intelectualmente pero no con la misma intensidad ni dedicación hasta que cada uno de ellos consigue "pensar" por sí mismo y procurarse la forma de seguir progresando. Uno de ellos lo hace y avanza mientras los otros entran en una fase de conformismo que les permite llevar una vida tranquila. El mono ignorante busca constantemente comida y duerme. Los "normales" se organizan y realizan las tareas que se han impuesto a sí mismos no sin cuchichear en los rincones y quejarse amargamente de cuánto más felices serían si alguien les abriera las puertas de aquel claustro y de cuán tirano es el científico contra quien no quieren rebelarse pese a que le culpan -con razón- de su confinamiento. El más "evolucionado" recuerda que ya buscó la complicidad de la sociedad simiesca para huir de allí y que todo fue en vano y piensa; sin embargo, cuanto más piensa, más comprende que nunca podrá salir de ahí, que nada va a cambiar, y se va hundiendo en una razonable y lógica angustia para la que inventa un nombre: desencanto. Cada vez más triste, opta -ya muy cansado- por abandonarse, por fijar la mirada turbia de la locura en un punto lejano y fijo del horizonte imposible y espera a ver pasar su propio cadáver...
Cuando me apetezca doy un repaso; no para mejorarlo porque un mediocre no puede mejorar nada. Pero, a lo mejor, puedo corregir algo.